Thursday, October 17, 2013

¿y si todo esto fue una primavera?


"Todo bajo el cielo está en caos total; la situación es excelente."
- Mao Tse Tung
Noviembre de 2010. En un acto por Mariano Ferreyra organizado en Plaza de Mayo por el PO (ya militaba en el kirchnerismo, pero sentí que tenía que ir) vi esta bandera.


En efecto, política hubo siempre, y pibes militando también. Incluso durante la dictadura militar, incluso en el alfonsinismo, incluso en el carnaval carioca del rífese todo del menemismo, siempre hubo pibes militando. Habría que pensar, entonces, las diferencias cuantitativas y cualitativas entre los momentos.

Lo cuantitativo, así a ojo, parece incremental. Después de el aniquilamiento de una generación militante (más bien dos o tres juntas), en los 80 se militaba poco, en los 90 se militó mucho más, y en esta década sumamos a lo loco. No sólo el kirchnerismo, claro. Todas las fuerzas políticas populares y/o de izquierda que supieron leer las formas de reconfiguración de la sociedad posconvertibilidad engrosaron sus filas . También habría que leer el crecimiento de la militancia en el PRO, por ejemplo, como una expresión de lo mismo. Tenemos una democracia más fuerte y más intensa. Bienvenido sea. Ahora a lo cualitativo.

¿Qué queremos decir cuando decimos que Néstor y Cristina nos devolvieron la política? Si ya había militancia, aunque mucha menos. Si ya había comedores, centros de estudiantes, comisiones internas, ¿qué fue lo que nos devolvieron? Ahí el cambio es conceptual. Nos avivamos que la militancia política puede plantearse objetivos y lograrlos. Que se puede salir del goce estético de la resistencia y apostar al caballo vencedor. En democracia, en el marco de la democracia liberal que heredamos, se puede torcerle el brazo al capitalismo salvaje. Quizás no del todo, quizás sólo temporalmente, se puede. Aprendimos que se puede ganar. Si hasta el Partido Obrero se presenta a elecciones, y se desviven por sacar uno o dos legisladores...

La muerte de Néstor fue, para nosotrxs, nuestro peor y nuestro mejor momento a la vez. A partir de ahí, tuvimos nuestra propia primavera política. Fue la "primavera kirchnerista". Inaugurada paradójicamente en el momento de mayor dolor, fue también el momento de mayor claridad política. Por eso la campaña presidencial fue tan sencilla. La fórmula era: CRISTINA = PUEBLO, ¿y quién podía discutirlo?

Una primavera política tiene, se me ocurren, dos componentes. El primero es la sensación de que todo es posible; eso que para nosotrxs fue la "profundización del modelo" de las discusiones del 2011 y que se sintetizó en las palabras vamos por todo. ¿Qué transformación no podíamos encarar? ¿Qué corporación podía frenarnos? Estábamos ganando la "batalla cultural". Incluso leímos con cierto placer a Beatriz Sarlo diciéndonos: "ustedes, el kirchnerismo, construyeron hegemonía". Y nos la creímos eh. Ese 54% era monumental, histórico, comparable únicamente con Yrigoyen, Perón, Cámpora, Alfonsín. La historia nos atravesaba.

