Tuesday, August 8, 2017

Contra el peronismo facilista



Vas a robarle el gorro al diablo, así,
adorándolo como quiere él, engañándolo.
Sin tus banderas
sedas de sedas
que guardan nombres en tu corazón.


¿Qué es el peronismo? O más bien, ¿qué queremos decir cuando decimos peronismo? Manso debate, inabarcable. Afinemos el lápiz. ¿Qué quiere decir en agosto 2017 la palabra peronismo? ¿Qué significa que Randazzo y Solá digan que son peronistas? ¿Qué onda Guillermo Moreno diciendo que con él podemos finalmente votar a un peronista en la ciudad? Y la última, ¿la unidad ciudadana es peronista?

Apostamos: la unidad ciudadana es política nacional y popular, por ende es peronismo; el resto es mito, facilista y malo. Lo que llamaremos la mitificación del peronismo como solución prefabricada a todos los problemas de la sociedad no sirve, no convoca, encierra y resta. La marcha y el escudo, la arenga para convencidxs, las mismas tres citas de Jauretche repetidas hasta el hartazgo, el padrón de afiliados, la mesa con el banner y la sombrilla; hay que repensar todo para cambiar todo.

Cristina, que la tiene más clara que el Diego haciendo jueguito, quiere conducir a las fuerzas vivas de la Argentina en dirección de una nueva mayoría. Mayoría, que se grabe en nuestras cabezas: MA-YO-RÍ-A, no una intensa minoría, sino una potencia transformadora que abrace y englobe a la ciudadanía toda, donde las identidades partidarias y las ideologías políticas pasan a un segundo plano, y lo que emerge es la bandera argentina.

Amar es aprender a desprenderse, dice el budismo, y por amor debemos salir de nuestra zona de confort si realmente aspiramos a reconstruir poder en la sociedad. Suponer que “el peronismo” es la respuesta a todas las aspiraciones y ansias de nuestro pueblo, que no hace falta construir pueblo porque “el pueblo somos nosotres”, son vicios que debemos abandonar para esta etapa tan crucial de nuestra historia. Basta de peronismo facilista. Hagamos política.


El mito peronista

Quien cree en un mito no duda, tiene certezas. “Yo nunca me metí en política, siempre fui peronista” dice Mateo en “No habrá más penas ni olvido" de Soriano; y quizás algo hay en esa frase que conecta a lo que llamaremos el mito peronista con el abandono de la política. Sí, el abandono de la política. Porque si el pueblo es peronista, alcanza con que unx sea peronista y lo declame para que las masas vengan marchando en su apoyo. Pero ya hemos aprendido que por mucho escudo del PJ que nos tatuemos en el brazo, las masas y los votos no vienen solos.

Un mito peronista es un dato de la realidad (que es la única verdad). Es una máxima incólume que no puede ser refutada, y que su sola alocución mata cualquier argumento. Esgrima un mito peronista y tiene asegurada la victoria argumental: “Hay que hacer ladrillos con bosta”; “el movimiento obrero es la columna vertebral”; “en todas las casas del conurbano hay una foto de Evita”; “el peronismo es invencible”; “el aparato que tenemos es imbatible”; “el que gana conduce, el que pierde acompaña”. Extraños mitos que fuimos comprando y creyendo sobre lo que es y debe ser el peronismo.

El núcleo fundamental del mito es que el pueblo es peronista, y que el pueblo no se equivoca. Por tanto, si unx es peronista, la consecuencia lógica es que el pueblo está con unx. Cantemos la marcha, comamos unos choris, juntemos a la militancia, huevo huevo huevo, Perón Perón qué grande sos, todos unidos triunfaremos.

Ese peronismo mitológico, por más que parezca muy confiado y altanero, se pone muy nervioso cuando se suma alguna fracción proveniente del radicalismo o de la izquierda al frente popular. Denuncian progres y tibios por doquier. Hay que limpiar la progresía blanca y dejar que los verdaderos peronistas se hagan cargo de esto. Casco o guante. Macartismo.

Pero no siempre hubo mito sobre el cual pararnos. Lxs jóvenes trabajadorxs que marchaban pidiendo la libertad de Perón en Octubre de 1945 no tenían ningún mito en que creer. No es que se levantaron esa mañana diciendo: “Hoy vamos a hacer el 17 de octubre”. Lxs pibxs que metían caños en el 56 tampoco tenían muchas certezas. La juventud que fue a buscar a Perón a Ezeiza (las dos veces), saltó al vacío movida por una esperanza. No había garantías ni seguros. Y hoy tampoco los hay.

Veamos que Néstor y Cristina jamás creyeron que el peronismo era la respuesta a todas las preguntas. Claro, el peronismo es siempre siempre el punto de partida, la base de apoyo, el origen de toda construcción transformadora; pero que desde ahí había que construir algo más grande. Por eso la tríada Kirchner-Carrió-Ibarra allá por los tempranos 2000. Por eso la transversalidad. Por eso las charlas de Néstor con Torcuato Di Tella sobre construir un polo de centro-izquierda y otro de centro-derecha en Argentina. Por eso Cobos. Por eso Unidos y Organizados. Por eso el alfonsinismo. Por eso Unidad Ciudadana. Algunos experimentos fueron más exitosos que otros, pero siempre estaba ahí ahí, la pulsión por desprenderse de un corset ortodoxo que limitaba las posibilidades de un gran frente nacional de transformación.

