Monday, June 12, 2017

Táctica urbana





Ahora es nuestra la ciudad
Ahora es nuestra y nada más

- Los Gardelitos


En las charlas informales de la militancia kirchnerista de nuestra Ciudad Autónoma, suele aparecer con frecuencia la idea de que no tenemos un proyecto para el distrito. Que jamás logramos construir una propuesta seria y convincente que logre que la ciudadanía nos crea, se entusiasme y nos acompañe. También se ha generado, en consonancia, cierta resignación que reza que la Ciudad es inganable, que es gorila, que nunca un peronista ganó (“salvo Erman Gonzalez, pero ya sabés”), que debemos conformarnos con volver a ser segunda fuerza para aportarle votos al proyecto nacional. Este cúmulo de ideas resignatorias debe ser abandonado porque, además de desmotivantes, son falsas.

Lo que requerimos en la Ciudad no es sólo un “programa de gobierno”, o propuestas concretas, porque eso siempre lo hemos tenido. Basta chusmear los trabajos de la Fábrica Porteña, la actividad parlamentaria de nuestrxs legisladorxs, o el programa de Mariano Recalde en 2015 para saber que ideas no nos faltan. Tampoco requerimos escondernos atrás de un candidato marketinero y salvador, como algunxs compañerxs piensan. Ojo, esto no es decir que esas cosas no sean útiles ni válidas, pero lo que realmente nos hace falta es una táctica para nuestra política, que nos permita construir un pueblo urbano, clarificando para quiénes sí y para quiénes no pretendemos gobernar. Una hoja de ruta para ganar y transformar.


La estrategia 

Primero, enmarquemos nuestro debate táctico en el marco de una estrategia general. Para volver al gobierno, dice CFK, debemos construir una mayoría nueva, distinta de aquella con la que gobernamos durante 2003-2015. Eso requiere reformular nuestras alianzas, nuestras acciones, y nuestro discurso. Necesitamos otro “relato”, porque el de 678 estuvo bien en su momento, pero hoy no nos lleva ni a la esquina.

Lo hemos dicho en otro lado: la “grieta” es una herramienta del adversario para neutralizar nuestra política popular. Todo pueblo requiere un antipueblo, pero ese antipueblo en términos cuantitativos es bien chiquito, minúsculo. Un puñado de familias, ponele. Confrontamos con los poderes reales de la Argentina y el mundo, no con el gil en la familia que los defiende. Al gil lo queremos avivar, y que se venga para acá. Porque en el fondo, acá es donde tiene que estar. Ya lo dijo alguien alguna vez, hay dos clases de personas: quienes laburan y quienes viven del laburo de otrxs.


En esta etapa de gobierno macrista, hemos encontrado una fórmula potente para nombrar nuestro adversario: el gobierno de los ricos. Los ricos es una forma de decir, porque quienes de hecho gobiernan la Argentina son las grandes corporaciones, a través de sus CEOs: Shell (Aranguren), Farmacity (Quintana), LAN (Lopetegui), General Motors (Constantini), Telecom (Malcorra), HSBC (Cabrera), y claro, el grupo Clarín, que entre otras cosas puso un juez de la Corte. Ah, y no nos olvidemos de las empresas de la familia presidencial: IECSA, Caputo, MacAir, SOCMA, etc. La lista es interminable: tres de cada diez funcionarios macristas vienen de las grandes empresas nacionales y extranjeras.


Sin embargo, confrontar directo con grandes corporaciones encuentra sus dificultades discursivas: en el capitalismo neoliberal en el que vivimos, McDonalds tiene mayor imagen positiva que cualquier dirigente político. Porque vamos, ¿quién puede odiar un Cuarto de Libra con Queso?. Es por eso que fue y es fundamental la personificación del adversario, para desarticular sus propagandas de empresas e instituciones buenas y amigables. Nombrar a Magnetto es la forma de desenmascarar a Clarín. Hablar de Lorenzetti y de Bonadío es la manera de clarificar el modus operandi del Partido Judicial. En el marco de la democracia, el imperio de la ley y la República (no hay nadie más republicanx que nosotrxs), queremos confrontar con los dueños de la pelota; no para destruirlos ni eliminarlos, sino para que aflojen un poco y repartamos mejor la torta. Capitalismo en serio, para empezar, y después vemos.

La idea del “gobierno de los ricos”, mucho más que la “CEOcracia” o “el gobierno de los CEOs”, ha calado hondo en la sociedad y nos permite visibilizar al 1% más acaudalado de la población desde una posición cultural de clase. El gobierno de los ricos es, de alguna manera, el gobierno de los chetos. Son los Macri, los Blanco Villegas, los Bullrich, los Stanley, que no tienen ni idea cuánto es una jubilación mínima porque jamás laburaron. Por supuesto, quienes somos peronistas preferimos usar la palabra “oligarquía”, o “antipueblo”; pero al decirlas ya estamos en un plano de abstracción teórica e ideológica que en un barrio no sirve para nada. La palabra "oligarquía" aburre.

El “gobierno de los ricos” como eje cultural de clase puede tener gran éxito a lo largo y a lo ancho de la patria. Ahora bien, si queremos interpelar a los sectores medios de la Ciudad de Buenos Aires, debemos desarrollarlo de forma diferenciada, nombrando adversarios concretos, para romper nuestro techo progresista histórico y recuperar el gobierno porteño para todos y todas. La estrategia macro sigue siendo la misma, pero requerimos de una táctica específica. Veamos el historial.


El proyecto nacional en la ciudad

Quizás la fórmula que mejor expresó la falta de imaginación política de cara a la compleja población porteña fue aquella del 2011 de “traer el proyecto nacional a la ciudad”. Eso que hacíamos en la Rosada, queríamos hacerlo acá. Claro, tenía cierto sentido en el contexto: CFK estaba en su momento de mayor popularidad, y Beatriz Sarlo decía absorta en La Nación que el kirchnerismo estaba logrando consolidar una hegemonía cultural en la sociedad. Quienes militamos esa campaña, en algún momento de delirio, creímos que podíamos ganarle a Macri. No fue así, ni por cerca. No fue culpa del candidato, quien hizo una excelente campaña y cosechó algunos de nuestros mejores resultados históricos en el distrito, pero el mensaje no llegó.




Allá por el 2011 se consolidaba en realidad una extraña hegemonía en la ciudad, distinta de la que intuía Sarlo: ganaba Macri y ganaba Cristina. Ganaban los oficialismos, bah. Incluso, en momentos del balotaje Macri-Filmus, el hoy presidente de la pesada herencia se animó a decir que no era imposible que la votara a CFK. Se estimaba, por esa época, que había entre 20 y 40% de lxs votantes de Macri en la ciudad que también optaban por la boleta Kirchner - Boudou, para desvelo de lxs ideologizadxs militantes que se sumaban a las huestes de las organizaciones kirchneristas por esos años.

Nuestro discurso político era estado-céntrico. En la ciudad fallaba la infraestructura, fallaba la salud pública, fallaba la educación pública, faltaban subtes. Todo eso lo podíamos transformar fortaleciendo al Estado si lxs porteñxs abandonaban a la derecha cool que lxs gobernaba. El foco de nuestra mirada estaba puesto, ideológicamente, en construir una ciudad más justa y más equitativa; pero en años de crecimiento a tasas chinas, en barrios donde las prepagas son ley y el hospital público un edificio extraño, no lográbamos hacer mella.

Ya en esa época Artemio López advertía que la ciudad se conurbanizaba en norte-centro-sur, que el relato homogéneo de la etapa ibarrista ya no pegaba, y que debíamos construir un mensaje específico para cada segmento. Mi compañero @marianocuyeu lo traducía diciendo que “nuestra propuesta para Caballito no puede ser construir hospitales en Lugano”. Sin duda teníamos proyectos para las clases medias, pero por algún motivo no lográbamos articularlos y convencer. En 2013 y 2015 corregimos algunas cosas, pero tampoco conseguimos despegar de nuestra posición de minoría; y de hecho caímos al tercer lugar, por debajo de una centroizquierda (Pino) que devino centroderecha (Carrió - Lustó) y nos llevó puestxs.