Entonces acá va el segundo componente de toda primavera política: se acaban. Las primaveras pasan. Algunas duran 49 días, otras duran dos años, pero tarde o temprano llegan a su fin. Se van yendo, de a poco, hasta que un día no están más. Y te dejan un saldo y un compromiso.
No estoy seguro de que se haya acabado nuestra primavera. Después del 2009 entendimos que pedir la hora antes de tiempo es un grave error político. Pero por un segundo supongamos que sí. Hagamos el ejercicio.
¿Cuál es el saldo de nuestra primavera para la militancia? Fundamentalmente, creo que ya no somos lxs mismxs que éramos antes. Cambiamos: aprendimos a patear un barrio, leímos algunos libros, nos equivocamos, acertamos, nos peleamos, rompimos con un espacio, nos sumamos a otro, jugamos internas, operamos, nos operaron, hablamos de menos, hablamos de más, repartimos volantes, pintamos banderas, discutimos una y otra vez sobre el peronismo, nos ligamos alguna trompada, nos comimos el frío, la lluvia, las actividades que no convocan ni un sólo vecino, las que explotan. En fin, somos otras personas. Además somos un montón, y estamos organizadxs. Bien o mal, pero organizadxs.
El compromiso ahí está. Es hacerse cargo, ser fieles a nuestras convicciones, a aquello que vivimos en esta primavera que quizás se termine o quizás no. Las cosas ya no van a hacerse solas. Tendremos que desnaturalizar el "se sumó un compañero nuevo" o el "se abrió una nueva básica", para recordar que el poder popular lo construimos de a cachitos, y que la política es más que "bancar", que un cantito o una pintada de banderas.

En la vida hay que elegir, y después hacerse cargo. Elegimos la política, elegimos el peronismo, elegimos a Néstor y elegimos a Cristina. Ahora hay que hacerse cargo. Es cierto que muchxs de nosotrxs jamás nos imaginamos, allá por nuestra adolescencia, que íbamos a elegir todo esto. En esa época, creíamos en la utopía de Galeano, que está lejísimo en el horizonte, y no acá y ahora. Leíamos con nostalgia de los 70s, del Che, de otras primaveras pasadas. Jamás se nos ocurrió que tendríamos una propia. Y sin embargo la tuvimos, la tenemos.

Acá estamos. No nos vamos a ir si recién estamos llegando. Nuestro mayor enemigo hoy lo tenemos adentro y es el melancokirchnerismo (aparentemente el concepto ya ha sido acuñado). Sentir que todo ya fue, que estamos de salida. Sí, compañerxs, quizás se acaba la primavera, pero no se acaba la historia, ni la política, ni el kirchnerismo. Sino escuchen a Cristina hablando con Rial, explicándole que el kirchnerismo es más que dos personas, es una postura ideológica, una serie de conquistas, un movimiento histórico, un proyecto político que perdurará.

Yo entiendo a lxs melancos. Entiendo a lxs nostálgicxs del 2011, del 2009, del 2007, del 2004. El panorama está complejo. Sin re-re, con Massa sumando votos y voluntades conurbanas, con Scioli y la tirita naranja en la campaña de Insaurralde, el radicalismo posicionándose en el interior, las reservas que caen y los fondos buitres que acechan, la Corte lejos de darnos nuestro 7D, y este extraño período entre el 11A y el 27O que no sabemos bien como leer. Todo bajo el cielo está en caos total.

Sin embargo, aquí estamos, y lo vemos venir. Una primavera entera estuvimos, sin saberlo quizás, preparándonos para este momento. Y tenemos con qué. Aprendimos, nos curtimos, nos organizamos, construímos. Ahora nos toca salir a la cancha, en serio. La situación es excelente.



Monday, August 19, 2013

(in)definiciones

  • El peronismo siempre desbordó a Perón, siempre fue más. El kirchnerismo no desbordó, aún, a sus (dos) líderes, ni hay indicios de que lo haga en el futuro cercano.
  • El kirchnerismo es ideológicamente mucho más claro de lo que unx pueda creerse, por mucho John William Cooke que leamos. Acá hay capitalismo en serio y nada más. Eso, quizás (pero sólo quizás), en este mundo de hoy, sea revolucionario.
  • "Peronismo" ante todo es una palabra política. Designa a veces un sistema político, a veces un partido, otras un aparato, una liga de gobernadores, etc. Muy de vez en cuando puede designar una ideología, aunque casi nunca; y siempre, siempre, siempre remite a una identidad.
  • En este país, decir que unx es peronista es decirlo todo, y a la vez, es no decir nada.