Nos animaríamos a decir, siguiendo aquella famosa tesis 11 de Marx sobre Feuerbach, que no se trata de interpretar al peronismo, de lo que se trata es de transformarlo. Eso fue el kirchnerismo. Transformar el peronismo para transformar la patria. Eso es la unidad ciudadana.


Disgresión: el intercambio Santoro - Moreno

Un momento televisivo de primarias. Guillermo Moreno se encuentra en un estudio de televisión con Leandro Santoro. Ambos comparten la primaria de la fuerza Unidad Porteña, dentro de la cual se encuentra la lista de Unidad Ciudadana, de la cual Santoro es parte. Moreno se mofa de Santoro. “No me va a venir un radical a explicarme el peronismo” dice, para las carcajadas del panel. También se trenzan en una desagradable, piantavotos e innecesaria discusión sobre si Menem sí o Menem no. Todo horrendo.

Moreno, portador de un justicialismo explícito y altanero, explica al conductor del programa y a la audiencia, que “hay un debate subyacente entre el peronismo y la socialdemocracia, un debate que debemos dar”. Nos preguntamos, de buena leche, ¿es un debate que nos debemos dar? ¿Lo relevante, lo necesario, lo subyacente es discutir entre el peronismo y radicalismo dentro del campo popular? ¿No será que a esta altura de la soireé las diferencias entre identidades político-partidarias importan poco y nada? Problemas de la gente, no de los dirigentes, por favor.

En SADOP Cristina pidió suspender diferencias políticas en pos de una nueva mayoría, y en Atlanta, junto al radicalismo popular dijo:

Siempre es importante conocer la historia. Y hay que conocerla además para entender cómo es posible que minorías a lo largo de la historia, minorías, porque siempre han sido las minorías, puedan lograr la división del campo nacional y popular, el enfrentamiento muchas veces entre los argentinos y de esta manera, pivoteando sobre estas diferencias, pivoteando sobre lo que podríamos denominar no contradicciones secundarias sino contradicciones ridículas e inexistentes, llevan agua para su molino, consiguen la división del campo popular y someten al conjunto de la ciudadanía a políticas antipopulares que finalmente culminan siempre con crisis institucionales en las cuales se retiran momentáneamente, viene el movimiento nacional y popular a acomodar lo que destruyeron y destrozaron prolijamente durante su paso por el poder, no sin antes haberse llevado todo.

Con gran tino, cuando el compañero Moreno le enrostra que un radical jamás le va a explicar a él (¡a él!) el peronismo, el correligionario le responde: “Te lo puedo explicar como argentino”. Eso, creemos, es lo fundamental en esta etapa. Construir desde las identidades precedentes, rescatando lo mejor de cada una, una identidad nueva y transformadora. Síntesis.


El pueblo (si está) no se equivoca

La propuesta de CFK de suspender las diferencias ridículas, de construir una nueva mayoría política, remite a la necesidad de construir un pueblo. ¿El pueblo se equivoca o no se equivoca cuando gana un Menem o un Macri? ¿No tiene siempre razón el pueblo incluso cuando se equivoca? Acá, como siempre, nos remitimos al maestro Ernesto Laclau que nos dice:

El “pueblo” sólo puede ser constituido en el terreno de las relaciones de representación. ...El “pueblo”, al operar en discursos populistas, nunca es un dato primario sino una construcción - el discurso populista no expresa simplemente un tipo de identidad popular originaria; él la constituye... Como resultado, las relaciones de representación no constituyen un nivel secundario que refleja una realidad social primaria constituida en otro lado; son, por el contrario, el terreno primario dentro del cual se constituye lo social. Cualquier tipo de transformación política va a ocurrir, como resultado, como un desplazamiento interno de los elementos que participan del proceso de representación.

En criollo, Laclau dice: el pueblo no existe de antemano, sino que se construye. Un pueblo, que no es otra cosa que toda la comunidad nacional enfrentada a un régimen o a un adversario anti-nacional, no siempre se logra. Si la comunidad nacional se parte, se fragmenta, se dispersa, no hay pueblo. Si no hay elemento que aglutine a los distintos estamentos de la comunidad, habrá sectores populares, habrá fuerzas populares, habrá intenciones populares, pero NO HAY PUEBLO. El pueblo se inventa, se crea, se constituye en la política. Si la política no puede producir un pueblo, entonces fracasa.

Es por eso que la pregunta “¿el pueblo se equivoca?” es una falsa pregunta. La verdadera pregunta es “¿hay pueblo o no hay pueblo?”. Si hay pueblo, no hay error.  En ese sentido, el peronismo es una herramienta de construcción de pueblo, no la herramienta de un pueblo que ya está ahí, y es peronista. Nadie nace peronista, sino que se hace. Eso es la política.


La fe ciudadana

A diferencia de Elisa Carrió, quien dice que la culpa no es sólo de los corruptos sino de quienes los votan (sic), Cristina no hace responsable a la sociedad de las penurias macristas. Nada de eso de a pagar con alegría, o yo no lo voté. No, si la derecha gobierna, es por la correlación de fuerzas, la subjetividad, los medios y, sobretodo, la estafa electoral. Pero jamás la culpa es del pueblo. En Arsenal se la escuchó a CFK compartiendo una sensación de injusticia, planteando que la Patria no se merecía el dolor y el malestar que causa el neoliberalismo. Nadie se merece esto, ni el más macrista de los macristas.

En el fondo, el problema con el macrismo no son sus votantes. Si incluso muches de elles fueron votantes nuestres en otras etapas. Esas personillas que votaron y votan amarillo son objeto de nuestro deseo, porque creemos que somos capaces de representarlas, mucho mejor de lo que lo hace Cambiemos.

