Thursday, November 22, 2018

De menor a mayor



Por este río y sin barco 
llegaremos nadando 
la suerte no es para siempre 
tu viento de popa ya se va a acabar.

-Arbolito


Dos grandes hitos del 2018: por un lado, la desintegración del macrismo como régimen, entregado al FMI, al odio y la represión; por otro, el consenso mayoritario de la oposición de construir un gran frente patriótico con importante protagonismo de Cristina y el kirchnerismo. El 2019 se acerca con ajuste, recesión y persecución, pero también con una enorme oportunidad de ganar, gustar y golear.

Algunos melones se van acomodando, otros no tanto. Ganamos en México y en Venezuela, perdimos en Brasil. Bolsonaro fue un palazo mal, que requiere pensar estratégicamente. El escenario regional está abierto; se puede ganar o perder, todo o nada.

Dos tareas: hacia dentro, hay que disputar el sentido del frente opositor; y hacia afuera, hay que persuadir y construir una mayoría social. De menor a mayor.


La unidad de la autoestima

Hubo un tiempo donde la unidad del peronismo era la unidad de la autocrítica. Allá por 2016, "unir al peronismo" significaba que Julio Bárbaro valía lo mismo que Agustín Rossi, que Luis Barrionuevo tenía valores importantes para aportar y que Cristina era coisa do pasado. Machacarse los dedos, olvidar el kirchnerismo y volver a foja cero. Gobernabilidad, gradualismo, modernización. El peronismo se tenía que unir con las palabras y las ideas de Clarín y Marcos Peña.

Esos tiempos se terminaron. El kirchnerismo perdió las elecciones de 2017 pero ganó la principal disputa política entre 2016 y 2018. Ganó la pelea por el sentido del peronismo y la pelea por el sentido de la oposición al macrismo.

Cada día que pasa, la oposición se parece más a Cristina y menos a Macri. En el movimiento obrero, han triunfado las posiciones de la Corriente Federal. Puede ser que terminen al frente Pignanelli, Daer o Moyano; pero las ideas y los valores los pusieron Palazzo, Siley, Amichetti y Correa. Igual en el Parlamento. Se puso de moda votar que no.

La unidad se está dando desde la autoestima y no desde la autocrítica. La unidad parte de valorar lo que somos y lo que hicimos; el rumbo era y sigue siendo el correcto. Desde ese piso, se empieza a reconocer que las diferencias, los errores y las divisiones fueron asuntos menores magnificados, que ninguna ruptura fue imperdonable, ninguna discusión irremontable. 

El proceso de articulación opositor está en marcha. Daer se junta con Cristina; el Movimiento Evita se junta con Cristina; Felipe Solá se junta con Cristina; Grabois se junta con Cristina; les intendentes ya están hace rato con Cristina. Pino Solanas (¡¡PINO SOLANAS!!) va al interbloque de Cristina, y el FPV se fortalece en el Senado. Les gobernadores van a llevar un tiempito más, pero van viniendo.

En 2019 tendremos algo bastante parecido a un gran frente cívico de liberación nacional. ¿Cómo sigue la movida? Primero, debatir. El sentido y la orientación del frente político están en disputa. ¿Qué relato coronará el frente? ¿El de Grabois? ¿El de Felipe Solá? ¿O el de Unidad Ciudadana? ¿Será un relato transformador y feminista? ¿O será un relato tenue y tibio? ¿Aspiramos a grandes cambios o a pequeñas modificaciones? ¿Lucharemos por la libertad de les preses polítiques? ¿O les entregaremos porque "no hay que volver con los corruptos"? Hay todavía bastante discusiones por ganar.


Debatir todo

¿Cómo evitamos ser una bolsa de gatos? La conformación de un frente patriótico no garantiza solidez ni orientación transformadora. Puede tranquilamente ser una suerte de alianza anti-Macri que dure lo que un pedo en una canasta. Máximo Kirchner ha alertado sobre esto en numerosas ocasiones. Hay que generar una unidad racional, que sea capaz de gobernar, no sólo de ganar una elección.

Ahora que está de moda hablar la unidad, hay voces que llaman al silencio. "Che, no lo critiques que volvió"; "eh, no ves que Cristina ya no es más sectaria"; "tu jefa se junta con todes y vos seguís metiendo púa". Parece que la unidad requiere esconder debates, diferencias, argumentos. Requiere dejar de ser nosotres para ser "la unidad".

Ta, si todo es pura chicana y grito de traidor este traidor aquel, no sirve de mucho. Pero sí hay que debatir TODO, absolutamente TODO. Persuadiendo, confrontando, de buena leche. Pero nada de silencio. El sentido del frente político se lo darán quienes hablen y hagan mejor, quienes persuadan a sectores y a votantes de que SU parcialidad dentro del frente patriótico es la que tiene la posta-post para ganarle a Macri y dar vuelta la taba.

Quien calla otorga. Si no articulamos un discurso convincente sobre el financiamiento de la política, gana el "que no vuelvan los corruptos". Si no ponemos sobre la mesa un relato de sentido común sobre un orden y una seguridad ciudadana, gana el punitivismo. Hay oportunidades para ganar las discusiones, pero hay que darlas, con fuerza, con ganas, con argumentos, con estrategia.

No se trata de insultar a Grabois, al Movimiento Evita o a algún intendente, ni de chicanearlos por tal votación o tal declaración. Se trata de explicar por qué no compartimos sus posiciones y cuáles son las nuestras; por qué tuvo más sentido enfrentar al macrismo como lo hizo el kirchnerismo; por qué el kirchnerismo tiene las respuestas políticas para mejorarle la vida a la gente. Como hizo, por ejemplo, el Coco Garfagnini frente al Chino Navarro en el Cohete a la Luna.


