Friday, June 8, 2018

El pilón amarillo




Hay mucho misterio en tus ojos
y hay mucha chispa aún en tu cerebro loco
¡Pero estás hundido en tu propia herida!

Septiembre 2017, entre las PASO y las Generales, debatíamos entre compañeres en la unidad básica donde milito. Después de la foto inicial que nos dieron las primarias, como pasa en todas las unidades básicas, hacíamos cuentas, sumábamos porcentajes, pensando cómo hacer para juntar unos votitos más de cara a octubre. Charlábamos sobre los piloncitos de boletas que les fiscales cuentan en el cuarto oscuro. Estaba el piloncito de Zamora, entonces pensábamos cómo atraer eses votantes, con un discurso ético sobre la coherencia. Estaba el piloncito de la izquierda troskista, entonces apelar al voto útil. El piloncito de Lustó, significativo, sabíamos que esa gente es opositora, pero tampoco nos quiere.

Nos machacábamos la cabeza, pensando qué piloncito podíamos priorizar en nuestras acciones barriales. Hasta que un compañero, Carlos Pibe, pidió la palabra y preguntó: "¿No será que la respuesta está en el pilón amarillo?". Ese pilón que en los cuartos oscuros de la Ciudad de Buenos Aires arañaba el 50%, que parecía enorme, inconmensurable, inalcanzable. En ese momento concluímos: los votos que nos faltaban no estaban en los míseros piloncitos de las fuerzas menores. El problema era el tamaño del pilón amarillo. 

El problema sigue siendo, hoy en 2018 y de cara al 2019, el pilón amarillo. Ni globertos, ni gorilas, ni globoludos, ni manipulados, ni desclasados. Argentines. Ciudadanes de a pie, que no conforman el núcleo duro antipopular del viva-el-cáncer ni de muerte-a-la-kretina. Los sectores volátiles, blandos, despolitizados, que no están a las 3 de la mañana mirando una sesión del Senado por streaming; que no saben quién es Christine Lagarde ni entienden un chiste sobre las chocoarroz de Dujovne.

Sí, ya se. 37% (UC) + 11% (FR) + 5% (Cumplir) = 53%. Hay buenos motivos para pensar cómo se articulan las distintas oposiciones de cara a lo que se viene. Pero nada de eso será suficiente si no sacudimos el pilón amarillo. La militancia de base kirchnerista, esa que no aparece en ningún análisis político de los que circulan, ni se cuenta en los cálculos de nadie, es la clave para darlo vuelta.


Pescando en pecera ajena

Estamos de algún modo, todes hundides en nuestras propias heridas. El kirchnerismo hundido en su propio éxito. La derrota del kirchnerismo en 2015 de algún modo es la prueba de su verdadero triunfo; salimos del infierno, salimos del purgatorio, recuperamos la patria, y la sociedad nos dio la espalda. Dijo en algún momento un bloguero: la clase media es el hecho maldito del país peronista. 

También están hundides en su propia herida aquelles que votaron a Macri. Las grandes masas trabajadoras y ciudadanas que en el balotaje de 2015 apostaron al "cambio", quizás un poco por hartazgo, quizás un poco por odio, quizás un poco para ver qué onda.  Empresaries PYME que se quejaban de los impuestos, trabajadores sindicalizades que pensaron que no iban a pagar más ganancias. Hay mucho misterio en los ojos de esa gente, mucha chispa en su cerebro loco.

El polemista Artemio López ha escrito que el voto peronista antikirchnerista (expresado en opciones como Massa o Randazzo) difícilmente se entusiasme por una opción que incluya al kirchnerismo, porque su rechazo es duro e ideológico. En cambio:
Los votos que necesita la oposición expresada en Unidad Ciudadana y organizada en torno al liderazgo de Cristina Kirchner para competir con chances en 2019, están entre quienes en 2015 y 2017 optaron por Cambiemos en mucha mayor proporción que entre aquellos electores que acompañaron entonces opciones pan peronistas no kirchneristas cuando no francamente anti kirchneristas.
Yo no soy consultor ni encuestador así que no puedo opinar sobre la veracidad o falsedad del argumento. Ni tampoco descartaría los famosos "votos peronistas" que supuestamente perdimos. Lo interesante de la idea de Artemio es poner la lupa sobre los amplios sectores de la población que no piensan en política todo el día. La militancia puede llegar a esos recovecos de la sociedad con acciones barriales, pintadas, afichadas, performances, volanteadas, juntadas de firmas, reivindicaciones gremiales. Porque sabemos que las redes sociales tienen sus limitaciones (la grieta es un algoritmo), y que los medios de comunicación patean en contra.

Sigamos con la patria consultora. Un reciente estudio de Ricardo Rouvier se encarga del arrepentimiento electoral. Quienes votaron a Macri en el balotaje en 2015 y ahora se quieren matar. ¿Cuántos son? Es el 31%, casi un tercio, un montonazo. En su mayoría jóvenes y con menor nivel de escolarización. Lo votaron ayer pero hoy no lo volverían a votar. Hay otro 18% que duda, que no sabe si repetiría, y otro 51% lo volvería a hacer. Si hacemos el cálculo por el general de la sociedad nos da un voto afirmativo del 25% (lo que sacó en las PASO de 2015), y un voto proyectado, suponiendo que quienes dudan se dividen miti-miti, de 34% (lo que sacó en las Generales de 2015). El pilón amarillo está en movimiento, y hay que abrirles los brazos a quienes estén pensando en cambiarse de pilón.


Sus razones tendrán

El filósofo Baruch Spinoza allá por Holanda en el Siglo XVII ya decía: non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere. Las acciones humanas no deben ser burladas, ni denostadas ni detestadas sino comprendidas. Quien votó a Macri debe ser comprendido, en las dos acepciones de la palabra. Comprendido en tanto que debemos hacer el esfuerzo intelectual por entender los motivos que le llevaron a creer en el macrismo; y también comprendido en tanto el esfuerzo militante de tener empatía. No burlarle, ni denostarle, ni detestarle. "Yo te entiendo che, creíste en el cambio".

En aquel mítico Comodoro Py de abril de 2016, cuando Cristina habló ante todes nosotres que fuimos en caravana a verla y sobre todo escucharla, en un momento nos retó. Cantaba la gente contra Diego Bossio, pero CFK frenó en seco: "Así no van a convencer a nadie". Por supuesto no se refería a que teníamos que convencer a Bossio. Insultando, me parece que nos quiso sugerir, no vamos a convencer a la gente que tenemos que convencer. A la gente que nos falta convencer. Por eso, aflojemos con los insultos y pensemos cómo se hace para convencer.

Vieron que Cristina enfoca bien siempre sus cañones. Nunca contra les votantes, nunca contra la ciudadanía, nunca contra la gente. Les desafío que encuentren UN gesto u ademán de Cristina contra quienes votan amarillo. Enemigos de la patria y del pueblo son Macri, Magnetto, Mindlin, los Caputos, la Sociedad Rural y Ladrónima. Nunca el pueblo es enemigo de sí mismo, incluso si se equivoca, o si ni aparece.

Dice Cristina en el Senado, el gobierno miente descaradamente porque cuenta con impunidad mediática. Dicho así, todo bien. Pero cuando empezamos a hablar de manipulación, de engaño, de que la gente compra globitos de colores, que le llenan la cabeza de mierda con la Intratable TV Führer, ahí caemos como el culo. A nadie le gusta que le digan idiota. Si a mí viene alguien y me dice que me están manipulando, y que no la veo porque soy un desclasado, un ignorante o simplemente un boludo... no se si me cae muy bien que digamos. Mucho menos me predispone para que me digán qué votar el año que viene. Distinto es hablar de estafa electoral, como lo hace Unidad Ciudadana. La sociedad votó por una cosa, el gobierno te caga y en vez de darte esa cosa te saca otras.