El visible malestar de Vidal, de Durán Barba, de Marcos Peña, y de Macri, que critican a Cristina porque supuestamente “se esconde”, “no habla”, “no da la cara”, no es otra cosa que la desesperación de que Cristina, como dicen en Nestornautas, no hace la campaña que elles quisieran (crispada, larguera, pejotera, confrontadora), sino que hace una campaña ciudadana. No esconde su peronismo, sino que lo lleva de vuelta a sus bases: la fe en (construir) el pueblo. La bandera argentina.

Sabemos que tenemos todas en contra. Hay que ganar contra los medios de comunicación, contra la Embajada, contra los servicios, contra el partido judicial, contra el poder del Estado Nacional y Provincial. El macrismo nos quiere como la caricatura de nosotres mismes, discutiendo las estadísticas del INDEC de Moreno, Boudou, Quebracho, el contador de Cristina, Minutelli, Lopez y Baez. Nos quieren a los gritos en Intratables, haciendo piquetes, haciendo quilombo. Como dice Oscar Cuervo, hay un peronismo que le gusta a Clarín, y algunes se lo proveen. No les demos bola.

En su enorme biografía política de Patricio Rey, el colectivo Perros Sapiens, reflexiona sobre el himno ricotero “Juguetes Perdidos”. Dicen:

El robo del gorro al diablo tiene condiciones... Adorándolo, engañándolo: es decir, habitando, el disidente, de manera medio disimulada su época, con aparente adoración por los ídolos imperantes. Seres “comunes” dan el zarpazo, politicidades clandestinas. Y el robo es sin banderas. Para robarle el gorro al diablo tenés que estar liviano. Sin la carga identitaria ...Sin las banderas porque no hace falta tenerlas, porque se ocuparon de guardar nombre en tu corazón.

En estas elecciones, tenemos que robarle el gorro al diablo. Hay que ganarle al macrismo, jugando en su cancha. En la cancha de la cercanía, de los videitos, de las redes sociales, en la cancha de las campañas del siglo XXI. Para eso, no hacen falta nuestras banderas colgadas, ni nuestra liturgia, ni nuestras identidades tatuadas en la frente. Todo eso es exceso de equipaje, como el ego. Las banderas ya las tenemos en nuestros corazones, y guardan nombres. Ahora salgamos a juntar los votos que faltan para ponerle un freno al ajuste, con la unidad ciudadana.


Wednesday, July 19, 2017

Odio, optimismo, esperanza




Y ves, que esta tristeza no puede ser
que algo mejor tiene que haber
algo por donde salir a andar.
- Los Piojos


Plena campaña electoral. El 2017 será marcado a fuego como el año en que el programa de ajuste neoliberal de Mauricio Macri se consolidó o fue rechazado en las urnas. El futuro está abierto, las fuerzas políticas populares ponen todo lo que tienen al asador, y será la sociedad argentina quien decida el rumbo de la Patria. Movidito, movidito.

Y ahí está ella. Cristina, de carne y hueso, una ciudadana más que pide que no voten por ella sino en defensa propia. Las encuestas en la Provincia, habrán leído todes, le (nos) dan bastante bien. Pero ojo al piojo, no nos pongamos triunfalistas porque falta mucho para octubre, y el macrismo tiene su estrategia.

Ya sabemos, el gobierno de Cambiemos no tiene nada para mostrar. Si venden la “recuperación” del INDEC o la salida del cepo como grandes logros de gestión, es porque los números de la economía y sobretodo su impacto sobre la vida cotidiana expresan una tremenda desazón en amplios sectores de la sociedad. Las cosas andan mal, y el gobierno lo sabe. Es por esto que apuestan, agazapados, a repetir el tándem odio-optimismo que resultó exitoso en 2015.

La fórmula es más o menos así: por un lado la tríada medios-servicios-poder judicial se dedicará exclusivamente a la campaña sucia, bombardeando al electorado con causas de corrupción, megaoperativos policiales, violencia social, fotos en bolas, titulares rimbombantes; todo todo todo apuntado a la figura de Cristina, el kirchnerismo, su banda de delincuentes, sus piqueteros, sus planes, sus pobres, sus sicarios, sus mafias, Irán, Venezuela, y todo lo que pueda meterse ahí en la cadena. Por otro lado, les candidates de Cambiemos saldrán a timbrear, a filmar videitos simpáticos, a vender un optimismo bobo que pretende convencer a la sociedad que la economía está repuntando, que vamos por el camino correcto, que confiemos una vez más, que hay que reafirmar el cambio, y que sarasa sarasa sarasa qué lindo es ver todo lo que estamos logrando juntes.

Nada está dicho aún, y el rol de la militancia, sabemos, es fundamental. Pero para eso es importante que interpretemos las estrategias de campaña. Las ajenas y las propias. Y que acertemos al mensaje. Hay que llevarse puesto el combo odio + optimismo, empujando el mensaje de la unidad ciudadana para frenar el ajuste. Un mensaje fundado en el dolor, y frente al dolor las certezas, y el compromiso de la esperanza.


El odio, el miedo y la bronca

Decía Jauretche que cuando la clase media está bien vota mal, y que cuando está mal vota bien. Eso explicaría, haciendo una extrema sobresimplificación, los motivos del voto macrista 2015. CFK afirma que ganaron porque cambiaron la correlación de fuerzas de la sociedad, que lograron mostrar como “normal” algo que era anómalo, extraordinario, pero no era magia. Ahora bien, la situación ya no es igual. El programa económico cambiemita ha generado súbitas penurias económicas a las familias argentinas que son un caldo de cultivo para el dolor, la desesperación, la bronca. Pensiones perdidas, sueldos que no alcanzan, facturas impagables, desempleo sin perspectivas futuras; y si no te gusta, decí si sos kirchnerista.