Macrismo anfibio

Suele argumentarse, con cierta razón, que Macri fue brutalmente subestimado, y en parte por eso llegó a la presidencia. Tildado como un rico facho que vive de vacaciones y no ha leído ni dos libros, se le asignaba total imposibilidad de encabezar una restauración conservadora a fuerza de globitos y bicisendas. Ya en 2014, la Revista Crisis, que jamás compró la caricatura que se hacía de Macri, nos advertía que observáramos la faceta constructora del PRO: 
El ingeniero-empresario con casco amarillo: capital, trabajo y técnica, transformación material y simbólica de la ciudad, se dan la mano. Ha comprendido que las obras resultan tan vistosas e ineludibles como una propaganda gráfica, aunque mucho más ruidosas, apabullantes y pregnantes que un spot. Más que en el anuncio y en la inauguración, la clave se encuentra en todo el proceso bullicioso: el traqueteo de la excavadora y la niveladora, la presencia de los obreros, y la sensación pringosa del asfalto recién colocado... Si bien por momentos irritan y despiertan las quejas de los vecinos, las obras son perceptibles desde todos los sentidos, son un espectáculo gratuito y a cielo abierto: un museo de la metamorfosis urbana. Haber leído o interpretado sus referencias a Cacciatore como una mera falta de compromiso democrático es, por decir lo menos, una lectura parcial.
Macri hacía (y sigue haciendo) obra pública. Bicisendas, metrobuses, pasos a nivel, túneles, puentes, obras, obras y obras. Los globitos, el antikirchnerismo y las redes sociales eran una parte de la fórmula; la otra era una gestión de transformación urbana visible y palpable.

La segmentación del discurso macrista entre centro-norte-sur fue eternizada por la figura de Cristian Ritondo, hombre fuerte del properonismo, que hacía política clientelar en los barrios del sur, mientras sus compañerxs partidarixs criticaban esas mismas políticas clientelares desde Recoleta. Y todo, absolutamente todo, atravesado por las grúas, los obreros, y los cartelitos de "Haciendo Buenos Aires". Un modelo altamente exitoso, que no pudimos derrotar porque no supimos comprender en su complejidad.

En su etapa larretista, el gobierno PRO ha avanzado un paso más, asumiendo con fuerza algunas de las banderas más importantes de la oposición porteña como propias. La urbanización de las villas y la participación ciudadana aparecen como ejes rectores de la gestión Rodriguez Larreta, dos de sus flancos más débiles años ha. El Jefe de Gobierno gasta millonadas en la Villa 31, avanzando en su reconversión en el "Barrio 31", donde él mismo tiene sus oficinas. Por supuesto, desde la oposición criticamos y seguiremos criticando la modalidad de urbanización, las farsas de "participación"; pero lo cierto es que, de cara a la ciudadanía, nos va cooptando nuestro discurso. Antonio Gramsci llamaba eso hegemonía por neutralización. Al "comerme" el lenguaje del adversario lo desdibujo, lo dejo sin razón de ser, lo fulmino. ¿Ahora qué vamos a decir?


Son las grúas

Dijimos que la táctica histórica del Frente para la Victoria fue señalar las falencias, los huecos, los debes de la gestión macrista en la Ciudad; sobretodo en lo que respecta a la ausencia del Estado. Incluso en campaña, nuestrxs candidatxs decían cosas como "el Metrobús está muy bien, y la bicicleta también... pero lo que falta son subtes". Como diciendo: todo lo que te muestran de amarillo es una distracción para que no veas todo lo que dejan afuera. Pero de amarillo se va pintando casi todo. Hay que cambiar de táctica. Sin dejar de marcar esos temas, hay que animarse a confrontar con el macrismo de frente. La verdad del PRO se encuentra, como la carta robada, a plena vista.

El modelo (económico) de ciudad que nos propone el macrilarretismo se resume a la fórmula obra pública + negocio inmobiliario. Los grandes intereses financiarizados de las empresas como IRSA, que buscan la valorización del suelo como forma de generar mayor tasa de ganancia, sumado a las grandes constructoras de la obra pública como los amigos de IECSA, SES, Caputo, Techint y claro, Odebrecht. 

¿Quién es dueño de la ciudad? El verdadero Larreta que importa es Augusto, que fue gerente de recursos institucionales de IRSA durante años, antes de mudarse a una silla de director en el Banco Provincia cuando su hermano ganó la jefatura de gobierno. O el amigo Andy Freyre, otro ex-IRSA hoy Ministro de Modernización de la Ciudad. ¿Sabés quién compró IECSA? Marcelo Mindlin, ex vicepresidente de IRSA de 1999 a 2003. En la Legislatura porteña, gran parte de lo que se debate es el negocio inmobiliario. Entregar tierras por aquí, modificar un código de edificación por allá, habilitar una construcción, intercambiar viviendas sociales por permisos de construcción para proyectos faraónicos.

Un proyecto transformador para nuestra ciudad debe ponerle nombre a los verdaderos intereses detrás de los globitos amarillos. Debemos ser capaces de comunicarle a la ciudadanía qué significa ser gobernadxs por estos predadores y cómo eso destruye la posibilidad de una vida urbana digna para nosotrxs y lxs que vendrán.

En los últimos años han aparecido en grandes urbes similares a la nuestra, intendentes populistas que llegaron al poder enfrentando políticas específicas. El alcalde demócrata de Nueva York, Bill de Blasio, ganó las elecciones denunciando la represión y las políticas racistas de la policía neoyorkina (en particular el "stop and frisk"), mostrando su familia bi-racial; pero también nombrando a la élite inmobiliario-financiera que maneja la ciudad a su voluntad mientras las grandes mayorías sufren. "La historia de dos ciudades" fue uno de los ejes de su campaña, evocando la novela de Dickens. En España, PODEMOS no logró la primer magistratura, pero se alzó bien temprano con las alcaldías de Madrid (Manuela Carmena), Barcelona (Ada Colau) y otras, construyendo alianzas pluripartidarias y movimentistas, focalizando en los desahucios como el principal enemigo a derrotar. Eso fueron los ayuntamientos del cambio.


Hagamos populismo urbano

Una táctica porteña requiere construir un adversario claro y visible, enmarcado en la confrontación con el gobierno de los ricos, pero enfatizando su iteración local en las corporaciones inmobiliarias y constructoras. También requiere, con igual importancia, reconsiderar el nosotrxs de la ecuación nosotrxs/ellxs. ¿A quién le habla el kirchnerismo porteño? ¿Simplemente a aquellxs que desean mayor justicia y equidad? ¿Es una apelación ética? ¿O podemos sinceramente convidar a las clases medias urbanas a enfrentar a los grandes intereses que nos gobiernan?

Uno de los mejores momentos de la campaña a Jefe de Gobierno en 2015 fue la publicidad de "Paganini" que desarrolló el equipo de Mariano Recalde. Esteban Paganini, un típico joven profesional de la línea Rivadavia, que trabaja en el centro, y lo viven bolsilleando. La prepaga, la escuela privada, el estacionamiento, el ABL, etc. etc. etc. El eje sigue siendo el Estado, pero estamos apelando desde otro lugar.




Más allá de la alquimia electoral (#UnidadPorteña) que nuestro frente asuma en el 2017, nos tocará articular una campaña netamente populista que ponga sobre la mesa no sólo dos modelos de país, sino también dos modelos de ciudad. Pero en serio.