Separemos paja de trigo: hay un núcleo duro de apoyo macrista que no vamos a poder conmover; y sinceramente tampoco necesitamos hacerlo. Quienes odian, quienes gozan con el sufrimiento ajeno, quienes piden sangre kirchnerista; no son de nuestro interés. Podemos ganar sin sus votos. Pero el pilón amarillo tiene bastante más que eso. Tiene una gran parte que le entró el optimismo del sí se puede, que le sedujo la idea del cambio en 2015, y en 2017 le dio un changüí al Mauricio a ver si encaminaba la cosa. Esa gente que ya no puede pagar los tarifazos, que vio como a sus abueles les bajaban la jubilación, que escucha "FMI" y tiembla, que teme perder el laburo porque hay rumores de telegramas que vienen. Esa parte del pilón tiene que ser nuestra.

Se suele decir que el kirchnerismo tiene que "volver a enamorar". Pero el amor, bien sabemos, es un proceso mutuo, de ida y vuelta. No alcanza con amar a Cristina, a Perón, o amar un proyecto de país. La militancia debe amar a su patria, y como enseña el peronismo, en esta patria lo mejor que tenemos es el pueblo. Debemos enamorarnos de nuestra gente, incluso de la que no nos vota; especialmente la que no nos vota. Porque el amor con amor se paga. 


Se mueve el avispero

Luego del veto presidencial a la ley de #TarifasJustas, circuló por whatsapp una convocatoria a cacerolear a las 20hs del jueves 31. Si hay veto hay cacerolazo, algo así. ¿Sucedería? ¿Volveríamos a tener una manifestación espontánea tan bella e inesperada como la de la noche del 18 de diciembre de 2017? ¿Estaba la sociedad al borde de la explosión? ¿Se venía el estallido?

No sucedió. Hubo alguito de protesta en algunas esquinas emblemáticas de la ciudad, pero casi insignificante. Quizás fue la lluvia, quizás porque junio no es diciembre, quizás porque no es lo mismo protestar la sanción de una ley mala del gobierno que protestar a favor de una ley buena de la oposición. El hecho es que no sucedió.

Ahí aparece la bronca, el malestar. El pueblo manso, qué le pasa a la gente que no se despierta, que la historia se repite. Podemos insultar, enojarnos, despotricar, burlarnos, denostar, detestar. Quizás un rato nos hace falta. Pero después, cuando se nos pasa, hay que volver a pensar y a actuar. Porque aunque no se note, se está sacudiendo el avispero.

Por momentos es imperceptible, pero si mirás atentamente vas a ver que tu tía ya no defiende a Vidal, que en la cola del supermercado se habla más de las tarifas que de Nisman, que hay bronca, cansancio, preocupación. Cuando explicás por qué pasa lo que pasa en un cumpleaños familiar, te escuchan un poco más; a veces te encontrás ganando una discusión sobre economía que ni siquiera empezaste vos. Ya no sos el goma que quiere hablar de política todo el tiempo; ahora te preguntan qué pensás. Son síntomas de un cambio de etapa, y hay que aprovecharlos.

Por el lado de la militancia organizada, 2018 viene muy muy intenso. Hay posibilidades de acción política por todos lados, quizás como nunca antes. Cada barrio, cada sector, cada manzana tiene algún quilombo donde se puede dar una mano. A medida que se despliega el ajuste y el gobierno pierde apoyo social, florecen mil oportunidades de militancia. Los conflictos abundan. En las reuniones militantes se multiplican las ideas y las propuestas. Lo que pasa, sinceramente, es que no nos dan los brazos. No somos suficientes para la enorme tarea por delante. No podemos hacer más, tenemos que ser más. 

Si estás leyendo esto, sos kirchnerista y no militás activamente, se te acabó el tiempo de descuento. Es ahora o ahora. Te necesitamos porque la podemos dar vuelta, y la llave la tenés vos. Sos vos. Vení como puedas, como te salga, aportá lo poquito que te dé, pero aportalo. Quizás es una pavada, una horita por semana, un ratito los findes, alguna tareita específica. Pero te necesitamos cumpa, y no hay tutía. Estamos dando grandes batallas por el sentido común: la legalización del aborto, el tarifazo, el descalabro del dólar, el acuerdo con el FMI. Campos fértiles para comer del pilón amarillo. Luche en el 2018 que el 2019 será suyo.


Thursday, May 17, 2018

Organizar, actuar, articular, representar




Nada es inalterable
nada es definitivo
-Attaque 77

Cuando miramos la política como una foto, nos deprimimos. El techo de Cristina, la invencibilidad de Durán Barba, el quietismo de la CGT, el gorilismo de la clase media. Si sacabas una panorámica en noviembre de 2017, después de dos años de ajuste con la derrota electoral al hombro, te querías matar. Pero la política son procesos, las cosas cambian. Todo se mueve, para bien o para mal, pero se mueve.

Primero lo primero: hay una etapa política que se terminó y una etapa política que comienza. Ha cambiado la correlación de fuerzas. El gobierno desespera en el presente y duda sobre su futuro. Entonces levanta todos los teléfonos posibles (Monzó, Sanz, Trump, FMI, BlackRock, peornismo gobernable) y convoca un Gran Acuerdo Nacional para el Ajuste, Lanusse-style. El kirchnerismo, fiel a su pasado y firme en el presente, se encuentra en condiciones de ofrecer futuro una vez más. Pasamos de la resistencia defensiva a la confrontación antagónica. Desaparecidas las callecitas del medio, se clarifica el panorama. Un pasito palante. ¿FRECILINA?

El momento en que Mauricio Macri dice "Fondo Monetario Internacional", todo cambia. Es cierto, ya había aparecido Cavallo, y el dólar volaba por las nubes; pero animarse como presidente a poner en pseudocadena nacional esas tres palabras, provoca un sacudón. Cuando Cambiemos dice "FMI" se reinserta en la memoria popular argentina, vuelve lo reprimido. Ahí está el macrismo desnudo con Menem, con De La Rúa, con López Murphy, con Anoop Singh y Anne Krueger, con la pizza con champán, el grupo sushi, el corralito, el megacanje y el blindaje. Rodeado de viejos vinagres, todo alrededor.

Así las cosas, todo cambia, todo se sacude, todo se tambalea, todo salvo una cosa. La única constante, lo único que permanece en el tiempo incondicional, lo único previsible, ha sido el kirchnerismo, paradito en el mismísimo lugar desde el 10 de diciembre de 2015, y teniendo razón en todo. Incluso desde antes, desde la profética campaña del miedo que acompañó la candidatura de Scioli, avisando que este momento iba a llegar, explicando por qué iba a suceder, y proponiendo un camino alternativo. Mientras todo el resto de la política desespera, especula y recalcula, la tarea kirchnerista es seguir caminando por el sendero en el que venimos, pero un pasito palante. Vistámonos despacio, que estamos apurades.


Desgobierno

Hace un mes masomenos Cristina le dio una entrevista a Rafael Correa en RT. Entre las múltiples definiciones y magias que tiró, hubo una que rebotó en medios y redes por su contundencia. Dijo: "Los proyectos de Macri y de Temer van a fracasar". Así nomás, sin pelos en la lengua ni giros retóricos. Los gobiernos neoliberales tienen un futuro catastrófico por delante. Cristina lo dice con confianza, con certeza. Porque no es azar. No hace falta ser adivine para avivarse, pero sí hace falta ovarios para plantearlo en voz alta.

La crisis financiera de estas semanas es la consecuencia del desgobierno neoliberal. A la inversa del kirchnerismo, el proyecto de Cambiemos es quitarle poder a la política, y dárselo a la economía, a las corporaciones, al capital. Y como bien plantea Ana Castellani, las elites económicas argentinas son incapaces de gobernar. Entonces ya no es el Banco Central quien define el precio del dólar ni la tasa de interés de las LEBACs, lo define "el mercado". No es tanto que Macri gobierna para los ricos, sino que le entrega el gobierno a los ricos, entonces los ricos gobiernan a través de Macri. Y los ricos no saben gobernar, no desean gobernar, no pueden gobernar. Entonces, el gobierno como tal es una ilusión, no existe.

Dice también Cristina en la entrevista con Correa una cosa más. Macri y Temer van a fracasar, pero cuando lo hagan, el neoliberalismo ya tiene preparada la solución: cambiar las caras. Culpar a les gobernantes, a les polítiques de turno; decir que fueron corruptos, que aplicaron mal el programa neoliberal, que no lo aplicaron lo suficiente, que les faltó sensibilidad, que tomaron decisiones equivocadas... y entonces cambiar esas caripelas por otras. Ahí están las figuras de recambio: Vidal en el oficialismo, Massa y Urtubey en la "oposición".