Si las volanteadas militantes sirven de diagnóstico, se percibe a lxs gorilas más sacadxs que nunca. La gente que odia a Cristina está enojada, mucho más que antes. Esto tampoco fue magia. Majul, Leuco, Van der Kooy, Fernando Iglesias, Morales Solá, Laura Di Marco, y un sinfín de operadores macristas repiten y repiten y repiten: CRISTINA PRESA, CRISTINA PRESA, CRISTINA PRESA; y sin embargo, no sucede. ¿Cómo que no desapareció de la faz de la tierra? ¿Cómo que no está presa? ¿Cómo que va a ser candidata? ¿Puede volver Cristina? ¿Vuelve?

No nos confundamos, no es que Majul está verdaderamente enojado y absorto porque Macri no metió presa a Cristina, porque la “levanta” para polarizar, porque sigue midiendo. La estrategia persecutoria y represiva es conjunta; sólo juegan el juego de las diferencias porque así funciona mejor. Mantener vivo el odio, para redirigir la bronca social.

Cristina es el cuco. Así lo ha expresado Lilita Carrió, la única candidata de Cambiemos que tiene luz verde para jugar el juego del odio. De cualquier modo, la mejor metáfora sigue siendo la del editorial de La Nación en respuesta al paro general de abril:
Durante 12 años se generó, desarrolló y ocultó un tumor gigantesco en el cuerpo social de la República. Ahora que llega el momento de extirparlo, se irrumpe en el quirófano y se acusa al cirujano de crueldad, pues el enfermo lucía mucho mejor cuando aún estaba en su casa, bien diferente que ahora, con un tajo en el abdomen, respiración artificial y las crueles manchas de la sangre.
El kirchnerismo es un cáncer, un tumor a ser extirpado, y estas elecciones son cirujía mayor; la sociedad tiene que hacer un esfuerzo, bancarse el dolor sin anestesia, porque vamos, ¿quién ha visto una operación quirúrgica sin sangre ni secuelas? No puede ser fácil ni gratis sacarse de encima tanto populismo. ¡Ah, pero lo que vendrá! Con el populismo fuera de escena, con Cristina derrotada y presa, podemos soñar en grande; podremos ser Dinamarca, Suecia, Australia o Corea del Sur.

Pero no es sólo el kirchnerismo. Dice la Revista Crisis en su último manifiesto que la reacción al fallo Muiña del 2x1, incluso las últimas movilizaciones del #NiUnaMenos fueron abrazadas por el macrismo valiéndose de un poderoso consenso punitivo, meta ideológico y transclasista. Durante 12 años, mientras gobernábamos y ampliábamos derechos, se fue tejiendo ese sutil sentido común contra el piquete, contra el plan, contra los chorros, contra el otro.

Repasemos sólo en 2017 la cobertura mediática de los casos Micaela y Araceli, del recital del Indio Solari, de la represión en la 9 de Julio. Esta semana, la vergonzosa puesta en escena del “Polaquito” en el programa de Lanata es un ejemplo más del banquete punitivo del que come Macri, ahí sentado entre Feinmann, Baby Etchecopar, y otras miserias fascistas. Pero como bien dice la Crisis, ese consenso punitivo es poderoso, es meta ideológico, es transclasista. Y ahí hay mucha bronca acumulada. El desafío macrista es apuntar esa bronca contra los movimientos sociales, contra Zaffaroni, contra la militancia, contra el peronismo, contra Cristina.


El optimismo

El complemento del odio son, claro, los globitos de colores. El optimismo como prisma que permite ver el vaso medio lleno, que nos hace caminar por la vida despreocupadxs porque todo saldrá bien. Por ejemplo, en la visita de Macri a Cañuelas, donde charlando con los dueños de una parrilla, dice: “Todo eso es lo que vos lográs con tu esfuerzo...Si vos tenés un rol, y sos también protagonista de lo que se está haciendo, esto es lo que te hace sentir bien” (?).

De algún modo, el macrismo recuerda a los Refutadores de Leyendas, personajes míticos imaginados por Alejandro Dolina, en su eterno enfrentamiento contra los Hombres Sensibles de Flores:
Los Refutadores de Leyendas se alegran de la dinámica universal y esperan el futuro con impaciencia. - Saluden a los nuevos tiempos! - gritan- . El mundo marcha hacia adelante. Marchan ustedes a contramano de la historia- rugían los Refutadores [a los Hombres Sensibles] . Y era cierto. Pero siempre es recomendable recorrer la vida a contramano, sobre todo si uno sospecha quién ha puesto las flechas del tránsito.
Las fotos de Macri con extraños aparejos de realidad virtual, la gilada de volver al mundo, el cholulaje de los presidentes extranjeros, su fascinación con las empresas “unicornio” (MercadoLibre, Taringa, etc.), el boludeo con el Spinner. Marcos Peña lo repite incansablemente: el kirchnerismo es cosa del pasado, está viejo; saludemos a los nuevos tiempos, hagámonos amigos del Siglo XXI. Más profundamente, el macrismo viene a refutar otras leyendas: los sindicatos, la lucha de clases, el conflicto, el peronismo, el combate a la desigualdad, la redistribución de la riqueza, el enfrentamiento con los factores de poder. Son para el mantra cambiemita falsos conflictos, innecesarios. Con el diálogo y el consenso la Argentina puede salir adelante.