Estaremos, ciertamente, tentadxs a concentrarnos en la nacionalización de una elección Macri vs. Cristina, donde los ojos de todxs estarán en la Provincia de Buenos Aires. También estará la tentación de enfocarnos únicamente en todo aquello que perdimos desde Diciembre de 2015, eso de "¿estás mejor o peor?"; que hay que decirlo, ha sido mucho. No es lo mismo vivir en una ciudad neoliberal en el marco de un gobierno nacional y popular, que este doble neoliberalismo en el que nos encontramos. Pero debemos también incorporar un lenguaje propio de la ciudadanía porteña, apelar a los sujetos sociales, económicos y culturales que habitan la ciudad.


Lxs inquilinxs, las familias jóvenes, las murgas, los espacios culturales, los teatros barriales, quienes quedan presxs de la educación y la salud privada, lxs propietarixs que ven sus barrios destruidos por las torres, lxs trabajadorxs precarizadxs, lxs que reclaman caminar con seguridad por las calles, el movimiento feminista, lxs jubiladxs, las personas con discapacidades, lxs rappers y lxs skaters, las nuevas juventudes. Debemos construir un gran pueblo urbano que enfrente los intereses inmobiliarios y constructores que destruyen nuestras vidas urbanas. Defender lo que en distintos pagos se llama el derecho a la ciudad.

Lxs militantes peronistas/kirchneristas debemos dejar de sentirnos visitantes en esta ciudad. Extrañxs, ajenxs. Es nuestra, hagámonos cargo. Es nuestra, y nada más. Porque vamos, ¿quién puede dar vuelta esta ciudad, transformarla para que sea verdaderamente justa, igualitaria y floreciente? Debemos despelearnos con la clase media porteña porque es esa misma clase media porteña quien nutre nuestra militancia. Debemos despelearnos con nosotrxs mismxs.

Una elección de medio término emparejada con el calendario nacional quizás no es el escenario más propicio para comenzar la articulación de un pueblo de la ciudad contra los grandes especuladores. Pero, como ha dicho un compañero: la nueva mayoría a construir en 2019 debe tener como punto de partida el 2017. Y eso aplica para nosotrxs, capitalinxs, también.

Thursday, June 1, 2017

Es por abajo




De regreso a Octubre
(Desde Octubre)
Sin un estandarte de mi parte...


Compañeros y compañeras, ha llegado el momento que veníamos esperando desde noviembre de 2015. Llegan las elecciones. Sabemos que todxs están haciéndose los rulos. Que la candidatura de CFK (¿será o no será?), que la situación del peronismo bonaerense, que unidad o PASO, que estx se juntó con estx otrx, que aquel/aquella declaró que nosequé, y que al final se pasaría al bando de enfrente. Detrás de todo, claro, los importantes debates al respecto de cuál es la mejor estrategia para derrotar a Macri en octubre y empezar a volver. Todo eso es muy importante, pero como nos dijo la compañera hace unos días, no nos enrosquemos.

Para ganarle a Cambiemos en octubre no alcanza con la unidad, no alcanza con CFK de candidata, ni con Palazzo al frente de la CGT, ni Barcesat en la Corte Suprema. Nada de eso alcanza. La clave no está en las candidaturas ni en las superestructuras. No es por arriba que vendrán las soluciones. Es por abajo, como el subte, como Palacio. La llave para derrotar al gobierno de los ricos está en la campaña del pueblo, la campaña de la gente, esa que descubrimos demasiado tarde, en el balotaje, a fines de 2015. Esta vez, si nos avivamos, podemos arrancar con tiempo. Vamos.


Aquel balotaje

El 25 de octubre de 2015, Mauricio Macri dio el “batacazo” electoral. Acortando la distancia con Scioli a apenas tres puntos (34 a 37) y con Vidal arrebatándole la Provincia de Buenos Aires al peronismo. Ese día la sociedad (y sobretodo el kirchnerismo) se avivó que sí, que Mauricio Macri podría llegar al sillón de Rivadavia. Mauricio Macri. Algo que parecía ridículo años ha, se volvía una posibilidad concreta. Más aún, se tornaba el escenario más probable para la segunda vuelta.

Todas las encuestas de cara al balotaje daban una victoria segura de Cambiemos. Todas, sin excepción, y por paliza. Diez puntos, ocho puntos, doce puntos. No había con qué darle. Sin embargo, inesperadamente, en ese momento de peligro, sucedió algo inaudito, algo de lo que todxs fuimos protagonistas. Masivamente, rizomáticamente, de forma casi anárquica, miles y miles de personas tomaron el bastón de mariscal y salieron a hacer campaña voto a voto, cuadra a cuadra, cena familiar a cena familiar, puesto de trabajo a puesto de trabajo. Algunxs fueron a las unidades básicas, a los locales cercanos, otrxs ni eso. Salían por su cuenta, en cada esquina en la que doblabas veías alguna intervención. Pintadas callejeras, afiches a mano, volantes caseros, festivales autoconvocados en todas las plazas; no había kirchnerista que no estuviera juntando votos, compartiendo estrategias, incitando a otrxs a hacerlo también.

La mejor expresión de ese proceso fue el grupo de facebook “Resistiendo con aguante”, que en pocas semanas juntó alrededor de medio millón de usuarixs. Era un grupo secreto con la cara de Scioli en la portada, en el que se encontraba unx con anécdotas de cómo se habían revertido votos, estrategias para convencer, materiales para imprimir y difundir. En los comentarios se debatía, se compartía, se alentaba a seguir sumando adhesiones. Incluso aparecían “fake news”, como un supuesto apoyo explícito de Hugo Moyano a Scioli, que era festejado en las redes como el gol a los ingleses. En el peligro, aparecían la esperanza y el entusiasmo de sentirse protagonistas de una gesta épica que, aunque improbable, se sentía al alcance de la mano.



scioli la campaña que hizo el pueblo.jpg



No pretendemos decir que la campaña “espontánea” del balotaje fue lo único que achicó la diferencia con Macri. Scioli también estuvo a la altura de las circunstancias, embarrándose, caminando el conurbano, haciendo un papel digno en el debate presidencial, modificando su discurso moderado y amplista por uno más confrontativo con el modelo neoliberal. Sin embargo, teníamos la sensación de que quien conducía el proceso era el pueblo. El General Perón, en su manual de conducción política advertía que esto podía suceder:
“Los triunfos de Napoleón no se deben sólo a él. Cuando él no pudo, fue su gran ejército el que lo llevó. ¡Cuántas veces dijo que se sentía llevado por su ejército!... El conductor es a veces conducido. Es decir que la conducción tiene ese fenómeno extraordinario, y el conductor es, a veces, conducido por los propios elementos de la conducción, cuando ellos están capacitados”
El pueblo estuvo a la altura, y Scioli se “kirchnerizó” en la recta final. Pero ya no alcanzó. Perdimos por 680.607 votos, una diferencia de 2,68%, y nos quedamos con la sensación de que si nos daban una semanita más lo dábamos vuelta.


Tiempo de siembra

El proceso de movilización y politización no se terminó el día después del balotaje. De hecho, continuó y se intensificó. Las “plazas del pueblo” y la campaña masiva de afiliación al Partido Justicialista al calor del verano 2016 fueron un repliegue a cielo abierto. Una catársis colectiva, una reafirmación identitaria, una convicción firme de que estábamos vivxs, que no había sido magia, y que estábamos dispuestxs a las batallas que vinieran.

El furor militante del verano se consolidó en fuerzas vivas. En 2016 vio un incremento de la participación militante en unidades básicas, sindicatos, cooperadoras escolares, grupos artísticos, espacios feministas, grupos de chats, y otro sinnúmero de formas políticas de activar. Este asunto estaba en nuestras manos, nene; y acusamos recibo. Somos mucho más y mejores militantes que hace un año y medio. El macrismo nos curtió. Nos demostró que no hay nada irreversible más que lo que sembramos en la conciencia de nuestro pueblo, y que tampoco eso se sostiene solito. Hay que organizarlo, ponerle el cuerpo, empujar.