Más allá de lo insostenible de la bicicleta financiera y el modelo económico macrista, el ajuste sólo se acabará cuando el pueblo diga basta. No pueden ponerle un freno ni Cristina, ni el Chivo Rossi en el Congreso, ni Kicillof, ni Camaño ni Nico del Caño. Sólo lo puede frenar el pueblo que, como sabemos, aparece en las calles y en las urnas. Por el momento tenemos destellos de pueblo, destellos de malestar que empieza a manifestarse. La caída estrepitosa de la imagen del gobierno, de su gestión y de sus figuras no encuentra piso. Todas las encuestas les dan como el culo. En tanto la grieta se desplaza definitivamente del viejo clivaje K/Anti-K a un clivaje oficialismo/oposición, los números empiezan a decir que Cambiemos puede perder las elecciones de 2019. Porque cambió la correlación de fuerzas. 


Bipartidismo y mercado electoral

OK, cambió la correlación de fuerzas, y continúa en movimiento: el gobierno pierde adhesiones y el terreno se muestra propicio para hacer política opositora. Lo que se nos impone inmediatamente es el debate sobre "la unidad del peronismo". Si nos organizamos, ganamos todes. Macri está haciendo mierda todo, basta de egos, basta de diferencias, basta de chicanas. ¡A juntarse!

El discurso de la unidad berreta plantea dos zonceras: el bipartidismo y mercadismo electoral. El bipartidismo es suponer que hay dos partidos en Argentina: el peronismo y el radicalismo. Esto a su vez supone que el peronismo es una cosa, que está artificialmente separada y naturalmente debería unirse. Como si cualquier diferencia con Pichetto, Urtubey o Campolongo fuera simplemente producto de un malentendido. 

Por otro lado, el mercadismo electoral. Acá la idea sería que las construcciones políticas son como la creación de un producto para el mercado. Que la ciudadanía elige representantes como elige una pasta dental, un celular o un lavarropas. La política es un mercado donde distintos productos compiten por los votos. Entonces, se supone, hay que tener el mejor producto posible y el mejor marketing para venderlo. Hay que converger para concentrar el mercado opositor, hay que parecerse un poco a la competencia para poder robarle clientes. Otra forma de la colonización de la economía sobre la política. 

Por suerte, y gracias a dios, la política no es esto. En la Argentina (y en el mundo) lo que vale no es el bipartidismo, sino la existencia muy real y muy inevitable de dos proyectos políticos contrapuestos: el proyecto neoliberal y el proyecto populista. Eso es todo. El límite para nosotres, que somos populistas, es Macri pero es más que Macri, el límite es el neoliberalismo, cualquiera sea su cara.

Que no se nos malentienda, creemos en la unidad opositora, creemos en construir un frente lo más amplio posible, pero las cosas no son tan sencillas, ni se agotan ahí. Porque la política no es un mercado electoral. La política es la confrontación de fuerzas sociales, la articulación de voluntades, la disputa entre pueblos y antipueblos, entre ciudadanía y corporaciones. No es que elegimos estas palabras porque nos parece que miden bien y quedan bonitas, sino porque efectivamente creemos que explican la realidad mejor que los manuales de la ciencia política liberal.


El bloque histórico

Dice Máximo Kirchner en un encuentro reciente en Quilmes:
"Cuando uno quiere ganar de cualquier manera, puede pasar que se pierda de cualquier manera. Y de ahí no se vuelve. Debemos construir la victoria"
Plantea acá el compañero una distinción fundamental entre un triunfo (ganar) y una victoria. Alerta que si nos vestimos rápido, si nos apresuramos, aquello que armemos puede ser fácilmente derrotado y luego desarticulado. Hace unos meses, con el radicalismo popular, apunta hacia el mismo lugar:
Algo que tiene que ser puntal y base para cualquier unidad que pretenda gobernar la Argentina debe ser que una vez en el gobierno esa unidad no se desintegre bloqueando la oportunidad de aplicar las políticas por las que fue votado. Y creo que muchas veces tenemos que tener en cuenta estas cosas... 2007-2011, 2011-2015, alguna cuestión particular que deberíamos entender en los armados incluso. Cuando sucede el conflicto con el sector agrario, lockout patronal, inició Cristina la pérdida también de la mayoría en el Congreso. Era un armado muy amplio que incluía a muchos sectores del PJ que no están y que incluía gran parte del radicalismo en la figura de Cleto Cobos. Sin embargo, ese armado amplio que incluía vastos sectores ante el primer conflicto, a meses, no más de 100 días de haber asumido la compañera, hizo que gran cantidad de diputados abandonaran el bloque e incluso se llevaron el vicepresidente también... Entonces, la unidad es algo que debemos trabajar de manera seria, y no como una cuestión solamente de "ganar", de "vamos a ganar". Hay que construir una unidad política. Esa unidad política tiene que ser parte de una construcción política, porque va a enfrentar a una construcción mediática...
El argumento es sencillo. No se trata de unir retazos de representación política, de juntar los votos de este con los votos de aquel. Las transformaciones que necesitamos realizar requerirán sujetos sociales y políticos que las sustenten. Si llegamos al gobierno cagando aceite, no vamos a durar ni tres días. ¿O no pasó eso con la Alianza en el '99? Menem era tan pero tan malo que había que juntarse todes para ganarle, a cualquier costo. Bueno, a cualquier costo no. Si pretendemos ganar de cualquier manera, perderemos de cualquier manera.

Cuando Máximo dice una unidad política que sea parte de una construcción política, parece aludir a la vieja y siempre vigente idea marxista del bloque histórico. Concepto central en la obra del comunista italiano Antonio Gramsci (a quien dicen que estuvo leyendo el Chino Zannini durante su prisión política), la idea de bloque histórico implica una articulación concreta de diversos sectores, una síntesis entre procesos económicos, sociales, culturales y políticos que pueda construir una (contra)hegemonía. En palabras de Gramsci:
La estructura y las superestructuras forman un "bloque histórico", es decir que el conjunto complejo, contradictorio y discorde de las superestructuras es el reflejo del conjunto de las relaciones sociales de producción. De ello surge lo siguiente: sólo un sistema totalitario de ideologías refleja racionalmente la contradicción de la estructura y representa la existencia de las condiciones objetivas para la subversión de la praxis. Si se forma un grupo social homogéneo al 100% por la ideología, ello significa que existen al 100% las premisas para dicha subversión, es decir que lo "racional" es real activa y actualmente. El razonamiento se basa en la reciprocidad necesaria entre estructura y superestructura (reciprocidad que es, por cierto, el proceso dialéctico real)
Para el autor italiano, un proyecto político implicaba una reciprocidad entre estructura y superestructura. Estructura era la economía, las relaciones de clase; y la superestructura se dividía en dos: la sociedad política (Estado) y la sociedad civil. No podía haber un proyecto contrahegemónico sin una articulación en cada uno de esos niveles: estructura, sociedad civil, sociedad política. Más aún, para Gramsci el Estado es lo último que se conquista. Si construía un bloque histórico, el Partido Comunista podía dirigir la sociedad italiana incluso antes de llegar al gobierno.

Salvando las enormes distancias conceptuales y contextuales, Máximo parece aludir a la necesidad de construir algo mucho más sólido que una unidad de dirigentes peronistas. Necesitamos construir un bloque histórico que sea capaz de llevar adelante las transformaciones necesarias para terminar con la crisis neoliberal y avanzar en un sendero de autonomía y liberación nacional. Desde la construcción política, convocar a una unidad política abierta y mayoritaria, en torno a un programa.


Organizar, actuar, articular, representar

La construcción del bloque histórico tiene mucho más que ver con la sociedad civil que con la sociedad política, mucho más que ver con actores sociales que con estructuras políticas. Cuando en 2017 Cristina lanza su campaña de Unidad Ciudadana, recordemos, subía a sujetos sociales al escenario, y mandaba a les dirigentes a la platea. Era un mensaje para afuera y para adentro: si queremos volver a gobernar para el pueblo, debemos construir desde el pueblo. Si se mira en cualquier semana la agenda de CFK en el Instituto Patria, se verá que se privilegia las reuniones con sectores sociales muy por encima de las fotos con dirigentes. Familiares de Malvinas, sindicalistas, rectores universitaries. Desde la sociedad, hacia la política.