Terry Eagleton, marxista y crítico literario inglés, escribió recientemente un libro titulado “Esperanza sin optimismo”, buena fórmula para tener en mente. Dice sobre la banalidad del optimista:
El optimismo está más relacionado con la confianza que con la esperanza. Se basa en la opinión que las cosas tienden a salir bien, no en el exigente compromiso que entraña la esperanza... Un optimista es más bien alguien con una actitud risueña ante la vida simplemente porque es optimista. Prevé que las cosas van a resultar de forma favorable porque él es así. Como tal, no se da cuenta de que hay que tener razones para estar feliz. Por tanto, el optimismo profesional no es una virtud, como tampoco lo es tener pecas o pies planos. Simplemente es una peculiaridad del temperamento. “Mira siempre el lado bueno de las cosas” tiene tanta racionalidad como “hazte siempre la raya del pelo en medio” o “quítate el sombrero respetuosamente ante un lebrel irlandés”. De hecho, el optimismo es un componente típico de las ideologías de las clases dominantes… Cuanto más necesaria es la verdadera esperanza es cuando la situación es más extrema y revista una gravedad que el optimismo se suele resistir a reconocer.
La gravedad de la situación social actual es imposible de comprender para un gobierno de ricos. Cierto, seguramente miran los números del INDEC o de la UCA, pero en el fondo no les importa. Su objetivo es flexibilizar, bajar costos, ajustar y fugar. No pueden decirlo porque en la Argentina poskirchnerista, "neoliberal" es mala palabra. Entonces el optimismo, basado en entelequias como el segundo semestre, la lluvia de inversiones y los brotes verdes. Vidal sonríe, Bullrich sonríe, Macri sonríe. Sonrían que se va todo al carajo, saquemos una #AgradeSelfie.

Habla el presidente con Sergio, un votante desilusionado que, como bien resaltó Nicolás Tereschuk, ya no va al supermercado sino al mayorista (le desorganizaron la vida), y el presidente le pide tiempo. Paciencia. Que espere, que todo va a salir bien. Lo que más lo enoja a Sergio, como al carnicero de la infancia de María Eugenia Vidal, es que “se robaron todo”. Hoy estoy mal, y encima no la devuelven. Esa extraña fórmula matemática que dice que “se robaron un PBI” y que “lo que se robaron es lo que te falta”. Pero el presidente quiere que lo banquen, que lo esperen, que vean el vaso medio lleno (“¿no sentís que la inflación paró un poquito?” le pregunta a Sergio), que estamos mal, pero vamos bien.

El combo es odio y optimismo; y funciona. Cuidado, a no subestimar, que es un plan bien pensado y profesionalmente ejecutado. Nada más sencillo que burlarse de Durán Barba. Pero Cristina entendió, antes que nadie, que hacer antimacrismo a secas no alcanza. Por eso Unidad Ciudadana, por eso Arsenal, por eso Mar del Plata. Pongamos el ojo ahí.


La esperanza (sin optimismo)

Una de las claves fundamentales de la campaña de CFK en este 2017 es elaborar sobre el dolor. El 2011 también tenía algo de eso. Luego de la muerte de Néstor, la consigna en los barrios era #FuerzaCristina, la fuerza de lxs trabajadores, la fuerza de la militancia, la fuerza de la ciencia, la fuerza de la familia, la fuerza de un Pueblo.

El dolor es espinoso, porque se conecta fácilmente con el odio, el miedo y la bronca. En nuestro pueblo, en nuestras bases militantes, hay mucha bronca con Macri. Incluso los derechos que no hemos perdido en primera persona nos duelen. Nos duele el ARSAT, Tecnópolis, Milagro Sala, el PROGRESAR. Cada día se pierden derechos, y la militancia kirchnerista es la primera en enterarse y alarmarse. Pero explicarle a unx ciudadanx lo que significa la privatización de ARSAT requiere paciencia y templanza. La bronca y el enojo llevan a la desesperación, y no podemos ser militantes desesperadxs. Porque entramos en el juego del adversario, y hay que transmitir otra cosa. La tarea de la hora es sacarse la mierda y escuchar el dolor del otro.

De Arsenal a Mar del Plata hubo dos cambios fundamentales en el discurso de CFK. Primero, los testimonios en primera persona. En Sarandí, Cristina subía personas al escenario, pero hablaba en su nombre. La voz de los sin voz, o algo así. En La Feliz, en cambio, circuló el micrófono. Incluso hizo subir una trabajadora que no estaba pautada, pero que a fuerza de pegar gritos, logró llamar la atención de la ex-Presidenta. Horacio González lo describió como el "gérmen vivo de un acto pedagógico que potencialmente contenía una asamblea o un mitín de comuneros libres".