Ahora empieza una etapa nueva. Como dice Damián Selci que dice un responsable de unidad básica en el oeste del conurbano: hay campaña cultural, la que estamos haciendo siempre, y hay campaña electoral, la que hacemos durante unos meses cada dos años. La campaña electoral es el momento de cosecha, hay que cambiar el chip. Menos grieta y más sentido común.


No hace falta Durán Barba

Con las elecciones llegan las campañas. Este año, como todos los años, habrá gente muy seria y muy profesional que diseñe slogans, spots publicitarios, estrategias comunicacionales, hashtags y otras yerbas. Habrá compañerxs dirigentes con grandes responsabilidades, que tendrán que subirse a escenarios, arengar a la militancia, tomar decisiones, ir a la tele a debatir con Vilouta y Fernando Iglesias. Habrá también material de campaña, con las caras de nuestrxs candidatxs y nuestras propuestas; y habrá fundamentalmente compañerxs que se maten de frío en las esquinas repartiendo volantes y tratando de conversar apenas unos minutos con apuradxs transeúntes. Todo eso sucederá y será necesario, pero no será lo definitorio.

Tampoco nos hace falta un gurú comunicacional, ni mucho big data, ni los trolles de Marcos Peña. No nos olvidemos que la grieta es un algoritmo. Las redes nos muestran lo que queremos ver, ocultan lo que nos incomoda. Tu tía gorila no ve las sesudas críticas al endeudamiento en LEBACs que posteás en tu muro, a menos que la etiquetes. Por muchas fotos ridiculizando al gato que compartas en tu instagram, eso tiene cero impacto militante sobre la sociedad. Cero. Que un hashtag de Navarro sea trending topic no nos suma votos en Claypole, Barrio Parque o Viedma. Unx militante que debate sólo con la gente que piensa igual, o parecido, deja de ser militante. Unx militante que sólo puede enojarse y gritarle a quien piensa distinto, que no puede persuadir, seducir, hacer pensar a otrx ciudadanx, le hace flaco favor al proyecto que defiende. ¿Cuántos votos vas a ganar en esta elección? Lxs votantes de Macri no van a “arrepentirse” solxs, hay que ayudarlxs.

Necesitamos volver al balotaje. Necesitamos que cada unx que pueda salga a ponerse la Patria al hombro. Como pueda, como mejor le salga, como ya lo hizo en otros momentos. Lo dijo bien clarito el compañero Máximo Kirchner hace una semana inaugurando una unidad básica del Sindicato de Curtidores:
“No alcanza sólo con Cristina, o con aquellxs que querramos dar la pelea. Alcanza si cada unx de ustedes se involucra y hace esta pelea suya día a día. Necesitamos la participación de la gente, necesitamos la participación de lxs compañerxs. Necesitamos a las mujeres marchando, necesitamos a lxs jóvenes marchando. Necesitamos que vayan casa por casa a explicar lo que sucede.”
No se trata de desmerecer la importancia de la conducción de CFK o su posible candidatura, ni de minimizar el rol de aquello que Perón llamaba los “cuadros intermedios”. Todxs tenemos un papel que jugar. Las organizaciones políticas deberán abrirse a la participación mucho más de lo que han hecho hasta ahora; mucho más de lo que lo hicieron durante el balotaje. Las unidades básicas deberán estar abiertas como mini-comandos de campaña barriales, como cajas de herramientas, como pivotes territoriales de un despliegue permanente que las exceda. Si la básica a la vuelta de tu casa vive cerrada, tenemos que lograr que se abra, y que se mantenga abierta. No hay margen para malgastar o dejar sin usar ningún recurso.


La anti-campaña del miedo

El balotaje del 2015, con todo lo épico que fue, implicaba para el campo nacional y popular una cierta incomodidad discursiva. No era para nada placentero recordarle a nuestrxs vecinxs, amigxs y familiares de los peores momentos de las últimas décadas. “¿Te acordás de los 90s?”, “¿Queremos volver al 2001?” “¿El club del trueque?”. Había que forzar la memoria colectiva porque intuíamos el riesgo de que la oligarquía neoliberal se hiciera del Estado nacional como nunca antes. Y tuvimos razón. Pero un peronista, un kirchnerista, no quiere hablar de los momentos tristes de nuestro pueblo. Queremos hablar de los momentos felices, de las alegrías, de cuando Evita te regalaba la bicicleta, del aguinaldo y el voto femenino, de las vacaciones pagas. Cierto, recordamos los bombardeos, los fusilamientos, lxs compañerxs desaparecidxs; pero queremos hablar de los días más felices; esos que pueden volver.

El macrismo hará campaña del miedo, con el retorno del populismo. Nosotrxs, esta vez, haremos la campaña de la esperanza, de un futuro que puede volver a ser feliz si damos vuelta la taba, si le ponemos un freno al neoliberalismo. Esa es la tarea que nos toca, a todos y todas, en este octubre. Porque, ya aprendimos un 25 de mayo, va a pasar lo que nosotrxs queramos que pase.





Monday, May 15, 2017

La trampa de la amplitud







"No hay recetas, ni etiquetas
que te hagan sentir diferente.
Buscás refugio, querés sentir,
querés un golpe de suerte.
Y en tu andar, veo mi andar
y somos los mismos de siempre."

- La Renga


"Para ganar las elecciones hay que ampliar, hay que sumar, hay que juntarse, hay que abrir los brazos, no hay que ser sectarios. No hay que ser “ultra” kirchnerista, sino simplemente kirchnerista a secas, y hasta ahí. Silbando bajito, que no se note tanto. Un gran frente antimacrista, que pueda convocar otras expresiones, que no sea tan extremista ni fundamentalista. Un frente que le caiga simpático a Héctor Daer y a Claudio Lozano..."

Así reza el credo de la amplitud que sugiere que el kirchnerismo debe dejar de ser kirchnerista y crear un gran UNEN “nacional y popular” que junte a todxs lxs que coincidan en enfrentar las políticas neoliberales. Esta posición, que llamaremos amplismo, es moda entre diversos sectores del peronismo, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en la Provincia.

El amplismo puede tener sentido en la construcción de frentes gremiales, estudiantiles, legislativos, pero corre riesgos de desdibujar a un proyecto político si se aplica a la arquitectura electoral, es decir, a la conformación de listas. Para ser claros, estamos en contra de ampliar, somos kukas sectarias, y creemos que esa es la estrategia correcta. Veamos.



Saltar la grieta

–Algunos dirigentes del peronismo bonaerense sostienen que CFK debería dar un paso al costado. ¿Qué piensa usted de ello?

–Yo no quiero hablar de paso al costado porque ella es representativa de un sector importante del peronismo y de la sociedad. Pero sí creo que si Cristina decide no ser candidata se puede ampliar mucho más el espectro de convergencia de compañeros que podemos pensar los mismo en una sola expresión.

Héctor Daer, triunviro (9/4/17)


"Yo recorro el país y la gente pide "únanse""

Daniel Filmus, candidato (8/5/17)


Sostiene el amplismo que el kirchnerismo hoy no está en condiciones de volver, que los números no nos dan; y en eso pueden tener razón. Ahí pulula con fuerza el argumento del “piso alto y techo bajo” como un límite para nuestras aspiraciones políticas. Dicen, encuestas en mano, que “con el kirchnerismo no alcanza”, que tenemos que ser más que eso.

Con encuestas en mano, también sabemos que la candidatura de CFK es la que más “mide” en la Provincia de Buenos Aires. ¿No es CFK la más “ultra” de todas? ¿La más “piantavotos”? ¿La figura que “impide” la unidad de todo el campo opositor? Extraño que cualquier encuesta donde el peronismo lleva figuras más “moderadas” como Dominguez, Randazzo, e incluso Magario, aparecen todas con 5 a 10 puntos menos que Cristina. ¿Cómo puede ser que a mayor intensidad kirchnerista el peronismo sacaría más votos y no menos? ¿Qué razón oscura explica las masivas convocatorias que Axel Kicillof logra generar en todas las provincias del país?