En este contexto turbulento, el kirchnerismo no debe distraerse de las tareas que viene exitosamente realizando desde el 10 de diciembre de 2015. Hasta ahora, hemos tenido razón profética sobre el destino del macrismo, y venimos dando batallas importantes de sentido en conjunto con la sociedad: los derechos humanos, el tarifazo, el ajuste, los derechos laborales, el saqueo jubilatorio, la ciencia, las luchas feministas, la persecución política... la agenda que abarcamos es inmensa. Es decir, venimos politizando a la sociedad, politizando el ajuste, construyendo ladrillito por ladrillito los cimientos de un bloque histórico por venir. 

Dice Máximo en Florencio Varela:
Me puse a pensar ... cómo funciona un reloj. Quizás ustedes cuando puedan ver a algunos de nosotros, somos la parte más visible del reloj. Jetones le dicen algunos a veces. Que nos toca hablar, llevar la pelea. Para que ese reloj dé la hora exacta, ustedes tienen que organizar sus fábricas, tienen que organizar sus barrios, tienen que hablar con cada trabajador y cada trabajadora, con cada vecino y con cada vecina para poder  construir y darle el volúmen necesario a la fuerza política que sea capaz de  interpretar y llevar adelante los sueños de un pueblo entero como lo supo hacer. Para que ese reloj dé la hora, la participación de ustedes es condición sine qua non. 
Funciona el reloj cuando funcionan todas sus partes, y la dirigencia política es sólo la parte más visible. Ni siquiera es la más importante. El llamado es al trabajo de base, de organización desde cada fábrica y cada barrio. Porque bien sabemos, en todos lados hay quilombo. Hay dificultades y demandas por doquier. El proceso es cuádruple:

1) organizar ciudadanía en torno de cada demanda, juntar a la gente, otorgarle herramientas para la lucha, diseñar y ejecutar estrategias en función de cada necesidad, en función de ganar cosas;

2) actuar en tanto realizar acciones que visibilizan las problemáticas, en tanto perfoman los conflictos, y así logran quebrar el cerco mediático de que todo anda joya en macrilandia, como se hizo en el Conurbano con las audiencias populares contra el tarifazo, o como les pibes que escracharon a Larreta con la UNICABA;

3) articular entre sí cada una de las demandas sociales, arrimar y amuchar sectores afectados, otorgar relatos que permitan ver los hilos conectores entre cada problema, explicar por qué "todo tiene que ver con todo";

4) representar desde los distintos lugares que hemos alcanzado en las urnas, construyendo una unidad ciudadana que arranca desde la organización pero que encuentra en las instituciones la vía para canalizar los conflictos, una fuerza política cuyas caras visibles son puestas al servicio de problemas reales.

Un bloque histórico, que es simplemente una forma rebuscada de decir "un pueblo", se enhebra en la permanente retroalimentación entre organización, acción, articulación y representación; y logra una victoria. Si la construcción política es genuina, la unidad se va a dar sola, quienes se fueron sin que les echáramos, volverán sin que les llamemos. Un pasito palante, que venimos bien.

Saturday, April 7, 2018

Cristina es el programa






Creo en tu estrella, en aquella que busco 
en mi sueño mejor 
para poder luchar
- Callejeros 

Argumento A:
Ganar, ganar, ganar, ganar, ganar. Hay que unirse para ganar. Todo por ganar. Si nos unimos todes le ganamos a Macri en 2019. No importa cómo, hay que juntarse, amontonarnos, dejar de lado las diferencias, mirar hacia el futuro, armemos una PASO, el que gana conduce el que pierde acompaña, todes adentro y listo. Hay que tragar sapos, los ladrillos se hacen con bosta, BOSTA, ¿o no leíste a Perón?

Argumento B:
Sin Cristina no se puede, con Cristina no alcanza. Sí, claro, saca un montón de votos; ¿pero no viste la imagen negativa? Tiene un techo bajo, muy muy bajo. No puede ser candidata, si va ella perdemos por paliza. Cristina tiene que autoexcluirse, guardarse, esconderse, hacer un fade-out de la política. Si Cristina se corre del centro, se cae el verso de la pesada herencia y se ve el desastre macrista. Las masas despiertan y ganamos de taquito.

Parecen dos argumentos distintos pero son el mismo. EL MISMO. El problema en ambos, claro, es Cristina y el kirchnerismo. El sectarismo kuka que impidiría la unidad. Cristina que roba protagonismo. La tozudez de no aceptar que los tiempos cristinistas pasaron; que estuvieron plagados de errores y excesos. Ya fue loco, no vuelven más, aflojen, dejen de ser tan cerrades; aprendan que son una partecita chiquita, muy chiquita del campo popular; que si siguen así Cambiemos gobierna hasta 2050.

Lo que se nos pide, al fin y al cabo, es que nos dejemos de joder. Cristina y les kirchneristas, todes. Que bajemos las banderas y nos dejemos conducir (aunque no estaría claro quién nos conduciría y hacia dónde). Porque somos un problema. Bah, básicamente Cristina es el problema. No la persona Cristina, sino el proyecto y el programa político que representa. Las tensiones que implica, los adversarios que nombra, la posición geopolítica. Esas cosas incomodan a grandes sectores del peronismo, que prefieren silbar bajito y no enojar a nadie. Por eso persiguen a Cristina y no, ponele, a Massa o a Randazzo.

Entonces, lógicamente, discutir la persona Cristina es un engañapichanga. Hay que ir al hueso, al nudo de la cuestión. Lo importante en este momento, para quienes somos kirchneristas, peronistas, y de Cristina, es hablar de un programa. En nombre de Cristina, digamos programa.

El programa es Cristina; Cristina es el programa. Ya lo dijimos alguna vez, el candidato es el proyecto, je. Por que lo que importa es el programa antineoliberal y la voluntad de enfrentar al poder real que encarna la compañera. Creer en Cristina es creer en su estrella, en las cosas que nos enseñó, gobernando, conduciendo, construyendo; todo eso que nos hizo buscar en nuestros sueños mejores, para poder luchar. Seamos Cristina empujando un programa.

Planteemos un acuerdo programático serio, transformador, que encare los grandes problemas de la época. Un programa que guíe las luchas del 2018, que articule una oposición, y que proponga un futuro distinto a la sociedad. La pregunta para Pichetto, Solanas, Solá, Bregman, gobernadores, intendentes, sindicalistas, organizaciones de todo tipo no será "¿usted acuerda en hacer la unidad con tal y tal y tal?" sino "¿quiere usted caminar codo a codo para construir futuro en base a este programa político?". 


El poder juega

Algo importante a tener en cuenta para arrancar: el poder juega. El imperio, Clarín, la oligarquía rural, Stiusso, Techint, los bancos, los grupos económicos, las constructoras. Todos esos sectores que componen el bloque de poder que sostiene a Macri, también juegan dentro del peronismo y la oposición. Ah, y también juega el gobierno. Chocolate por la noticia.

Vimos estos días el patético encuentro impulsado por Miguel Ángel Pichetto en Gualeguaychú. Eso es el poder jugando. El perdonismo (el peronismo que pide perdón por su pasado kirchnerista) de Pichetto, Bossio y Urtubey es básicamente esto: un peronismo antiperonista, un peronismo que pretende excluir y esquivar todo debate sobre el potencial transformador del peronismo kirchnerista. Dividir al movimiento, extirparle toda potencia. 


La contracara de Gualeguaychú fue San Luís. Ese encuentro hace unas semanas sí que fue un problema grave para el bloque de poder. Nunca un encuentro opositor generó tanto miedo y tantos esfuerzos por sabotearlo. Desde Balcarce 50, se hicieron todos los aprietes habidos y por haber para evitar la presencia de gobernadores en La Pedrera. Gualeguaychú, el encuentro de la UMET, el Congreso del PJ Bonaerense no preocuparon ni incomodaron a nadie.