El segundo cambio fue el llamado al voto y la esperanza. Cristina pidió no votarla a ella, sino votar como acto defensivo, en defensa propia. Una suerte de voto útil. El voto ciudadano como herramienta de un pueblo para hacerse oír ante un gobierno que no escucha. También habló de la esperanza:
Si lxs ven tristes, desesperanzadxs y desunidxs, este gobierno va a hacer cualquier cosa. Por eso mi misión es darles esperanza. Una esperanza. Yo estoy en esta campaña por una sola razón, para darles fuerza y esperanza y que estén todxs unidxs. Es lo único que me mueve a estar acá, transmitirles fuerza y esperanzas y que estén todxs unidxs.
La esperanza que nace como fuerza para articular el dolor de lxs ajustadxs. Volvamos a Eagleton: la esperanza no es optimismo, aunque vayamos primerxs en las encuestas, aunque Cristina pueda ganar. La esperanza es un exigente compromiso. Dice el marxista inglés:
La esperanza auténtica debe estar basada en razones. Debe ser capaz de seleccionar las características de una situación que la hacen creíble. De lo contrario, no es más que un presentimiento, como si estuviéramos convencidos de que hay un pulpo debajo de nuestra cama. La esperanza debe ser falible, mientras que la alegría temperamental no lo es... La esperanza implica una suerte de trama o proyección, en el sentido de una articulación imaginativa del presente y el futuro.
La esperanza debe estar fundada en razones. La esperanza como "espera" no es más que optimismo; la esperanza sin acción desmoviliza, es crédula y débil; es Diego Torres. Apunta en nuestros debates el compañero @militancio que transmitirle esperanza a la sociedad es cargar demasiado sobre nuestros hombros; que lo que debemos transmitir es el compromiso, la responsabilidad de la esperanza. La esperanza es, como dijo CFK numerosas veces, la organización. Si nos ven tristes, si nos ven desorganizadxs, nos llevan puestxs.

Ese es el llamado a la unidad ciudadana. A participar, a colaborar, a alzar la voz y ser parte de una organización del porvenir. La participación popular, ciudadana, será lo que construya esa nueva mayoría futura. Porque Cristina sola no puede, no alcanza. Última cita de Eagleton:
Es cierto que el futuro no existe, como tampoco existe el pasado; pero de forma similar a como el pasado sigue vivo en sus efectos, el futuro puede estar presente como potencial. La potencialidad es lo que articula el presente con el futuro, y pone así la infraestructura material de la esperanza.
Estamos convocadxs a articular la infraestructura material de la esperanza. Sabemos que algo mejor hubo, que no fue suficiente, que no alcanzó, pero que sigue vivo en sus efectos. El empoderamiento popular, las grandes oleadas de movilizaciones que vivimos en este año y medio, son efectos de una década de derechos conquistados. Tal como las luchas de los '90 fueron las conquistas de los 2000, las luchas del presente anuncian los derechos que conquistaremos en el futuro.

El programa de Unidad Ciudadana no debe ser leído como promesas de campaña, ni como un compromiso electoral, sino como un punto de partida de todo lo que podremos empujar, desde la calle y el parlamento, en los dos años de lucha que se vienen. Las elecciones, por lo pronto, son una ventana para plantarnos y decir que NO. NO al ajuste, NO a este programa económico. Esta tristeza no puede ser. En palabras de Morales Solá: "Un triunfo de Cristina en la provincia de Buenos Aires, aunque fuere por un punto, frenaría en seco el programa político y económico de Macri". Eso sí que es motivo para la esperanza.

Wednesday, June 28, 2017

Primero el poder, después el gobierno




“A olvidarme de olvidar, a recordar lo que vendrá,
A arriesgar una y mil veces.”

Callejeros


Volver, volver, volver. El 9 de diciembre de 2015 en Plaza de Mayo se escuchó por primera vez, durante el discurso de CFK, el cantito de “vamos a volver”. Fue en ese momento un aliento, un puente que nos empujaba hacia el futuro, que nos sacaba del dolor de la asunción de Mauricio Macri como presidente. Luego se multiplicó como mantra en miles de plazas, en recitales de Fito Paez, en remeras y grupos de whatsapp. Teníamos que creer que podíamos volver, que no era todo un gran error de la Matrix, que no había sido todo un sueño, que seguíamos respirando y había que luchar. Luche y vuelve. Vamos a volver.

Bien, ya basta. No estamos en enero de 2016, sino en junio de 2017. La compañera Cristina Fernández de Kirchner será candidata a senadora en la Provincia de Buenos Aires, al frente de un nuevo espacio político llamado Unidad Ciudadana, con serias chances de ganar estas legislativas. Presentaremos batalla contra el macrismo en todas las jurisdicciones argentinas; Lenin Moreno es el nuevo presidente de Ecuador; y en Brasil, Lula vuelve al ruedo. ¿Qué significa todo esto?

Si hablamos de volver al gobierno, animémonos a decirlo, existen posibilidades reales para el 2019. ¿O no? Entonces, no seamos yeta. A esta altura del partido, repetirnos permanentemente que “vamos a volver” no es necesario, no es útil, no es estratégico. Necesitamos otras canciones, otras palabras, otros conceptos, otras herramientas para esta etapa. De eso viene hablando Cristina (quien quiera oir que oiga) y de eso queremos debatir acá, para pensar esta campaña electoral en clave estratégica. Porque no se trata de volver al gobierno, sino de reconstruir poder en la sociedad. A ser distinto a lo que se parece.


Es la sociedad, mamertos.


Si reconocemos a Cristina como conducción política, el manual dice que el rol de la militancia no es sólo seguirla, acompañarla, defenderla; sino fundamentalmente escucharla e interpretarla. Cristina Fernández jamás cantó “vamos a volver”, en ninguna de sus intervenciones públicas, y ha expresado numerosas reservas y diferencias con ese cántico. En cambio, nos ha instado en múltiples oportunidades a correr nuestra mirada de la idea de volver al gobierno, para ponerla en cambio en la construcción de nuevas mayorías, nuevas representaciones, nuevas correlaciones de fuerzas.