Friday, August 16, 2013

soviets y electricidad



Alguien dijo, ya no me acuerdo quién, que en las PASO del domingo lo que había sido derrotado era la "política en tanto conflicto". Las ondas de amor y paz de Massa, la campaña de sonrisas y abrazos del macrismo, la interna "light" de UNEN, los chorizos de Binner. Ganó el Sri Sri. Incluso la estrategia de Insaurralde en la Provincia de Buenos Aires tuvo mucha cloaca y poco Barone. Mucho Scioli y poco Kunkel.

Desde el 2008, ya van 5 años, que hemos encarado este camino de la política como conflicto, el amigo/enemigo, las grandes batallas contra las patronales, los medios hegemónicos, la corporación judicial, y así seguimos. Digo 2008 porque ahí se inaugura la batalla discursiva. Nestor y Cristina siempre batallaron contra grandes intereses, pero a partir de la 125 hubo que explicitarlos ante la ciudadanía, hacerla partícipe, demandar militancia, compromiso, tomas de posición: "en la vida hay que elegir".

¿Cuánto conflicto puede tolerar una sociedad? En un principio, si pensamos en nuestra turbulenta historia política, veremos que la Argentina se la banca contra viento y marea. Pero una cosa es bancárselo, y otra es elegir el conflicto. Quizás la dimensión más trágica del kirchnerismo es subirse al ring a dar batallas en las que tiene todas las de perder. Contra Magnetto, contra el Poder Judicial, contra la SRA, por momentos, mirando 678 y con el 54% en la mano, parecía que ganábamos, pero no ganamos. Ni hay indicaciones de que vayamos a ganar.

Quizás la sociedad pueda tolerar conflictos, pero espera que los resolvamos, en un plazo razonable, y que luego vengan los beneficios. Las "más voces" de la Ley de Medios, la "Justicia más cercana" de su democratización, la "defensa del agro nacional contra el monocultivo" de la 125. Todavía no se lo dimos. No porque no quisiéramos, pero eso a quién mierda le importa. La batalla cultural se puede perder. Seguimos atrapados en la tesis/antítesis hegeliana. Nos falta la síntesis, esa que Massa dice que tiene (y miente). Y es muy probable que no la consigamos. O habrá que ver qué dice la Corte sobre Clarín.

De cualquier modo, esto es lo que somos. A esta altura no vamos a aflojar en los conflictos. Sino seríamos radicales. Muchas gracias, pero no.

Entonces, ¿qué nos queda? Nos queda la electricidad.

Recordemos aquella famosa fórmula pronunciada por Lenin sobre la revolución: "Soviets y electricidad". La política, entonces es eso. Conflicto y gestión. Si vamos a "profundizar" el conflicto, entonces habrá que profundizar la gestión también. Porque en recesión económica a nadie le interesan las andanzas de Magnetto y Ernestina, ni la batalla cultural, ni la revolución permanente.

Empecemos por ahí.

Monday, May 20, 2013

Te resumimos Laclau en 16 pasos (o por lo menos lo intentamos)


Hace casi tres años que existe este blog, y desde el día uno que tiene como música de fondo la teoría política de Ernesto Laclau, un paladín nacional-popular que navega las aguas del posestructuralismo académico europeo y hasta le gana algún que otro debate a los rockstars de la filosofía contemporánea.

Ya era hora de plasmarlo. Como referencia interna del blog y pa quien le sirva una introducción a "La Razón Populista" (2004), el argumento, creo, va masomenos así:

1) En la sociedad hay demandas. Demandas sociales. De todo tipo, más allá de si son legítimas o no. Existen. Movilizan fuerzas, potencias, cuerpos. Son el sustrato de la política.

2) Un Estado, un gobierno, puede atender o desatender esas demandas, que cambian constantemente, que incluso pueden ser antagónicas entre sí (un sindicato petrolero y un grupo ambiental pueden pensar muy distinto sobre qué hacer con los yacimientos de Vaca Muerta).