El encuentro puntano fue peligroso porque no hizo NI UNA concesión al régimen. Porque se animó a debatir programa. En una palabra, porque fue kirchnerista. No kirchnerista como identidad cerrada y grietuda de “vos tenés a Baby yo tengo a Dolina”; sino kirchnerista como concepto político, una idea que suele repetir el compañero @osvaldo_balossi. Hoy el kirchnerismo es: decir que no al régimen, no hacerle concesiones, elaborar sobre el dolor, politizar el ajuste, hablarle a la sociedad, aglutinar sectores agredidos, construir una nueva mayoría. Es exactamente por esto que el poder le teme al kirchnerismo.

Pueden leerse numerosos analistas polítiques que dicen que Marcos Peña y Durán Barba eligen a Cristina y al kirchnerismo como adversario. Eso es mentira. La Pedrera lo demuestra. Lo que quiere el macrismo, en cambio, es un kirchnerismo débil, chiquito, perseguido, aislado, caricaturizado, reducido a un cúmulo de corruptes desesperades y subversives talibanes. Nos tienen miedo. El poder teme al kirchnerismo. Le tiene alto cagazo. Teme a la fuerza transformadora de Cristina y la Unidad Ciudadana liderando mayorías sociales y políticas. Por algo nos quieren encanar, como quieren encanarlo a Lula en Brasil.



Las formas y el contenido

Cuando se debate la conformación de alianzas electorales en general, y las unidades peronistas en particular, se suele hablar de sapos que hay que tragar. Los momentos de forjar pactos electorales, de conformar frentes partidarios, implican concesiones, negociaciones, tires y aflojes; más tires cuando se debaten cuotas de poder, más aflojes cuando se debaten cuestiones programáticas e ideológicas. Bueno, esto último no puede ser.

Todes creemos en la necesidad de construir una unidad opositora, y está claro que necesitamos mucho (si no todo) el peronismo adentro. Pero cuidado. Porque una unidad peronista opositora no garantiza absolutamente nada. Nada de nada. El peronismo no es, como muches creen, el lugar donde el pueblo ya está, entonces simplemente con juntar los pedazos unís al pueblo. El pueblo nunca se asienta en ningún lado, sino que se construye en momentos específicos. El peronismo es memoria histórica popular, es el lugar predilecto y privilegiado para construir pueblo, pero no está ahí de prepo. Si tan sólo fuera tan fácil.

Nos encaminamos hacia la construcción de un frente amplio, plural y heterogéneo para enfrentar al macrismo en las elecciones. Pero no puede haber concesiones ideológicas. Podremos hacer concesiones de todo tipo. En el armado, en los nombres, en las metodologías, en las estrategias comunicacionales, en las mejores tácticas para cada territorio… pero lo más importante, de lo que hay que hablar y sobre lo que debemos ser intransigentes, irreverentes y transgresores es en el programa.

Miren, dos textuales de John William Cooke. La primera me la apunta el compañero @fedebonda. La segunda es del libro “Peronismo y revolución”, de 1966:
La unidad es indispensable y será un paso previo al triunfo popular. Lo principal es para qué hacemos la unidad, cuáles son los objetivos cercanos (como por ejemplo las elecciones) y cuáles los grandes objetivos. Unidad para simple usufructo politiquero, no. Sí, en cambio, para dar las grandes batallas por la soberanía nacional y la revolución social.
La solución no está en tratar de adivinar comportamientos futuros de los candidatos o titulares de posiciones directivas sino en presionar en toda las formas para imponer una política revolucionaria, que es una necesidad existencial del Movimiento, además de una garantía contra las duplicidades y las cobardías.
La primera cita es sobre la unidad. Las apelaciones a la "unidad con contenido" circulan fuerte por estos días en el campo popular. Nadie en su sano juicio plantea un amontonamiento sin directrices. Pero la cita del Bebe dice algo más. Pregunta: ¿Cuáles son los grandes objetivos? ¿Cuáles son las grandes batallas que tenemos que dar? Hay que pensar la construcción de una unidad política que tenga la suficiente claridad, solidez y arraigo como para bancarse las peleas que vienen. Nos toque gobernar o no.

En el reciente acto del radicalismo popular, Máximo Kirchner recuerda que Cristina ganó con el 42% en primera vuelta en 2007; pero al primer conflicto que tuvo que enfrentar el flamante gobierno, se partió en mil pedazos. Hay que aprender de eso, no nos podemos hacer les giles.

La segunda cita es brutal. Cooke apela a las bases a presionar por una política revolucionaria, en todas las formas. Lo que está en debate es cuál será la política opositora en 2018 y 2019. ¿Será kirchnerista o será colaboracionista? ¿Podrá ser populista o habrá que resignarse a un neoliberalismo light?

Hoy, el contenido es más importante que la forma. No se trata de sobreabundar en especulaciones de candidaturas ni de armados. Lo que hay que hacer es empujar la posición política. Cooke habla en ese texto del 66 sobr e la resignación planificada. La estrategia enemiga de hacernos bajar los brazos y la vara. Bueno, después de 12 años de transformaciones, la verdad que no. El peronismo será populista o no será nada.


El candidato es el programa

Cuando dejamos de hablar de las formas y nos ponemos a hablar de los contenidos, ahí se pone interesante la cosa. Primero hay una agenda de repudios, que no es negociable. El rechazo al ajuste y el deterioro democrático. No puede haber medias tintas en esto. Cualquier frente opositor debe demandar la plena libertad de expresión y el ejercicio de las libertades políticas. No hay democracia con preses polítiques. Hablar de "corruptómetro" como una forma de esquivar el bulto de la persecución a opositores no va. Lo lamento, no va. Si no miren a Brasil.

Con el ajuste, tampoco se puede andar zigzagueando. El gasto público no debe ser reducido. Si queremos corregir el déficit, hay que recaudar más.  ¿Alguien se anima a decir que hay que volver a subir las retenciones a la soja? ¿Que hay que cobrarle más a las empresas? ¿Que hay que aumentar los impuestos al 1% más rico? Necesitamos una profunda reforma impositiva, y hay que decirlo.

Hay una agenda que sube de la sociedad a la política: el feminismo, la economía popular, los reclamos de seguridad (que puede ser ciudadana), la necesidad de estabilidad y un cierto orden ("nos desorganizaron la vida" dice CFK). Debemos encarar profundos debates sobre las redes sociales, el uso de los datos personales, las grandes plataformas digitales y su impacto en la democracia. Debemos repensar los servicios de comunicación audiovisual. Debemos prepararnos para dar respuestas a una crisis de endeudamiento familiar producto del modelo especulativo de Cambiemos, que te enchufa préstamos a las AUH y jubilaciones, y timbea con los créditos UVA. En fin, la agenda programática es enorme, cuando te ponés a flashear un rato.

Lo fundamental, empero, es que el programa a construir no puede hacer ninguna concesión al gobierno. Debemos rechazar de plano todas las argumentaciones que dicen que debemos imitar al gobierno, parecernos a él. Esto no quiere decir que debemos negar caprichosamente las nuevas tecnologías, los modos de comunicación contemporáneos, las transformaciones en la cultura digital. Pero si las vamos a usar como formas de despolitización, no gracias. Una story de instagram está muy bien, pero no podemos tomar las herramientas acríticamente. Una canción de Ani di Franco dice: "toda herramienta es un arma si sabes cómo empuñarla". Bueno, hay que empuñarlas bien. 

Hay que ser lo opuesto al gobierno, no lo parecido. No hay que imitarlo, hay que disputarle el sentido de las cosas. Iñigo Errejón suele decir eso: hay que disputar por ganarles las palabras democracia, libertad, cambio, orden. Ahora bien, si jugamos con las palabras del enemigo, ya perdimos la mitad de la batalla. No podemos andar boludeando hablando de "vecinos y vecinas" y queseyó. Confrontar y disputar. Eso es lo que hace Cristina, por ahí tiene que ir el programa.