La propuesta amplista, de cualquier modo, es una respuesta equivocada a la pregunta correcta. Bien ha dicho Alejandro Sehtman, lo que mejor le salió a Macri es ganarle al tándem Cristina-Scioli, y eso fue gracias (en parte) a “la grieta”. Lograron dividir a la sociedad a la mitad, hacernos creer que el enfrentamiento era entre trabajadorxs, entre ciudadanxs; y no una disputa entre un proyecto de mayorías y un proyecto de ínfimas minorías ocultas.

Sabemos que debemos superar la división lanatista de la sociedad si aspiramos a ganar las elecciones, porque Federico Pinedo va a ser gorila toda su vida, pero a nuestra tía que insultaba por no poder comprar dólares y ahora se quedó sin laburo, la podemos convencer de votarnos... si somos inteligentes y seductores.

Ahora bien, trascender la grieta no es ocultar nuestro kirchnerismo, sino hacer kirchnerismo por otros medios. Hay que lograr hablarle a lxs indecisxs, lxs no politizadxs, lxs que descreen de todo. Lxs que votaron al 54% del 2011 y se fueron yendo. Pero esos votos no se recuperan enmascarándonos, engañando a lxs ciudadanxs, escondiéndonos atrás de alguna figura “moderada”. Kirchnerismo/antikirchnerismo sigue siendo el principal ordenador conceptual de la política argentina. No hay manera de ocultarlo. Sea Cristina candidata o no, Intratables seguirá hablando de Lopez y Baez. Simplemente, hay que interpelar mejor, más inteligentemente, sin grieta, pero siendo kirchneristas.


La gente pide "únanse”

En política, la sumatoria no siempre da lo que unx espera. 1 + 1 puede dar 3 o puede dar 0,5. Una alianza electoral puede potenciar a sus miembros, o puede desdibujarlxs. Carrió + Macri fue (es) un exitazo. Alfonsín + De Narváez fue tan incomprensible e irrelevante que los liquidó a ambos. Massa + Stolbizer es una fórmula extraña, poco clara. Habrá que ver si lxs votantes la entienden. A modo de ejemplo, veamos el caso de Podemos, en España

En las elecciones 2015, la fuerza populista Podemos había resultado tercera en las elecciones presidenciales, sacando exactamente 5.198.333 votos. Como el Partido Popular de Rajoy no logró formar gobierno (problemas de los sistemas parlamentaristas) hubo que volver a convocar a los comicios. Allí, Podemos buscó una alianza con el tradicional Izquierda Unida, que había obtenido 926.783 votos. Pensaba Pablo Iglesias, líder podemita: si yo tengo cinco millones de votos, y me sumo el millón de votos de la izquierda clásica, logro pasar al PSOE como segunda fuerza, y de ahí a la presidencia es un paso nomás.

Llegadas las elecciones de 2016, la alianza Unidos Podemos esperaba superar los seis millones de votos; y terminó con 5.048.570. Es decir, no sólo no sumó los votos de la izquierda, sino que se restó de los votos que tenía originalmente. Quisiste ser otra cosa, y no te dio, la gente no te lo creyó. Para convencer, para interpelar, para seducir y transmitir confianza al electorado, debe unx ser unx mismx. Decía Íñigo Errejón, quien criticó la confluencia permanente con Izquierda Unida, que la “nueva mayoría” a construir era social y no partidaria. Cierto, Errejón perdió la discusión interna, pero quizás y sólo quizás porque el "Perón" de Podemos jugaba para el otro bando, para el amplista.


Volviendo a la Argentina y en la vereda de enfrente, para las presidenciales del 2015, el llamado "círculo rojo" apostaba por un gran frente antikirchnerista. Fue Durán Barba quien convenció a Macri de desistir de una alianza con Massa; y ese sendero lo llevó a la victoria. Incluso se hablaba de Macri presidente, Massa gobernador de la provincia en una misma lista. “Si te juntás con el tigrense, no vas a poder convencer de que sos el cambio” dicen que le decía el ecuatoriano a Mauricio. El amontonamiento es poco recomendado en todos los pagos.

Dice el compañero Daniel Filmus que, recorriendo el país, la gente le pide en la calle que la oposición se una. En la Ciudad de Buenos Aires, donde Filmus desea ser candidato, las bases de sustentación del kirchnerismo parecen pedir otras cosas: que Bossio renuncie a la banca, que Abal Medina diga quién lo mandó a votar los jueces de la corte. Traducido: previsibilidad, lealtad, solidez de la fuerza política. No amplitud. La unidad es para el movimiento obrero, no para las listas electorales. Y al que no le gusta, se jode se jode.


Nueva mayoría

Ampliar no es sumar dirigentes. Repetimos: ampliar no es sumar dirigentes. Mucho menos dirigentes que no se sabe bien qué dirigen, o más importante, a quiénes representan. La amplitud debe darse de cara a la sociedad, no a las dirigencias políticas.

Ojo: esto último no debe ser entendido como falta de reconocimiento a dirigentes territoriales con peso específico, en especial en la Provincia de Buenos Aires. Nadie puede negar que figuras de la talla de Magario, Mussi, Insaurralde o incluso Katopodis tienen “representación propia”. Han gobernado, en el marco de un proyecto de país virtuoso e inclusivo, sus municipios con excelentes gestiones, firmeza, modernización, inclusión, y sus electorados se lo reconocen. Esxs dirigentes, adentro.

Ahora bien: para derrotar al macrismo necesitamos construir una mayoría nueva, que se funde sobre lo que fuimos y lo que somos para construir un futuro. Laclau en su libro "La Razón Populista" nos tira algunas puntas:
La construcción de un pueblo implica también la construcción de la frontera que el pueblo presupone. Las fronteras son inestables y están en proceso de desplazamiento constante ... Esto conduce a un nuevo juego hegemónico: todo nuevo pueblo va a requerir la reconstitución del espacio de representación mediante la construcción de una nueva frontera. Lo mismo ocurre con los "exteriores" al sistema: toda transformación política no sólo implica una reconfiguración de demandas ya existentes, sino también la incorporación de demandas nuevas (es decir, de nuevos actores históricos) a la escena política -o su opuesto: la exclusión de otros que estaban presentes previamente -.
Una nueva mayoría, nos dice Laclau, requiere trazar una frontera entre el pueblo y la oligarquía. Requiere reconfigurar lo que ya teníamos, sumar nuevos sujetos sociales (hola feminismo), e incluso estar dispuestxs a excluir a algunos actores que estaban previamente adentro. La minería a cielo abierto, ponele, o a Alberto Fernández.

Una nueva mayoría de cara a la sociedad debe tener territorialidad, militancia, incluso figuras que convenzan y convoquen. Pero sobretodo debe proponer un sentido común que enfrente al régimen gobernante. Debe ser comprensible y coherente. CFK ha venido reflexionando sobre la victoria de Cambiemos como una enorme “estafa electoral”, enfatizando que el macrismo le mintió descaradamente al electorado. Frente a un gobierno al que no se le puede creer, el kirchnerismo es capaz de ofrecer la consecuencia y la coherencia como valores políticos. Macri te miente, Massa zigzaguea, Randazzo panquequea. ¿Y nosotrxs? Ya sabés, somos lxs mismxs de siempre.


El kirchnerismo del futuro

¿Con el kirchnerismo no alcanza? ¿Llegó ya el kirchnerismo a su “techo” político? ¿O hay margen para que la memoria del tecnicolor de los días felices kirchneristas se vuelva una presencia insoportablemente viva en las mentes y corazones del pueblo? A Perón le llevó décadas, proscripción y dictaduras para que las clases medias recapacitaran sobre su gobierno y pidieran a gritos su retorno. Hay que tener paciencia.