El acto de Arsenal, tal como fue analizado en diversos lugares, no fue dirigido al núcleo duro de votantes del kirchnerismo. Cristina salió a pescar por fuera, a interpelar mayorías no politizadas, menos permeables a su habitual oratoria que hilvana conceptos, datos duros, geopolítica, épica, humor. No era un “patio militante”, por así decirlo. Fue su primer jugada de campaña, la movida inicial; pero no mostró todas sus cartas. Por eso creemos que para comprender la estrategia de nuestra estratega, no hay que leer Arsenal aislado, sino en el marco de la mirada global de nuestra conducción.

Hemos tenido oportunidad de escuchar y leer a CFK numerosas veces desde el 9 de diciembre de 2015, y hay mucha tela para cortar. Si Cristina te habla, prestá atención. Veamos por ejemplo el documento iniciático de Unidad Ciudadana. Un texto largo, de consumo para gente politizada y militante, que CFK lanzó como una suerte de compromiso programático, enlazando diagnósticos con propuestas. En un párrafo clave, dice:

UNIDAD CIUDADANA para generar propuestas que pongan un límite a tanto dolor y fractura económica y social. Propuestas que, retomando los lineamientos de los gobiernos nacionales, populares y democráticos, incorporen los nuevos desafíos del momento histórico actual, caracterizado por el retorno continental del neoliberalismo.
Reparemos en la última frase: retorno continental del neoliberalismo. No dice que perdimos por un puntito el balotaje, si Scioli hubiera hecho sarasa, si el candidato hubiese sido pindonga; no es que el macrismo fue un “accidente” electoral, ni que si Horacio González no votaba desgarrado todo hubiera estado bien. El momento histórico actual está caracterizado por el retorno continental del neoliberalismo, y quien gobierna en la Rosada es una expresión de ese momento histórico. Asumir plenamente esa lectura política nos abstrae de la inmediatez de las redes sociales, del blooper presidencial de la semana, de las “autocríticas” superficiales, y de la ilusión de que todo todo todo se resuelve en las urnas.

En mayo, antes de su reducida gira europea, Cristina visitó el Sindicato de Docentes Privados (SADOP), donde hizo una exhortación explícita a la unidad del movimiento obrero. Sí, ese movimiento obrero que supuestamente despreciaba, ninguneaba, marginaba. Tres extractos de ese memorable discurso (prestar atención a las negritas):

“Tenemos que aprender la lección de lo que significó que por primera vez en la historia de la República Argentina, gente que sólamente había accedido a los gobiernos como acompañantes o como patrocinadores de las dictaduras llegaran por la vía democrática. Esto es porque modificaron la relación de fuerzas que tenía una sociedad. Una sociedad siempre tiene relación de fuerzas. Más allá de que unos se digan peronistas, no peronistas… Hay relaciones de fuerzas … Se agrupan partidos, espacios diferentes, que por allí tienen diferencias pero pueden limarlas, porque ante las dificultades y los problemas y las complejidades del momento necesitan superar o por lo menos suspender las diferencias mínimas para encarar la tarea principal.”
“Urge así, frente a tanta política de destrucción, no una política de oposición, sino una politica de reconstrucción. Porque no hay que ser opositor al otro. Hay que volver a reconstruir la relación de fuerzas que en algún momento permitió que el movimiento nacional, popular y democrático, que no está integrado únicamente por el peronismo, sino por sectores que inclusive no tienen identificaciones partidarias, ni tienen una identidad demasiado definida, hubieran optado en una determinada dirección.”
“Es hora de entender que la historia y la realidad de hoy indica y demuestra que solo la unidad del campo nacional, popular y democrático permitirá reconstruir lo que han destruido, reconquistar lo que nos han sacado; no para volver al pasado sino para volver más fuertes a un mundo diferente, cada vez más complejo.”

Vamos por partes:

  • Existen relaciones de fuerzas en una sociedad. Militante que aún no piense en esa clave, que empiece urgente. 
  • Solíamos tener una relación de fuerzas favorable, que nos permitió avanzar, ampliar derechos, enfrentar adversarios poderosos, redistribuir, ganar elecciones. Pero fue cambiando. 
  • El sector que representa Macri llega al poder por la vía democrática por primera vez porque lograron modificar la relación de fuerzas sociales. No es al revés. No es únicamente que Macri al ganar modifica fuerzas, sino que ganan porque las relaciones de fuerza habían cambiado, porque estábamos debilitadxs. 
  • No se trata de hacer antimacrismo (oposición), sino de volver a construir una fuerza social y política que pueda generar que las mayorías nacionales opten por el camino de la transformación, y no se replieguen a sus hogares como hicieron en el 76. 
  • La unidad del campo nacional y popular es lo único que permitirá una nueva mayoría; pero esa unidad no es una unidad de identidades similares (la unidad del “peronismo” por ejemplo), sino que debe ser una unidad de diferentes, una unidad heterogénea. Unir lo que es igual no es gran mérito. 
  • La nueva “unidad histórica” a construir, como le gusta decir a Artemio López, deberá integrar sectores que, a priori, no tienen fuertes identidades ni identificaciones. No se trata de unir radicales con peronistas, sino de unir sectores sociales agredidos. Eso fue lo que puso arriba del escenario CFK en Arsenal. Lxs trabajadores rurales, lxs cooperativistas, las Pymes, los derechos humanos, los clubes de barrio, lxs panaderxs, las personas con discapacidad. Una enorme cadena de equivalencias
  • Como los sectores a unir no tienen necesariamente identificaciones previas, las que trae el kirchnerismo en la mochila no los contiene. Por eso Arsenal fue de banderas argentinas y no banderas peronistas. Por eso en los primeros minutos, cuando la multitud cantaba “Vamos a volver", Cristina pide que muestren las banderas. Aparece del fondo otro cantito: "AR-GEN-TINA AR-GEN-TINA". CFK responde: "Ese me gusta más; Argentina para todos" (acá desde 1:29:50). 
La unidad no es siempre electoral, lo hemos dicho en otro lado. La unidad es ciudadana; es social antes que política. La escisión del sector de Florencio Randazzo, que llevará una lista “justicialista” en agosto y octubre, no debe preocuparnos. Lo que sí tenemos que tener en claro es que las personas pasan, pero los sectores sociales que expresan quedan. Podemos despreciar al Chino Navarro, pero la CTEP llegó para quedarse, y habrá que construir, más temprano que tarde, una unidad con las miles de personas de carne y hueso que rumbean por ahí.