El pacto electoral

Volvamos un toque a junio de 2017, a Cristina lanzando la unidad ciudadana. ¿Recuerdan el acto de Arsenal? La dirigencia a las plateas, la gente común al escenario. Decía Cristina que, frente a la formidable estafa electoral de Macri, había que reconstruir el vínculo de la sociedad con la política. Los problemas de la gente, no de les dirigentes. Tuvo Unidad Ciudadana, entre tantas cosas, una plataforma electoral, que vale la pena volver a leer. Un programa de la hostia, conciso y clarito. Su primer punto, rezaba así:
La democracia representativa exige que quienes asumen cargos o bancas al haber sido electos por el voto popular, deben cumplir con los programas y las propuestas que realizaron durante la campaña electoral. Cuando el Pueblo vota no da cheques en blanco; elige entre personas que encarnan ideas, formulan programas y propuestas de gobierno.
La necesaria construcción de un programa para el 2019 no es sólo una gambeta al problema de las candidaturas y las formas. No es sólo la pulsión por sostener posiciones populistas y antineoliberales. Es también reconstruir el vínculo social entre representantes y representades. Valorizar y fortalecer la democracia es volver a poner en valor la palabra y el compromiso político. No podemos silbar bajito y esperar que la sociedad nos vote porque les caemos simpátiques. Debemos ser contundentes en el diagnóstico y las propuestas. Como hizo Cristina en 2017, debemos hacer de cara al año que viene.

En Brasil, Lula da un potente discurso ante una multitud, previo a entregarse a la policía, rodeado de pueblo. Levanta las manos de Manuela D'Ávila y Guilherme Boulos, dos dirigentes jóvenes de partidos de izquierda que se han escindido de la alianza con el PT y proponen programas más radicales y transformadores. Lula les levanta las manos y dice: lo importante no soy yo, es el programa transformador que tenemos que empujar.

Finalmente, lo importante es que hay 2018. Hay muchas batallas por librar, mucho ajuste y persecución por enfrentar. Si la política se dedica todo el 2018 a mirarse las caras a ver cómo se arma una unidad formal y electoral, vamos al muere. El programa a construir debe ser un programa que comience a aplicarse este año. El programa debe guíar los comportamientos parlamentarios, las acciones callejeras, los movimientos estudiantiles, gremiales y sociales. Debe ser un compromiso de lucha con el presente, no una serie de promesas que sólo se efectivizarían en caso de llegar a la Rosada.

Importantísimos pasos ya se han dado. Ahí están el valiente programa de la Corriente Federal de los Trabajadores y el incisivo programa Unidad Ciudadana.  Ahora toca empezar a construir uno nuevo sobre esos cimientos. Toca elaborar una hoja de ruta para construir la mayoría política que le devuelva futuro a la sociedad. Vamos. 

Thursday, March 15, 2018

No hay 19 sin 18



Mañana va a ser un gran día te lo digo yo
nos vamos a mirar las caras entre todos
el norte no va a estar arriba, va a ser todo sur
ya no van a sangrar las manos de esos pocos
-No Te Va a Gustar



Hubo encuentro por la unidad opositora en La Pedrera, San Luís. Más que la lista de asistentes, en la cual destaca el compañero Hugo Moyano, y el visto bueno de varies gobernadores (que al final no se animaron a poner la jeta), lo que entusiasma es la consigna #Hay2019. Obvio, imposible no entusiasmarse con ganar. Somos peronistas, queremos ganar para transformar.

Ahora que variopintos sectores panperonistas entienden que el kirchnerismo no es el pasado, sino un presente muy vivo de lucha, ahora que casi todes aceptan que sin-el-kirchnerismo-no-se-puede, les pido por el amor de dios que no dejemos de ser kirchneristas, ni pensemos que todo se resuelve en un acto en San Luís.

Lo de San Luís está buenísimo, ojo no quiero bajarle el precio, y es muy necesario. Pero no nos enrosquemos. No hay 2019 sin 2018. El carro adelante del caballo y todo eso. Porque lo importante es que están pasando cosas en la sociedad.

Quienes juntamos firmas contra la reforma previsional sabemos que funcionó. Las planillas se firmaban solas, y las conversaciones fluían sin mucho esfuerzo. Los escándalos de corrupción, offshores y demás le hacen daño a un gobierno que parecía de amianto. Hay un 2018 repleto de posibilidades políticas. Y para ganar el año que viene, hay que hacerle daño al macrismo, hay que hacer oposición, y sobre todo hay que organizar. Si somos inteligentes, mañana va a ser un gran día, te lo digo yo.


La lucha

En todos los debates sobre la unidad del peronismo, la figura de Alberto Fernández siempre aparece en el medio, aunque une nunca entienda bien por qué. ¿Leyeron lo que dijo sobre la 125? Porque estos días se cumplen 10 años de la Resolución 125, quizás el momento fundante del kirchnerismo como experiencia e identidad política. Nuestro momento bisagra. Esto tiene para decir el ex-jefe de gabinete:
Lo que ocurrió con la 125 fue que empezó la idea de la política maniquea, que dividió aguas entre buenos y malos. Y creo que fue muy nocivo. Esta es mi visión. Cristina la impuso muchas veces pero no se notó tanto porque tenía la resistencia de los grandes medios de comunicación. Mauricio Macri perfeccionó esa política con la anuencia de los grandes medios de comunicación, por eso el daño que hace Macri es infinitamente mayor que el que hacía Cristina.
Uf. Parece que la Argentina era un país feliz, del diálogo y el consenso, y luego llegó Cristina con su "maniqueísmo" y lo estropeó todo. Ah, pero como Macri es más maniqueísta que Cristina, es peor (?), entonces hay que unirse con la maniqueísta de Cristina para ganarle al maniqueísta de Macri (???).

Maniqueísmo, que no es la defensa de los maniquíes, sino el temita este de la grieta. La Argentina como una larga historia de grandes consensos, unicornios de colores y festilindo, pero todo se cagó por el accidente de la 125 y Cristina que dividió el campo político entre amigues/enemigues.  Locamente, fue la 125 donde nació el kirchnerismo. Fue la confrontación de proyectos políticos, la disputa de una parte de la sociedad por representar al todo, pero también nombrar a los enemigos de la sociedad. Es decir, la construcción de un pueblo y un antipueblo, la lucha por la hegemonía. 

¿Hay que construir una unidad que incluya a Alberto Fernández? Bueno, dale. Pero el contenido de esa unidad es, para decirlo mal y rápido, kirchnerista. Es una unidad de lucha, confrontación, intransigencia. Si no, estamos destinados a jugar mal y perder por goleada. Ningún armado opositor puede reducir ni domesticar nuestra obstinación kuka. Somos irredentas, envalentonadas, resistentes y peronistas. No hay durazno sin pelusa, no hay victoria sin batalla. Los derechos se conquistan quebrando privilegios, disputando poder. 

Recordemos que estamos construyendo un proceso de unidad con quienes se bajaron del caballo durante nuestros días felices. Lo más fácil es sacarse una foto y olvidarnos de los motivos que nos distanciaron. Pero la foto tiene que venir de mano de la lucha. ¿Quieren luchar? Vamos, hagamos oposición, enfrentemos el ajuste y la persecución.

Lo que logramos en diciembre, con la reforma previsional, fue que la oposición asumiera la posición kirchnerista. La posición kuka de no transar, de oponerse, de decir que NO al ajuste y al dolor. Sin concesiones. Nuestra tarea en cualquier frente opositor que se comience a construir no son los nombres ni el "armado", sino la posición política. 



El kirchnerismo

¿Qué es el kirchnerismo hoy? ¿Es Cristina y sus votantes? Sí, es eso, pero no sólo. Es más que eso. Es una posición política que nace de la experiencia de gobierno popular. El kirchnerismo 2018 es una fidelidad a aquello que vivimos y nos atravesó durante 12 vertiginosos años. Eso que sentimos cuando vimos a un Presidente hablar de memoria verdad y justicia. Ese entusiasmo de ver nervioso a Clarín y enojada a la Sociedad Rural. Las lágrimas del matrimonio igualitario o la dignidad de la AUH. La política como herramienta de transformación. La política como la creadora de posibilidades impensadas, la política como revelación, como insumisión, como convocatoria a soñar aunque sea por un ratito.

Eso que vivimos fue real. Sucedió y nos atravesó. El filósofo Alain Badiou llama acontecimientos a las transformaciones en el mundo de lo posible/imposible. Eso fue el kirchnerismo. Un acontecimiento político que cambió el juego. Para nuestra generación, la fidelidad es no olvidarnos por qué estamos acá. Qué fue lo que creímos cuando volvimos a creer en la política. Porque si la política se reduce a lo menos peor, a lo no-Macri; eso es la resignación y el abandono de la potencia transformadora. 