La experiencia de gobierno popular de 12 años irá macerando en la memoria de la sociedad, creando nuevos balances, reconsideraciones, revaloraciones. Algo de eso ya está sucediendo. Quizás un año y medio es poco tiempo para que una persona modifique su voto, admita haberse equivocado en el cuarto oscuro. El tiempo está de nuestro lado, en la medida en que sigamos nítidamente a la vista de nuestro pueblo, como una opción real de poder.

Cuando Néstor Kirchner llegó al poder en 2003, en campaña era claro y preciso sobre sus objetivos políticos y de gobierno. Pero no fue por ellos que ganó las elecciones. Entró a la Rosada, como dicen, por la ventana. Una "anomalía", dice Ricardo Forster. Una casualidad casi. Eso no será posible esta vez. La victoria que tenemos que construir no es por la ventana, sino por la puerta grande. Y nadie entra por ahí silbando bajito.

Monday, April 17, 2017

Por un kirchnerismo sin grieta





"...del otro lado del muro
vio su cara frente a él.
Sos vos, la grieta y vos.
También la grieta sos vos."
- Skay


Nos encanta la grieta; qué bien que nos sienta. "Vos tenés a Baby Echecopar, yo tengo a Dolina". Nos queda cómoda; a nosotrxs y a "ellxs". Explica escenas de clase media: las cenas familiares, los celos de oficina, el forobardo en redes sociales. Pero la grieta es una trampa en la que caímos hace varios años, y con ella perdimos las elecciones. Más aún, hoy es una de las principales herramientas que pretende usar el macrismo para enfrentarnos en octubre. Es hora de que la militancia política kirchnerista abandone la grieta y raje de ahí. Para ganar este año, tenemos que jugar otros partidos, que no nos distraigan. Vamos por partes.


Qué era la grieta

La grieta es el nombre que le puso Jorge Lanata al recibir su Martín Fierro en 2013 a algo que llamó una "diferencia irreconciliable en la Argentina". Una división en el seno de nuestra sociedad, patéticamente identificada ese mismo 2013 por los spot "ARGEN y TINA" de Stolbizer y Alfonsín. Para el conglomerado mediático-cultural que empuja esta mirada de la actualidad, el gobierno kirchnerista sembró, a través de mentiras y relato, una escisión ficticia entre compatriotas. Se generó daño, cizaña, odio. Entonces, si la sociedad está dividida, la tarea debe ser, unir a lxs argentinxs. Macri se presentaba en campaña cerrando el círculo abierto por Lanata dos años antes.

Más seriamente podríamos decir que la operación semántica de construir "la grieta" se asienta sobre las raíces profundas del antiperonismo como odio de clase en la sociedad. Un rechazo al trastocamiento de esas jerarquías sociales que se esconden detrás de los mitos fundantes de la Argentina blanca ("todxs somos hijxs de inmigrantes", "nadie nos regaló nada", "yo me rompo el lomo y pago mis impuestos", etc.). El kirchnerismo redistribuyó para abajo, quiso joder con la renta agraria, sostuvo a los sindicatos, articuló con piqueteros, se metió con Clarín, impidió la entrada de productos importados, no te dejó comprar dólares. Eso no se hace sin pagar costos sociales y culturales en los estratos medios, por mucho que hayas mejorado sus niveles de vida.

Durante doce años gobernamos batallando: escogiendo campos de disputa, nombrando adversarios. Magnetto, la Sociedad Rural, la Corte Suprema, Stiuso, los fondos buitres. Todos factores de poder intensísimos que no van a elecciones, que no forman parte de "la sociedad" de la misma forma que usted o yo. Son ajenos al destino de la patria; siempre caen parados. 

Como contragolpe llegó la grieta. Fue la operación discursiva con la que respondió la oligarquía cuando la empezamos a desnudar. Su argumento fue que confrontábamos al pedo; que un viejito que quería comprar 100 dólares era demonizado por 678. Que está mal ser una vieja concheta de Barrio Parque, querer vacacionar en Disney, ver a Mirtha Legrand o hacerle un juicio a la ANSES porque cobrás dos mangos de jubilación. Que el problema no es Lanata, sino sus televidentes. Que el problema no es Carrió, sino sus votantes. Una operación magistral, que compramos acríticamente, porque, vamos, ¿quién no quiere bardear a las conchetas de Barrio Parque? 


El macrismo agazapado vuelve sobre sí mismo 

Cambiemos ganó las elecciones en 2015 prometiendo durazno sin pelusa. Crecimiento económico sin inflación; pleno empleo con apertura de importaciones; mayor gasto público con menos impuestos; fútbol para todos y todas pero autofinanciado; y una larga lista de etcéteras. Todas las fricciones, tensiones y conflictos que "aguantaban" el modelo kirchnerista eran innecesarias, y podíamos vivir mejor sin perder nada. Eso era mentira, y los resultados están a la vista. 

Hace un año, la revista crisis decía en un editorial que el macrismo sería orden o progreso. A abril de 2017, ya hay consenso entre el mundo del análisis político -de Morales Solá a Verbitsky- que el oficialismo ha determinado avanzar en una escalada represiva articulada con la demonización de todo conflicto como kirchnerismo residual. Así, los derechos humanos, lxs docentes, el feminismo, el movimiento obrero, los grupos piqueteros, todo todo todo es kirchnerismo. Y hay que aplicarle protocolo. Que la lucha de clases diga si es kirchnerista. 

¿Alcanza un discurso del orden y la demonización para aplacar una sociedad desbordada de conflictos sociales y económicos? No hay pelusa ni durazno, solo palo y bala. A Patricia Bullrich no le fascina este viraje estratégico, pero está dispuesta a hacer su parte 

Entonces, si todo el conflicto, si toda chispa de rebeldía, de resistencia, de movilización, de dignidad; si todo será endilgado al kirchnerismo... ¿qué hacemos lxs kirchneristas? Las advertencias de Kicillof en radio (acá desde el minuto 57), planteando que lo que hay que plesbicitar es el modelo macrista, no a Cristina, deben ser tomadas para la reflexión. 


Cómo es eso del populismo 

La fórmula populista por antonomasia en la historia argentina es "BRADEN O PERÓN". En las elecciones presidenciales de 1946, las manifestaciones públicas del embajador de Estados Unidos en la Argentina llevaron a una inteligente campaña por parte del campo peronista. De un lado, la nación argentina, del otro, la Embajada. Ese edificio blindado y gris, que se encuentra en territorio patrio, pero donde flamea otra bandera. 

Construir (contra) hegemonía política es construir un pueblo. Es ponerle nombre a aquello que representa a toda la sociedad frente a intereses foráneos, minúsculos, ajenos. El enemigo está fuera de la sociedad, no dentro de ella. La disputa es por los límites de la sociedad misma. No es lo mismo decir que el adversario es Magnetto que decir que son todxs lxs lectores de Clarín. Repetimos: no es lo mismo. 

Dice Zizek, interpretando la teoría populista de Laclau: 
La lucha de clases por la hegemonía es en última instancia la lucha por el significado de la sociedad "como tal", la lucha por cuál de las dos clases se impondrá como la representante de la sociedad "como tal", degradando así a su otro en la posición de lo no-social (la destrucción, la amenaza para la sociedad). 
En España, cuando Podemos se lanza a la competencia política, lo hace con un concepto: "la casta". Existe una casta, una clase política, cuyos intereses están alejados del 99% de lxs españolxs. Viven para reproducirse a sí mismxs, mediante la corrupción, las estructuras partidarias cerradas, la alianza con la Troika y las grandes multinacionales. De un lado la casta, del otro el pueblo español. Es por eso que fue tan complejo el debate interno podemita sobre si Izquierda Unida (ex-Partido Comunista) era casta o no era casta; debate que enfrentó a Iglesias y Errejón hasta Vistalegre 2, donde la figura de Pablo triunfó.  