3) Para atender una demanda, no basta con solo proclamarse a favor de la misma. Hay que entenderla, estudiarla en sus detalles, y encontrar una forma institucional de responder.

4) Una serie de demandas sin atender institucionalmente por un gobierno--un bloque hegemónico, podríamos decir en los términos de Antonio Gramsci--pueden comenzar a nuclearse entre sí. Laclau va a decir que pueden construir cadenas de equivalencias. O sea, cada demanda es equivalente a la otra, y el tamaño de las cadenas puede ser tan grande como la cantidad de demandas sin atender.

5) Ya dijimos que las demandas pueden ser antagónicas entre sí--a Laclau no le gusta hablar de contradicciones. Entonces, ¿cómo hacen para juntarse, para equivalerse? En concreto, cómo pueden estar el Sindicato de Camioneros y la Sociedad Rural del mismo lado?

6) Si el contenido de esas demandas es potencialmente incompatible, Laclau va a decir que lo que va a generar esas equivalencias van a ser los símbolos de las demandas. Las banderas, las frases, las camisetas, los slogans, las víctimas.


7) En términos lingüísticos, estamos hablando de la diferencia entre significado y significante en la composición de un signo. Una cosa es lo que queremos decir (el significado), y otra es la palabra, el gesto, la imagen que usamos para decirlo(el significante). Las cadenas de equivalencias se construyen en el nivel de los significantes.

8) En estas cadenas de equivalencias, la capacidad de ordenar, de nuclear, de centralizar esa infinidad de demandas, ocurre cuando un significante es capaz de significar a toda la cadena. Es decir, un significante se vuelve hegemónico.

9) Para volverse hegemónico, ese significante debe vaciarse--o más bien, tender hacia vaciarse. Debe desprenderse de su particularidad, debe distanciarse de su significado propio para poder significar a la cadena entera.

http://discoursology.files.wordpress.com/2008/09/laclau_2005_p130.jpg
En este caso, Ts es el zarismo ruso, y la D1 se vuelve un significante vacío.

10) Así, los "significantes vacíos" son la clave de la hegemonía. Y no hay mejor significante vacío que el nombre del líder.

12) La palabra "Perón" en 1973 significaba para cada sector una cosa distinta. Por eso podía manejar la política desde Madrid. Cuando volvió, ese significante empezó a llenarse, y ahí se pudrió todo.

13) El momento de la hegemonía de un significante en una cadena equivalencial es para Laclau el momento político

14) El momento político es el opuesto al momento institucional. En el momento institucional, lo que prima es el contenido de la demanda, su especificidad, su diferencia. En el momento político, lo que prima es la igualdad de esa demanda a cualquier otra; su diferencia se diluye en las cadenas.

15) La aspiración de un significante hegemónico es la totalidad, que es volverse el significante de toda la sociedad, del pueblo. 

16) El populismo es la política misma, sin más. 



Sunday, May 19, 2013

seguimos con esto de las fracciones de clase

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi_tDoYGCI6NAiEtHRptdtNHj52fJxrT4IJj8HU2TCrRYUw19Ao5qYRnlerEJV1ZKC6c6gvyGTEgxc6W1C7j8FB28BzV2PJEusJoWVbV-zaIuAomLIK-6w-YH1HO7vcwB524MD0VHu9iNPM/s400/d+elia-critica.jpg
Hablábamos acá de la pregunta por la alianza de clases (o fracciones de clase) que sustenta el/al kirchnerismo. Hoy cambiamos un poco el eje y pensamos en las clases dominantes; en particular, en lo que podríamos llamar la "oligarquía" rural. Parece que ya no son tan oligárquicos ni tan rurales, pero ahí están.