Moderarse jamás

La otra boludez es la trampa del centro. Esa idea de que hay que "moderarse" para ganar elecciones. Que conquistar el tercio fluctuante entre Macri y Cristina requiere bajar un cambio, suavizarse, edulcorarse. Quizás eso sirva en los últimos 20 días de campaña en octubre de 2019, pero ciertamente no sirve de nada en noviembre de 2018. La disputa cultural es por quién define el "centro", quién logra acercar a las mayorías silenciosas a sus posiciones minoritarias.

Las fuerzas de la reacción están saliendo del closet. Para sumarle al macrismo, ahora tenemos: la xenofobia de Pichetto; la creación de fábulas como la "ideología de género" y "con mis hijos no te metas"; figurillas como Agustín Laje, Javier Milei, Alfredo Olmedo, Mariano Obarrio y el "profe" Espert. Un combo de neoliberalismo radical, antifeminismo cultural, y odio antipopulista. Mucho tiempo de aire, muchas redes sociales, mucha tropa riendo en las calles.

Entonces, aparecen los cantos a un supuesto silencio estratégico. "Escondan su feminismo, escondan a Julio de Vido, escondan su populismo, escondan las banderas, modérense, que así dejan de espantar". Con esa receta somos boleta. Imaginemos un juego de la soga (cinchada dicen que le dicen). Si las fuerzas reaccionarias tiran de la soga hacia posiciones antifeministas, xenófobas, racistas... ¿vos qué hacés? ¿soltás de la piola? ¿abandonás? ¿o tirás con más fuerza? Hay que redoblar esfuerzos en persuadir. No en denostar, ni descalificar, ni despreciar; persuadir. Hay que ganar las discusiones en la sociedad: aborto, migración, seguridad, todas.

Una salvedad: Cristina en CLACSO no llamó a moderarse pero sí a marcar los clivajes de la sociedad de forma estratégica. No es pañuelo verde vs. pañuelo celeste; no es rezar o no rezar; no es izquierda vs. derecha; no es cumbre vs. contracumbre. Hay que rechazar las divisiones, las "grietas" que nos impone el enemigo. Tenemos que crear nuestras propias grietas. La lucha es de toda la sociedad contra la oligarquía. Contra los poderes oscuros que no están en las constituciones ni las leyes.


Mayorías

Autoestima, disputa de sentido, definir el centro. Son tareas necesarias para hacer el pasaje que necesitamos de cara al 2019: el paso de menor a mayor, de articular minorías a construir una nueva mayoría política y social en la Argentina. 

¿Cómo se hace eso? Conectando con la gente, sus problemas, sus preocupaciones y sus anhelos. La minoría intensa gana a la mayoría silenciosa cuando la sociedad se hace las preguntas para las cuales vos sos la respuesta. 

La llave está en el sentido común de nuestra época. El sentido común de una sociedad siempre es complejo, contradictorio consigo mismo, heterogéneo; y a la vez, sencillo y simple: son palabras, ideas y conceptos que se presentan a sí mismas como una verdad indiscutible. 

Dice García Linera: la política es la lucha por la dirección del sentido común. Hay que buscar las fisuras del sentido común de nuestros tiempos, ahí donde el neoliberalismo hace agua. Gramsci los llamaba núcleos sanos del sentido común. Tenemos mucho donde trabajar: las tarifas impagables, el patriotismo anti-imperial, el orgullo laburante, la defensa de la educación pública, las ganas de consumir, la música popular, el feminismo irreverente. Y finalmente, el deseo de orden.

Se palpa la demanda de autoridad, calma y orden entre nuestra gente. Vivimos en crisis económica global desde el 2008, el ajuste arrasa nuestras cotidianeidades, la sociedad está fracturada en mil partes. Entonces, hay que poner orden, desde la autoridad del Estado, desde la política. Pero no todo orden es fascista. Hay otro orden posible: el nuestro, el del peronismo, el que supimos construir y supimos perder, el de Cristina. Hay que persuadir de que podemos ser nosotres quienes pondrán orden al caos.

Chantal Mouffe argumenta
Reconocer la importancia de propiciar afectos comunes es esencial para la estrategia populista de izquierda, ya que, como destacó Spinoza, un afecto sólo puede ser desplazado por un afecto opuesto, más fuerte del que se busca reprimir.
Nadie ordena una sociedad con tibieza. Para desplazar el odio macrista antipopular, no se puede estar a la defensiva. Basta, hay que ir al frente. Desplazar al neoliberalismo requiere contraponerle un afecto más fuerte, más potente. Seamos firmes, tengamos determinación, animémonos a plantarnos y decir lo que hay que hacer para sacar este país adelante. ¿Casco o guante?

3 comments:

  1. Excelente. Discutir todo. Marcar.nuestras propias grietas con estrategia.

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  2. Buenisimo Manu. Alguna observación nomás. Me patece que hay que evitar conceptos como "toda la sociedad contra la oligarquía " ¿ porsociedSencillamente por que la oligarquía está dentro de la sociedad. Me parece que no hay ese tal "todo el pueblo unido". Hay matices, cosas que no se juntan, naturalezas reactivas. La unidad de todes les argentines no es posible. Si en cambio una mayoria significante, activa, que da sentido y direccion.

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    1. Coincido en términos materiales con vos. Mi argumento sería que la totalidad o la unidad (la sociedad, el pueblo, el peronismo) siempre es simbólica, mítica y no fáctica digamos. Se produce un sentido de totalidad, aunque excluye partes importantes que, como sabemos, piden pista en la Embajada.

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