Para clarificar, toda idea de pueblo debe cerrarse sobre sí misma. Magnetto y Macri no son pueblo. Pero a la vez debe ser suficientemente abierta como para permitir que la totalidad de la población pueda sentirse englobada en ella; incluso si grandes fracciones decidan no hacerlo, y apostar su suerte sustentando a la oligarquía. 

La grieta nos daña, nos ensimisma, nos aisla. Refuerza una identidad pre-constituída, cultural ("yo escucho a Dolina"), militante, ideológica. No se anima a expandirse, y sobretodo, ahuyenta a lxs recién llegadxs, y a lxs no politizadxs.


Una nueva mayoría 

Algo de estos temas, sabemos, Cristina entiende. Es por eso que en numerosas intervenciones públicas, ha reiterado exhortaciones a ampliar nuestro mensaje, a abrirnos-no a las dirigencias políticas-sino a la sociedad. 

Su primer discurso público fuera del gobierno, recordemos, fue el 13 de abril  de 2016 frente a Comodoro Py. Allí, habló largamente sobre la libertad, tema poco afecto a la militancia nacional-popular clásica, que escucha liberal y piensa en Revolución Libertadora. Llamó a conformar un frente ciudadano que exigiera al Congreso que represente a los intereses del pueblo. Mandó a la militancia a debatir con trabajadores, empresarixs, científicxs, sanitaristas, docentes, con todos los sectores que pudieran imaginarse. Y, famosamente, lanzó una interpelación: "¿están mejor o peor que en diciembre de 2015?". Simple, sencillo, abierto. No había que bardear a Bossio ("así no van a convencer a nadie"), había que preocuparse por la gente, no por las dirigencias. 

Meses después, dio una conferencia en la sede de ATE Capital, en una de sus intervenciones más ricas en lo conceptual. En un largo tramo, hizo referencia a "la grieta", pero casualmente (o causalmente) no utilizó ese nombre, sino que la reemplazó por la palabra "brecha". Reproducimos algunos párrafos: 
Quería detenerme en el tema de que durante mucho tiempo se trabajó en el lenguaje y en la subjetividad de los argentinos diciendo que nosotros, especialmente a quien le tocaba ser Presidenta de la Nación, habíamos creado una brecha en la Argentina, la famosa brecha, la división de los argentinos.  
La brecha consistía básicamente en exponer los pensamientos, la idea, el proyecto de país en el que uno piensa, en el modelo de sociedad que uno quiere: una sociedad igualitaria, equitativa, solidaria, en donde no solamente nos ocupemos de nuestras cosas sino también de los demás… y se puso en la cabeza de muchos argentinos que la brecha era eso: que se pensara diferente, que se discutiera y se debatiera, esto era la brecha, vos no eras kirchnerista, eras antikirchnerista, no eras peronista, eras antiperonista, la brecha era esa.  
Yo creo que la brecha es lo que vimos en la Plaza de Mayo, es cuando hay argentinos que no pueden comer y otros que tienen para hacer lo que se les cante, esa es la brecha.  
¿Sabes por qué? Porque en la otra brecha vos podés debatir, discutir, estás, pero en esta brecha los que están del lado del hambre, del salario que no llega a fin de mes, del comercio que tuvo que cerrar porque se fundió, de la PyME que no sabe qué hacer para pagar el sueldo a los empleados y está a punto de cerrar o echar trabajadores, de los científicos que ya no pueden tener los sueldos que tenían o el sueldo no les rinde porque no llegan a fin de mes y ya no pueden dedicarse full time como lo hacían antes a sus investigaciones…  
La verdadera brecha del país es la división de los argentinos a partir de que no se pueda acceder a los bienes, a los servicios, al derecho a ser feliz. Me parece que esa es la brecha y que se está planteando desde el propio gobierno cuando se plantean recortes salariales, tarifazos, no reapertura de paritarias. Deberíamos comenzar a decir que la brecha es eso: la división entre los grupos de argentinos cada vez más reducidos que pueden darse todos los gustos y hacer lo que se les antoje y el resto de los argentinos, que tuvieron que vender el auto, que no pueden terminar de pagar la casa, que no van a poder llevar a sus hijos a la universidad, o que tuvieron que ir a la Plaza de Mayo a buscar verdura... 
Llegando al final, justo cuando se corta la transmisión, Cristina habla de la unidad del campo popular. Y da una definición contundente: "la unidad no se va a dar por la ideología, se va a dar por el lado más concreto de los intereses agredidos." Habla CFK de una unidad defensiva del campo popular, una unidad no ideológica ni programática, la unidad de un pueblo que se encuentra en la trinchera defendiendo derechos contra quienes quieren socavarlos. La grieta, bien gracias.


Gobiernan para los ricos 

Los tiempos históricos siempre ofrecen oportunidades, para quien sabe donde buscar. CFK nos ha exhortado a construir nuevas representaciones, dar nuevos debates, construir nuevas mayorías. En lo que refiere al campo de la política, eso significa nuevas palabras. Un emergente de la etapa para explorar y explotar: el gobierno de los ricos. No el gobierno de las clases medias, del cipayaje y la tilinguería; no es el gobierno de los gorilas ni de las cacerolas de teflón. No, es un gobierno de gente que jamás vio el programa de Lanata, que piensa que Clarín es un pasquín para la gilada, que no lee diarios porque recibe informes exclusivos de las consultoras. El gobierno del 1% de la población, de los CEOs de las grandes empresas, de los tipos que en su vida compraron un sachet de leche por sí solos, esos de las cuentas en Panamá, los jets privados, los fondos de inversión. Los Bullrich, los Stanley, los Aranguren, los Blanco Villegas, los Massot, los Braun, los Macri. Los ricos, esos que no piden permiso. Machaquemos ahí.







Monday, February 13, 2017

Volver al futuro






































1. Desde Heráclito y Parménides hasta la refutación del regreso de Dolina, sabemos bien que nunca se vuelve. Veamos el tango: quien vuelve al pasado, vuelve con la frente marchita... ahora que estoy frente a tí, parecemos ya ves dos extraños... al verla allí rajé pa'no pensar.

2. En 1973, Perón volvió, pero volvió, si se quiere, al futuro. No volvió a aquello "de la casa al trabajo, del trabajo a la casa", al Estado de Bienestar obrero, a la Fundación Eva Perón. Volvió a nuestros intensos setentas, herederos de Manal, el Cordobazo, los Beatles, Vandor y la televisión por aire. Todo eso "representaba" el último Perón.

3. Más cerca, también volvió Bachelet en Chile. Volvió luego del gobierno neoliberal de Piñera, cuyo único éxito fue rescatar a los 33 mineros. Ahora bien, la "nueva" Bachelet llegó al gobierno con la promesa de universidad gratuita, reforma constitucional, y con Camila Vallejos. No era lo mismo que cuando se fue. Y tampoco le fue tan bien, que parece que vuelve Piñera. ¿Y qué significará que vuelva Lula?

4. Entonces Argentina hoy, y nuestro mantra de "vamos a volver". A vuelo de pájaro, nos animamos a decir que el kirchnerismo 2017 sólo parece poder ofrecer una restauración conservadora del orden progresista. Que vuelvan el mercado interno, las políticas de DDHH, los Repro, la paritaria nacional docente, ganarle con el sueldo a la inflación, los feriados puente y el fútbol para todos. ¿Que vuelvan Berni y Milani? ¿Que vuelva el cepo? ¿Que vuelva 678? ¿Que parte de todo tiene que volver? ¿O que vuelva todo?

5. ¿Cómo se vuelve al futuro? ¿Cómo se construyen nuevas mayorías? ¿Qué quiere decir ser mejores?

6.  En 1972, la palabra "Perón" era la negación de un régimen militar desbordado por una sociedad en ebullición. Entonces, Perón era también ese desborde, ese cuestionamiento del orden, a la vez que una promesa de otro orden --como se encargaría de decir Esteban Righi ante la policía durante la primavera camporista.