En "Los Cuatro Peronismos", libro de interpretación marxista, Alejandro Horowicz dice, en uno de sus momentos más tremendistas, que la historia argentina podría reducirse a la historia de la renta diferencial de la tierra. Va la cita:

"Y allí reposa condensada en una sola frase la tragedia de la historia argentina: los terratenientes son su clase nacional. Son lo suficientemente nacionales para impedir que la sociedad argentina constituya un enclave colonial, pero no son lo suficientemente nacionales para impulsar un país independiente. Por eso es posible sostener, epigramáticamente, que la historia argentina puede reducirse a la historia de la consolidación del dominio terrateniente. Más aún, a la historia de la renta del suelo" (1985, p.16)

 Quizás puédase. Lo que es cierto es que la década menemista vio casi desaparecer a la figura de la oligarquía terrateniente. Apesar de que se diversificaron y sostuvieron algunas palancas del poder político, vender cereales no garpaba en los 90s. O por lo menos no garpaba 500 dólares con un cambio flotante a 5pe (ponele que 3 con retenciones).

Entonces llegó el milagro. Devaluación, boom de la soja, China que explota, Brasil que se expande. Básicamente ahí está el argumento del "viento de cola", que también puede ser expresado en formas más sofisticadas y críticas de mano de Maristella Svampa como el "Consenso de los Commodities". Léase: consenso nuevo que viene a reemplazar al "Consenso de Washington". A la misma hora por el mismo canal.

De 2008 para acá, Mesa de Enlace, leche derramada, tractorazos, huevazos, clima destituyente, votos no positivos, Biolcatti, toda la artilleria gauchócrata. Pero atenti, que escuchar a Etchevehere en los medios y creerse que esa es la verdadera expresión de la oligarquía sojaexportadora es meterse un gol en contra con las manos. Esos son los voceros, los que intervienen en el debate público y operan desde las pantallas y las páginas de los diarios. Los grossos en serio, cuando hablan, dicen otras cosas.

A propósito, dos entrevistas para leer y reflexionar. Imperdibles las dos:

Por un lado, esta crónica de Anfibia que hicieron Gabriela Mochkofsky y Alexandre Roig retratando a Gustavo Grobocopatel.

Por otro, una larga entrevista de la Revista Crisis a Hector Huergo, capo de Clarín Rural y ExpoAgro, que incluso lo bardea a Grobo en una parte.
http://www.revistacrisis.com.ar/el-tecnocrata-mesianico.html

Y como siempre, nuestro sentido homenaje a Luis D'Elía que, como nosotrxs, se caga en la puta oligarquía.

Salú!


 

Friday, May 10, 2013

la lucha de clases no existe, pero que la hay la hay...



Esta semana me clavé los "Estudios sobre los orígenes del peronismo" de Murmis y Portantiero. Para la facu. Conocía el argumento, pero nunca lo había leído de primera mano. La pregunta que surge de ahí para interrogar al tiempo presente es: ¿cuál es la alianza de clase o de fracciones de clase que sustenta el proyecto nac&pop hoy? O reformulando: ¿qué grupos sociales, que sectores de la población son los principales beneficiarios e interlocutores de las políticas del gobierno? Y de vuelta: ¿quién tiene la capacidad de influir qué políticas se llevan a cabo y cuáles no?

Claro, hay que matizar la cuestión contemplando la autonomía relativa de la política y del estado. Mucho de lo que se hace efectivamente sale de la propia cabeza y voluntad política de la jefa. Pero insistamos, si nos creemos enserio la idea de que la sociedad está dividida en clases, y que entre esas clases hay antagonismos, contradicciones, disputas o como mierda queramos llamarlas, la pregunta vale.