Cuantas más victorias políticas podamos arrebatarle al macrismo, cuanto más sentido común anti-neoliberal podamos lograr, cuanto más logremos organizar a la sociedad, más se parecerá el frente opositor a nuestros anhelos transformadores. 


La revolución

En su libro "Sublunar", el historiador Javier Trímboli se pregunta por qué nunca nos animamos a decir la palabra revolución durante el kirchnerismo. Nunca la usamos. O casi nunca. En otras latitudes (Bolivia, Venezuela), se usó mucho más que acá. Quizás sonaba a nostálgico, o quizás no la necesitábamos. Estábamos ocupados en otras cosas. Fue una bellísima década donde ampliamos derechos a los ponchazos, nos enfrentamos con Magnetto, Lorenzetti, Paul Singer, la SIDE y el imperio; pero la falta de un horizonte utópico claro nos fue dejando sin nafta llegando al 2015. 

Sin desmedro de programas de unidad y agendas opositoras, el campo popular necesita reconstruir su horizonte de transformación. Si, como decía Cooke, les verdaderes revolucionaries somos nosotres, es menester empezar a serlo.

En la Argentina hay una revolución en curso, y es el feminismo. La marea feminista libera y nos libera. Lucha y avanza. Nombra al patriarcado y al capitalismo sin reparos. Nos habla de futuro sin nostalgia ni miedo. Marca el camino. Como dice acá Juliana Di Tullio: "[El feminismo] no es solo lucha, es transformación de fondo y revolución". Revolución.

El feminismo interpela al campo popular, interpela al kirchnerismo y al peronismo. No se trata de que nos subamos al tren porque "garpa", nos saquemos la foto con el pañuelo y listo. Si pensamos así estamos frites, y cuando es impostado, se nota mucho. Se trata de que el feminismo nos atraviese y nos revolucione. Nos transforme en otra cosa, en algo mejor. Es una tarea donde el protagonismo lo tienen las compañeras, que están transformando la política y la sociedad.


La construcción

Dijo Máximo Kirchner inaugurando un local en Lomas de Zamora:
Tenemos que ser inteligentes. Miren, no hay que reconstruir lo que fue. Tenemos que animarnos a construir lo que viene con lo mejor de los 12 años que sucedieron y con aquella linda historia que tenemos con San Martín, Rosas, Perón, Yrigoyen y Alfonsín. Tenemos que tener la capacidad de síntesis superadora, y no enamorarnos de aquellos momentos que por buenos siempre vamos a recordar.
Ustedes, que tienen toda la fuerza, que es su voto, que es su militancia, vayan calle a calle y barrio a barrio este año. Este año no hay elecciones. Es el año de la construcción. Pero no de una unidad por la unidad misma. Una unidad que sea firme y consistente que permita dar las peleas que tiene por delante el pueblo argentino. Que aprendamos de esto que venimos viendo en estos días con las compañeras en el 8M, les trabajadores el 21, con lo que fue la resistencia en diciembre en la Plaza de los Dos Congresos. Hay una oportunidad.
Seamos inteligentes, repite varias veces. No se trata de reconstruir el 54% de 2011. Eso no va a volver, ya fue. Ahora toca otra cosa. Nos toca construir una unidad para dar las peleas que tiene por delante el pueblo argentino. No es la unidad por la unidad misma. Eso es verso para la gilada. 

¿Cuáles serán las peleas por delante del pueblo argentino? Ahora mismo, por ejemplo, tenemos por delante la posibilidad de acompañar los pañuelos verdes y juntar votos para lograr el aborto legal. No sacarse la foto. Comprometerse políticamente a esa lucha. Eso es hacer kirchnerismo. Aprovechar la coyuntura para empujar la ampliación de derechos.

Hay una oportunidad. En el 2018 van a pasar cosas, muchas cosas. Habrá acontecimientos nuevos, a los que deberemos entregar nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras cabezas siendo inteligentes, como pide Máximo.  La victoria popular del año que viene se conquista en la lucha popular de este año. 

La militancia política de base tiene quizás la tarea más importante. El 2018 es un año de construcción. En la medida en que se deterioren las condiciones económicas (que lo harán) y el descontento social busque organización y representación, ahí tenemos que estar. Organizar el descontento es hoy una tarea posible y necesaria.

Ya no estamos en el desierto del 2016, donde nos juntábamos en plazas entre nosotres a darnos aliento y cantar que vamos a volver. Los tiempos se aceleran y ahora pasan cosas. Hay conflictos por doquier. Hay malestares que politizar. Hay pueblo por organizar. Las condiciones son excelentes para hacer kirchnerismo, kirchnerismo del bueno, el kirchnerismo que se viene: revolucionario, feminista, popular, transformador. El kirchnerismo del futuro, que va a vencer.





Tuesday, December 19, 2017

Perdimos pero ganamos




Hoy asume lo que venga
Sea para bien, o todo mal.
- La Vela Puerca

Entrado el 19 de diciembre a la mañana, se aprobó el choreo jubilatorio. La ley pasó y eso es un dato. Con aprietes a gobernadores y andá-a-saber-qué-banelcos-inventaron, lograron que opositores votaran a favor, se abstuvieran, se ausentaran o dieran quórum. Eso sucedió dentro del Parlamento, cristalizando ese 128 como el número de la infamia. El Presidente sale en conferencia de prensa y dice que todo bien todo legal. Pero sabemos que no fue eso todo lo que sucedió. Algo se quebró en el régimen, algo se fisuró, se resquebrajó.

Las últimas semanas han sido dramáticas. Dramáticas. Una sucesión de batallas donde hemos llorado de bronca y alegría, a veces con horas de diferencia. Vimos el salvajismo policial como nunca, el cinismo mediático a pleno, tuvimos miedo por momentos, nos indignamos descubriendo nombres de diputades ignotes. Pero también fuimos protagonistas de jornadas de lucha heroicas. Fuimos pueblo en la calle. Construimos un destello de pueblo, participamos de ráfagas de potencia transformadora, fuimos unidad de les trabajadores y al que no le gusta se jode, se jode. También aplaudimos opositores de todos los colores, celebramos coincidencias con massistas, troskistas, socialistas y mucha otra gente a la que supimos tildar de gorilas y traidores. Vimos a nuestra dirigencia representar mejor que nunca. Nos emocionamos con la CGT, luego la puteamos. Como les decía, días dramáticos.

Quizás baje la espuma, quizás no. Nuestro objetivo es que no baje. Algo se fisuró en el régimen y es nuestra tarea que aquello que se abrió no se vuelva a cerrar, que se abra cada vez más. Lo que está por delante es incierto, pero habrá que asumir lo que venga, sea para bien o todo mal. Si somos inteligentes, si le ponemos cabeza y corazón, hay condiciones para la construcción de una nueva mayoría. Dale que puede escampar, va a escampar.


Perdimos

Arranquemos por lo obvio. Perdimos la votación de la reforma previsional. Enfrentamos un adversario poderoso que cuenta para sí con la artillería más pesada de la que tengamos memoria. Lograron arriar los votos que necesitaban, mostraron fortaleza en una foto con 14 gobernadores, los medios hegemónicos sostuvieron el relato macrista hasta el final (con honrosas excepciones), y las fuerzas de seguridad están preparadas, parecería, para ir a la guerra contra la sociedad si así se los pide Patricia Bullrich.

También perdimos porque ni las movilizaciones sociales masivas, las organizadas y las espontáneas, ni el repudio social generalizado pudieron torcerles la muñeca. El jueves 14, cuando parecía que flaqueaban y sacaban DNU, pararon la pelota, reagruparon y volvieron a la ofensiva. No logramos quebrarles el quórum, ni hacer tambalear su pacto extorsivo con las Provincias. Mierda que intentamos, loco. Pero no se pudo.