Guerra de posiciones


Una disgresión teórica, para arrimar el bochín. Antonio Gramsci, pensador y militante del Partido Comunista Italiano, encarcelado por el régimen fascista, craneó hace un tiempo ya este tema de cómo mierda “llegar al poder” cuando estamos afuera. Veamos.

Gramsci estudiaba la historia militar, como el amigo Juan Perón, y también robó algunas ideas de ahí: guerra de movimientos y guerra de posiciones. Miraba la Revolución Rusa y trataba de pensar si ese modelo era “exportable” a dónde le tocaba a él, Italia y el resto de los países de Occidente. Algo no cuajaba: los bolcheviques habían tomado “el cielo por asalto”, habían llegado al Palacio de Invierno de forma vertiginosa. En términos militares, llevaban adelante un ataque frontal, una guerra de movimientos. Pero en Europa, la mera existencia de un partido revolucionario no parecía suficiente para llegar el gobierno.

¿Cómo alcanzar el poder del Estado en Italia? La razón de esta dificultad, planteaba Gramsci, era que las sociedades occidentales habían desarrollado en forma mucho más potente sus sociedades civiles. Había más consenso que coerción. El Estado dominaba, pero había también una dominación cultural (hegemonía le dicen) que sustentaba a los grupos dominantes. Algo de esto en Argentina sabemos.

Entonces, ¿qué hacer? Gramsci propone: para llegar al Estado, al gobierno, antes debemos conquistar posiciones en la sociedad, alcanzar objetivos intermedios que vuelquen la balanza de la correlación de fuerzas a nuestro favor. En sus palabras:

La supremacía de un grupo social se manifiesta en dos modos, como dominio y como dirección intelectual y moral. Un grupo social es dominante de los grupos adversarios que tiende a liquidar o a someter hasta con la fuerza armada y es dirigente de grupos afines y aliados. Un grupo social puede y debe ser dirigente desde antes de conquistar el poder gubernamental (ésta es una de las condiciones principales para la misma conquista del poder); después, cuando ejercita el poder… se vuelve dominante pero debe continuar siendo dirigente.
Esto es la guerra de posiciones. Para lograr recuperar el gobierno, debemos antes reconstruir nuestra fuerza en la sociedad. Una batalla cultural, que no es una dura confrontación ideológica de ideas, sino articular un nuevo sentido común, sustentado en fuerzas vivas. Sindicatos, unidades básicas, sociedades de fomento, centros de estudiantes, clubes, empresas, instituciones, movimientos sociales, frentes de salud, de jubiladxs, y claro, grandes liderazgos.

Las elecciones, a las que nos volcaremos fuertemente en los próximos meses, son apenas una oportunidad de alcanzar nuevas posiciones en la sociedad, que permitan ponerle límites al intento del gobierno de profundizar el ajuste; lo cual no es volver, pero tampoco es poco.


Algo mejor


El grito de guerra del "vamosavolver" fue un aliento de esperanza para el kirchnerismo luego de una súbita e inesperada derrota electoral. Al cantarlo y escucharlo, nos dimos fuerza para afrontar los tiempos que nos tocaron vivir. Pero se trata de un pésimo slogan de campaña. Incluso ha generado un contrahashtag (#NoVuelvenMás). En Arsenal, cuando el público coreaba “Cristina presidenta”, ella respondió:

No confundamos a nadie, no desunamos, unamos, porque lo que necesitamos es poner un límite a este gobierno en las próximas elecciones para que pare el ajuste, y las próximas elecciones, mis queridos compatriotas, son parlamentarias. Y es precisamente el diseño que el sistema político adoptó en nuestra Constitución porque en las elecciones de medio término la sociedad expresa si está o no de acuerdo con un gobierno. No confundamos ni le hagamos el juego a los que intentan confundir hablando del pasado. Claro que tenemos pasado, no nací de un repollo, el problema que tenemos es que con ellos no tenemos futuro, este es el verdadero problema: el futuro y el presente.
La esperanza está viva en el kirchnerismo. Ahora toca devolverle esperanza a la sociedad, convencer de que nosotrxs somos quienes podemos frenar la locura macrista. No confundamos ni hagamos el juego a los que intentan confundir hablando del pasado. Ojo, no pretendemos ni proponemos el olvido. Sabemos de donde venimos. Pero la nostalgia de un pasado dorado no nos empuja hacia el futuro. Nadie vota “hacia atrás”. Nos toca salir de nuestra zona de comfort y arriesgar, una y mil veces, como lo hace Cristina. El kirchnerismo debe dejar de ser kirchnerismo para llegar, no para volver. No habrá retorno sino llegada. Que será un nuevo punto de partida. Pero todavía faltan muchas posiciones por conquistar aún. A priori, ganemos en octubre.