Esta semana, en esa tónica, hubo tres acontecimientos políticos de cierto peso para pensar de cara a la pregunta por la alianza de clases:

1) Hugo Boss se lanzó nomás, aunque ya venía bastante lanzado. Partido de la Cultura, la Educación y el Trabajo (CET). Sentados ahí, De Narvaez, Yoma, Lavagna y Aldo Rico. También afirmó en TN que se vería bien aliado con Mauricio Macri. A Facundo le está costando fuerte apoyar las andanzas electoraleras de su viejo, aunque todavía se las está comiendo. ¿Entenderá Hugo que la devaluación que harían sus "aliados" de ganar las elecciones sería devastadora para su base militante y sindical?

2) El Dream Team económico del gobierno lanzó instrumentos para el blanqueo de dólares en negro. Polémico, difícil de defender, pero suponemos desde acá necesario frente a un blue con 100% de brecha con el oficial, un mercado inmobiliario retraído y las reservas que vienen descendiendo sin freno desde hace un año. Difícil que tenga impacto sobre el blue, pero puede tener un éxito moderado a alto en los otros dos frentes. Está por verse.

3) Previo al anuncio del blanqueo, el jefe saliente de la UIA, José Ignacio De Mendiguren había declarado al portal Infobae que "la política de los parches se acabó" y que es hora de "reformular el modelo". Al rato matizó y defendió el blanqueo. Pero hay que estar atentxs.

En artepolítica, que leo casi religiosamente, definieron la foto actual como "empate de fuerzas". En votos todavía ganamos, en fuerza de movilización quizás también, pero en términos de potencia social no nos apresuremos en desestimar. Hay cacerolas, hay capacidad de presión devaluatoria (blue, amenazas de no liquidar soja, etc.), hay mucho en manos de la Corte Suprema (ley de medios + reforma judicial), está el tandem Lanata/Magnetto comandando la agenda mediática; está la ausencia de Nestor y de Chavez, la crisis mundial que se siente y duro, y encima de todo lo tenemos a Bergoglio en el Vaticano, que nunca le falta un ratito para acordarse de su querida patria en el fin del mundo.

La opo está deshilachada, por suerte. Igual, ojo con Lavagna que tiene potencial caprilista. Ese tipo es capaz de nuclear a los radicales (fue su candidato en 2007), el resto de los peronistas (acá), e incluso aliarse con el macrismo. También tiene ese aura de los "años dorados" del kirchnerismo, es decir, antes de la 125, es decir, antes de que el kirchnerismo fuera el kirchnerismo, antes de Cristina. Esto le permitiría atraer votos de lo más rancio del antikirchnerismo, y quizás rascarle algunos puntos al FPV. El slogan, sabemos, es "cambiar lo malo, mantener lo bueno". Un argumento similar podría hacerse sobre Scioli, si algún día decide romper.

Frente a tanta rancitud en el aire, la apuesta no puede ser intentar "aguantar las papas", sino hacer lo que el kirchnerismo siempre hizo mejor, redoblar y profundizar. Eso también significará sumar voluntades, ampliar la base social de apoyos activos, militantes, consignas, demandas. JPFeinmann siempre lo dice cuando explica Nietzche: la voluntad de poder tiene que expandirse. Si se queda quieta, se muere.



Friday, April 12, 2013

apuntes sobre la juventud -- uno: trabajo



a.
"Si te portás bien, estudiás, hacés tus deberes, no te mandás cagadas, las cosas te van a salir bien, vas a tener una buena vida, quizás mejor que la de tus padres"
Con esa frase podríamos resumir un cierto tipo de pacto social con la juventud de clase media, que imperó por lo menos en Europa, durante gran parte del Siglo XX. Esto, hoy, ya no es cierto. Según Saskia Sassen, la ruptura de este pacto es lo que ha generado las olas de protesta y descontento contemporáneas en el viejo continente. Ya hemos hablado de esto acá.
En nuestra periferia, podríamos decir que este pacto ha funcionado más como un mito social que como un pacto real entre clases y generaciones. Para la Argentina, quizás el peronismo y la economía que este legó a las décadas que le siguieron permitieron acercar, dentro de ciertos límites, ese mito a un pacto material para las masas populares. Sin embargo, el tiempo y el neoliberalismo fueron erosionando el pacto y debilitando el mito.
El año 2001 en este sentido significó un quiebre, un abismo para toda aspiración de progreso para las juventudes urbanas de la Argentina. La percepción de desintegración institucional y estancamiento económico, cargada del eurocentrismo de siempre, colmaba las filas de las embajadas europeas. Ya no era tanto que las juventudes no tenían futuro en este país, sino que este país no tenía futuro.