Perdimos porque siempre perdemos cuando el régimen nos reprime y nos persigue. La cacería policial, la militarización del Congreso, las denuncias penales contra diputades del FpV, Macri diciendo que las protestas fueron "orquestadas", el periodismo patrullero pidiendo sangre sangre sangre. No olvidar que la fisura en el régimen comenzó a abrirse el jueves 7 (o tal vez fue el 29 de noviembre en la marcha de la Corriente Federal), cuando el infame fallo Bonadío suscitó rechazos plurales y heterogéneos desde la extrema izquierda hasta la ancha avenida del medio. Ya lo sabemos: el espiral de represión y persecución tan sólo va a aumentar. Seguramente habrá una nueva tanda de prisiones políticas en los días por venir.

Son tiempos difíciles, mamita. ¿Quién no tuvo miedo en algún momento estos días? Recordemos a García Linera hablando el año pasado en Sociales, que sirve:
Tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles es su aire. De eso vivimos, de los tiempos difíciles, de eso nos alimentamos, de los tiempos difíciles. ¿Acaso no venimos de abajo, acaso no somos los perseguidos, los torturados, los marginados, de los tiempos neoliberales? La década de oro del continente no ha sido gratis. Ha sido la lucha de ustedes, desde abajo, desde los sindicatos, desde la universidad, de los barrios, la que ha dado lugar al ciclo revolucionario. No ha caído del cielo esta primera oleada. Traemos en el cuerpo las huellas y las heridas de luchas de los años 80 y 90. Y si hoy provisionalmente, temporalmente, tenemos que volver a esas luchas de los 80, de los 90, de los 2000, bienvenido. Para eso es un revolucionario.
Dice el compañero Álvaro: toca luchar. Luchar en tiempos difíciles es que te corra la policía. Es llevar limón y palestino en la mochila. Es leer listados de detenides buscando gente que conozcas. Es armar un cacerolazo en la esquina de tu casa y que termines en caravana con cientos de personas yendo al Congreso. Es marchar con los sindicatos aunque no estés afiliade (igual, dale, afiliate). Pero sobretodo, luchar es la constancia de militar todos los días haciendo laburo de hormiga, sabiendo que de repente acontece algo y todo lo que le pusiste parece plasmarse en una gran gesta. Como ayer, que perdimos pero ganamos.


Ganamos

¿Ganamos o perdimos? Las dos. Pero permítanme decir que lo que ganamos es más importante que lo que perdimos. El choreo jubilatorio que se aprobó en la mañana del 19 es pésimo, es vergonzoso, es asesino. Pero, vamos, ¿fue realmente LO PEOR que hizo Macri desde que asumió? ¿Fue lo más tremendo que empujó? No, loco. Con Macri todo es tremendo y terrible. Cada día hay algo terrible en el Boletín Oficial. Entonces el choreo a nuestres abueles es una mierda pero es parte de una gran mierda donde nos toca nadar diariamente.

¿Qué ganamos? Ganamos el debate entre la gente. Ganamos que un ajuste que parecía que pasaba sin pena ni gloria, conmocionó a la sociedad. Conmovió centenares de miles de personas que a últimas horas, cuando parecía que todo estaba perdido, salieron con sus cacerolas primero a los balcones, luego a las esquinas, y empezaron a caminar. Ganamos que el triunvirato se animó a luchar, aunque sea tímidamente y un poquito. Ganamos que construimos una foto de unidad opositora que permite pensar en una contraofensiva, que podemos golpear en conjunto para seguir tabicando los ajustes que vienen.

En muchas conversaciones en estos días entre compañeres, aparecía esta idea de "ahora que meten las reformas la gente lo va a sentir y se va a dar cuenta de la mierda que es Macri", casi como diciendo ya fue, que aprueben todo. Pero no es por ahí mis queridas kukas. No es por ahí ni en pedo. Despertamos más gente estos últimos diez días que en dos años de macrismo. Para GANAR hay que querer ganar. Para construir una mayoría, hay que ir subiendo escaloncitos.

Hay que jugar siempre a ganar. Porque incluso cuando pierdas, si jugaste a ganar, algo ganás. Tres razones:

  • Porque somos peronistas por tanto bilardistas. Sabemos que tenemos razón, pero también sabemos que con la razón no hacemos un choto. Conocemos de derrotas y aprendemos de ellas, pero medimos nuestras acciones políticas en función de cumplir objetivos. Siempre jugamos a ganar.

  • Porque rechazamos la gilada de cuanto peor mejor. No flasheamos que cuanto más destruyan el país más cerca estamos de volver. No, loco. No somos socies del Club del Helicóptero. Creemos en la democracia, creemos en la paz. Pero sobretodo, nos duele la injusticia y la desigualdad. Jamás festejaremos ni permitiremos convalidar el dolor popular, incluso si eso facilita un clima antimacrista.
  • Porque una nueva mayoría se construye ganando cosas. Aspiramos a enamorar al pueblo, a ser útiles para la gente. ¿Sabés lo que hizo la oposición estos días? Te cuidó el bolsillo del choreo, protegió a abuelos y abuelas, custodió la AUH. Te defendió a vos. Guerra de posiciones es esto. Ganar batallas que abran otras posibilidades, mostrarle a la sociedad que te hacés cargo, que bancás los trapos. Ir avanzando pasito a pasito, suave suavecito. Aunque después en la votación pierdas, ya ganaste. En este baile el gobierno perdió votos, y nosotres sumamos, no me cabe duda.


Lo que venga

Eso que se quebró en estos días puede repararse, puede volver a cerrarse, o se puede seguir abriendo. Desplazamos la grieta de K/AntiK a JUBILADES SÍ/JUBILADES NO. Eso ha sido un enorme triunfo popular. Es importante aprovechar el momento, empujar este diciembre, ver adónde nos lleva, sacar saldos. El gobierno intentará reagrupar y recalibrar la brújula, cambiar el eje del debate público. Encanando kirchneristas, seguramente, reforzando que la violencia es opositora antes que neoliberal. Por eso la importancia de ser inteligentes. Tres puntas en ese sentido:

1) Construir oposición. No es momento de bardear troskes, ni massistas, ni nadie que como nosotres también diga que NO a esta locura. Es momento de la unidad del NO. No puteemos a la CGT, pidámosle que luche. Acompañemos y fortalezcamos las posiciones combativas ahí adentro. Yo sé que tenemos como ganitas de decir: "vieron manga de giles que al final el kirchnerismo tenía razón". Es que claro, tuvimos razón desde el principio. La caracterización que hizo Cristina y el kirchnerismo sobre Macri se tornó hegemónica dentro de la oposición. Nació la oposición, se dijo estos días, pero nació sobre la base estratégica de nuestra posición. Decir que no, no conceder nada, no convalidar, no dar quórum. Hoy esa posición cobra sentido generalizado, en la oposición pero sobretodo en grandes franjas de la sociedad.

2) Organizarse. Hay ganas entre la gente de sumarse a la lucha. Si leés esto y no estás militando activamente, es el momento de sumarte. Hay que aportar un granito de arena todos los días, hay que fortalecer las redes políticas de oposición. Buscá una organización, la que más te guste, y sumate. O afiliate a un gremio y andá a las reuniones. Si no te gusta nada de lo que hay, todo bien, armá algo nuevo. Buscá a la gente con la que caceroleaste ayer en la esquina de tu casa, y empiecen a tejer. Que no quede ahí. Ahora que vos y tu vecine se cruzaron caceroleando, no hay vuelta atrás. Conózcanse y organícense. La nueva mayoría empieza en cada esquina.

3) Aprovechar la coyuntura. Hasta al macrista más macrista le hace ruido el saqueo jubilatorio. Hay condiciones subjetivas y objetivas para salir a convocar y convencer gente. Rompé la grieta, tendé puentes. Hablale a tu tío gorila con el que no hablás hace años. Preguntale a tu abuela si sabe lo que se votó, aunque viva mirando TN. Metamos cartelitos, mandemos mensajitos, armemos conversaciones en el laburo. Que no les sea gratis, que sea un punto de inflexión.

No nos comamos la curva, no estamos al borde de la revolución bolchevique. El macrismo sigue juntando una montaña de votos, y seguramente Carrió volvería a sacar 50 puntos en CABA si las elecciones fueran hoy. El odio clasista y antikirchnerista sigue sosteniendo al gobierno, la UCR no se inmuta, Magnetto aporta lo suyo, y las ondas de optimismo zen deben seguir seduciendo gente. Pero algo se está moviendo. Que no se corte, que no decaiga, depende de vos.