7. Laclau llama a eso significantes tendencialmente vacíos. Palabras y signos que devienen hegemónicos y construyen un pueblo. Porque los pueblos no existen. Relampaguean (como en el 2001) o se construyen (como en 1973). Todo pueblo es un acontecimiento único, irrepetible.

8. Cristina es hoy oportunidad de pueblo, no pueblo aún. El sendero de la hegemonía requiere el vacío tendencial de su figura. No puede ser únicamente el kirchnerismo y la custodia simbólica de una década ganada. Eso tiene que estar, pero tiene que llenarse de algo más. Y hay que hacer lugar.


Monday, December 5, 2016

Fe y mito en el peronismo




En el peronismo hay fe o hay mito. Son dos formas de creer, pero bien distintas.

Quien cree en un mito no duda, tiene certezas. Sabe, y por eso se siente más cómodo. El mito es dogma, y como todo dogma requiere para sostenerse un poder de policía simbólica (y no tanto), que en nuestro movimiento nacional conocemos como el macartismo.

Lxs que fuimos llegando al peronismo al calor del gobierno de Néstor y de Cristina, incorporamos como parte de nuestra "formación" política, algunas otras verdades peronistas, además de las veinte de siempre. Mitos ineludibles, contundentes, picarones.

Un mito peronista es un dato de la realidad (que es la única verdad). Es una máxima incólumne que no puede ser refutada, y que su sola alocución mata cualquier argumento. Esgrima un mito peronista si quiere chicanear con altura. El principal de ellos... el peronismo como verdad permanente de la historia argentina. Luego vienen los corolarios: la unidad del movimiento, la columna vertebral, el pueblo peronista, no hay manera de perder si vamos todos juntos, siempre estamos volviendo, los mariscales de la derrota, el que gana conduce el que pierde acompaña, etc. etc. etc.

Curiosamente, ninguno de estos mitos que conforman una serie de creencias de orden dogmático religioso, fueron formulados por el General Perón, referente máximo de la infalibilidad peronista. ¿De dónde vienen? ¿Por qué creemos en ellos? ¿Qué certezas nos confiere un peronismo que "unido" nos trajo a Menem y a Cavallo?

Lxs jóvenes trabajadorxs que marchaban pidiendo la libertad de Perón en Octubre de 1945 no tenían ningún mito en que creer. Lxs pibxs que metían caños en el 56 tampoco. La juventud que fue a buscar a Perón a Ezeiza (las dos veces), saltó al vacío movida por una esperanza. No había garantías ni seguros.

Tengo la sensación de que muchxs de nosotrxs llegamos al peronismo movidos por una fe, pero terminamos comprando mitos. Porque son más cómodos, más sencillos. La hoja de ruta está marcada, y el futuro es cierto. Y también, hay que decirlo, porque las burocracias del movimiento venden mitos a diestra y siniestra. Te compran barato y te venden mito.

Habrá quienes en esta etapa asumirán como propia y reproducirán la cómoda mitología del peronismo, y habrá quienes seguiremos saltando al abismo del compromiso político movidos por una fe que no transmite certezas.

Bien lo dice Silvio: el que tenga una canción tendrá tormentas, el que tenga compañía soledad, el que siga buen camino tendrá sillas, peligrosas que lo inviten a parar. Pero vale la canción buena tormenta, y la compañía vale soledad. Siempre vale la agonía de la prisa, aunque se llene de sillas la verdad.





Thursday, December 1, 2016

El PT y nosotrxs



Hace un tiempito traduje de onda para un compañero un texto de Valter Pomar, militante de la "izquierda del PT", para presentar en un Congreso del Partido a realizarse en octubre 2016 (donde su posición fracasó). El documento se publicó en la revista Tesis 11, y se puede encontrar completo acá.

Trasladar los debates brasileros hacia dentro del PT en clave partido político de izquierda a la discusión actual hacia dentro del peronismo/kirchnerismo en clave movimiento nacional-popular supone múltiples dificultades. Pero obviémoslas y veamos si de algo nos sirve.

Luego de manifestar su profunda crítica a la dirección del Partido, y sosteniendo que si el PT no cambia de política, está destinado al fracaso total; Pomar dedica algunos párrafos a los sectores que critican al PT "por izquierda" con intenciones rupturistas, trazando un paralelismo con la derrota popular de la izquierda brasilera pos-1964:

Todavía existe espacio para disputar y cambiar [dentro del PT]. Es un espacio que sabemos pequeño; y que depende en gran medida de que el Partido convoca a su militancia para un proceso democrático de debate, balance y formulación de políticas alternativas. Convocatoria y proceso que tendrá que ser hecho bajo el brutal ataque enemigo y que puede, al fin y al cabo, no tener éxito. No obstante, aunque disputar y cambiar sea una alternativa con pequeñas chances de éxito, las otras alternativas realmente existentes...nos llevarán a recorrer un camino similar a lo que ocurrió con la izquierda brasilera durante los primeros diez años después del golpe militar de 1964: la dispersión entre diversos grupos que tenían en común, fundamentalmente, la crítica a la línea y a los errores del PCB.

¿Qué sucederá si el PT no fuera capaz de construir una nueva estrategia? Millones de trabajadores y trabajadores que alguna vez votaron, confiaron e inclusive militaron en el petismo se dividirán. Una minoría seguirá en otros partidos y movimientos de izquierda. Una parte adoptará posiciones conservadoras. La amplia mayoría se apartará de la política activa por mucho tiempo.

En este escenario, el debilitamiento del petismo no sería acompañado del fortalecimiento de otra hegemonía de izquierda. En el futuro, con al menos una generación de intervalo, esto podría/podrá suceder. Pero de inmediato, el debilitamiento del petismo tendría/tendrá como resultado el fortalecimiento de la derecha. Y eventuales sectores de izquierda que consiguiesen/consiguieran crecer absorbiendo el ex-petismo, lo harían en un contexto de debilitamiento de la izquierda como un todo.

Es por esto, no sólo para derrotar a la derecha ahora, sino también para evitar que se “pierda una generación” (como sucedió en 1964), es necesario que el PT cambie de estrategia.


Pomar y el sector que representa (Articulación de Izquierda) le pide al PT que se radicalice, que asuma un papel de enfrentamiento al modelo neoliberal en las calles, y que abra un proceso de debate interno dentro del Partido. Por ejemplo en esta nota de estos días, explica por qué hay que defender e impulsar a Lula como candidato al Planalto pero NO hacerlo Presidente del PT.

Trasladando a nuestros pagos, es raro que casi ningún sector político que formaba parte del gobierno hasta diciembre de 2015 llama a la radicalización del kirchnerismo o de CFK. ¿No hace falta eso? ¿No faltó más kirchnerismo? ¿O sobró kirchnerismo? Este 2016, son más comunes los llamados a la unidad del movimiento nacional o a la superación de la experiencia kirchnerista por un "retorno" al peronismo.

¿Es posible una unidad sectorial y dirigencial que se construya únicamente sobre la coincidencia en las críticas a la política de Cristina Fernández de Kirchner en su último mandato? ¿"Romper" con el kirchnerismo fortalece las posturas nacional-populares o las debilita? ¿O fortalece las posiciones neoliberales?

El proyecto epocal del kirchnerismo, creemos, sigue vivo en "la gente más que en los dirigentes", como suele decir el Chivo Rossi, Pero, si las dirigencias fallan, ¿el pueblo irá adelante con la cabeza de los dirigentes? ¿O se vuelve a su casa? ¿O se "repliega"? La desmoralización, la pérdida de esperanza y el abandono de la política y la militancia son posibilidades reales si dejamos que se desintegre el kirchnerismo. Por supuesto, eventualmente "volverá" el peronismo, pero habríamos "perdido una generación". Estamos a tiempo de evitarlo, y Cristina lo sabe.