b.
A este país llega el Kirchnerismo. Con gran audacia política, un modelo económico sólido, y los términos de intercambio a su favor, el ciclo iniciado en 2003 se lanzó a la gran tarea de recomponer la sociedad. Hablamos, de las tasas de crecimiento chinas, el desendeudamiento, la sustitución de importaciones, la reconstrucción de un Estado presente, los nuevos derechos sociales, la recuperación del empleo, entre tantas otras dimensiones.
En tanto dimensión simbólica de esta recomposición, la Argentina contemporánea fue escribiendo nuevos mitos, nuevos relatos y nuevos guiones culturales. Hablamos, sí, del tan mentado "relato oficial", pero no sólamente de este. También, por ejemplo, de los relatos político-opositores al actual gobierno, que enfatizan la "potencialidad" argentina y las oportunidades para el desarrollo que estaríamos perdiend. Incluso la literatura, el cine y la televisión hacen eco de estos relatos.
La exitosísima telenovela "Dulce Amor", que ya va por su segundo año en Telefé (y ya empieza a cansar), está centrada en la vida de una comunidad que se encuentra a sí misma tanto en el barrio como en la fábrica. La integración de ambos espacios, el trabajo y la familia como ordenadores sociales renovados, funciona como trasfondo de la historia. Sus protagonistas, miembros de la clase trabajadora en pleno ascenso social, contrastan con los de grandes éxitos de los años 90, como "Gasoleros"--donde "no hay dinero", según cantaba Vicentico-- cuyos personajes eran reflejo de una clase media empobrecida que se las tenía que arreglar como podía.
Entonces, aquí tenemos una promesa, un nuevo mito del progreso social que la actual juventud está mamando. Con tasas de crecimiento del 10%, desempleo del 7%, amplias posibilidades de terminar el secundario, cantidades de vacantes en nuevas universidades públicas en las grandes urbes y sus conurbanos--donde la gran mayoría de lxs alumnxs son primera generación universitaria--,con acceso a becas de estudio y especialización; por qué no habríamos de entusiasmarnos. Quizás sí podamos aspirar a un futuro próspero, ¿o no?

c.
Cualquier diagnóstico económico, sea cual sea su pertenencia política, arranca por asumir  que la época de crecimiento de dos dígitos en la Argentina no volverá, por lo menos en el cortísimo plazo en que estos profesionales hacen sus profecías. El 2012 el PBI se expandió un 2%, y los pronósticos favorables para el 2013 no superan el 5%. El nivel de empleo se sostiene, pero crece poco y nada. La crisis global ha llegado, finalmente, a la periferia, y la Argentina no está exenta, más allá de toda la batería de políticas económicas keynesianas, proteccionistas, estatizantes que se esgriman para capearla.
Sea cual sea el destino económico del país, deberá enfrentar las crecientes expectativas generacionales de la juventud. Les hemos dado razones para ilusionarse, y ahora están ilusionadxs. Si se enfrentan a una sociedad que les ofrece oportunidades de progreso, trabajos en blanco, acceso a crédito, posibilidades de adquirir una vivienda, potencialidades de desarrollo cultural, habremos cumplido. Si en cambio se encuentran con la precariedad, la exclusión, la discriminación, la inaccesibilidad de un techo o una obra social; si se responde a sus demandas con la policía, rápidamente estaremos presenciando una réplica de lo que se vive en Chile, España o Egipto.