Saturday, April 7, 2018

Cristina es el programa






Creo en tu estrella, en aquella que busco 
en mi sueño mejor 
para poder luchar
- Callejeros 

Argumento A:
Ganar, ganar, ganar, ganar, ganar. Hay que unirse para ganar. Todo por ganar. Si nos unimos todes le ganamos a Macri en 2019. No importa cómo, hay que juntarse, amontonarnos, dejar de lado las diferencias, mirar hacia el futuro, armemos una PASO, el que gana conduce el que pierde acompaña, todes adentro y listo. Hay que tragar sapos, los ladrillos se hacen con bosta, BOSTA, ¿o no leíste a Perón?

Argumento B:
Sin Cristina no se puede, con Cristina no alcanza. Sí, claro, saca un montón de votos; ¿pero no viste la imagen negativa? Tiene un techo bajo, muy muy bajo. No puede ser candidata, si va ella perdemos por paliza. Cristina tiene que autoexcluirse, guardarse, esconderse, hacer un fade-out de la política. Si Cristina se corre del centro, se cae el verso de la pesada herencia y se ve el desastre macrista. Las masas despiertan y ganamos de taquito.

Parecen dos argumentos distintos pero son el mismo. EL MISMO. El problema en ambos, claro, es Cristina y el kirchnerismo. El sectarismo kuka que impidiría la unidad. Cristina que roba protagonismo. La tozudez de no aceptar que los tiempos cristinistas pasaron; que estuvieron plagados de errores y excesos. Ya fue loco, no vuelven más, aflojen, dejen de ser tan cerrades; aprendan que son una partecita chiquita, muy chiquita del campo popular; que si siguen así Cambiemos gobierna hasta 2050.

Lo que se nos pide, al fin y al cabo, es que nos dejemos de joder. Cristina y les kirchneristas, todes. Que bajemos las banderas y nos dejemos conducir (aunque no estaría claro quién nos conduciría y hacia dónde). Porque somos un problema. Bah, básicamente Cristina es el problema. No la persona Cristina, sino el proyecto y el programa político que representa. Las tensiones que implica, los adversarios que nombra, la posición geopolítica. Esas cosas incomodan a grandes sectores del peronismo, que prefieren silbar bajito y no enojar a nadie. Por eso persiguen a Cristina y no, ponele, a Massa o a Randazzo.

Entonces, lógicamente, discutir la persona Cristina es un engañapichanga. Hay que ir al hueso, al nudo de la cuestión. Lo importante en este momento, para quienes somos kirchneristas, peronistas, y de Cristina, es hablar de un programa. En nombre de Cristina, digamos programa.

El programa es Cristina; Cristina es el programa. Ya lo dijimos alguna vez, el candidato es el proyecto, je. Por que lo que importa es el programa antineoliberal y la voluntad de enfrentar al poder real que encarna la compañera. Creer en Cristina es creer en su estrella, en las cosas que nos enseñó, gobernando, conduciendo, construyendo; todo eso que nos hizo buscar en nuestros sueños mejores, para poder luchar. Seamos Cristina empujando un programa.

Planteemos un acuerdo programático serio, transformador, que encare los grandes problemas de la época. Un programa que guíe las luchas del 2018, que articule una oposición, y que proponga un futuro distinto a la sociedad. La pregunta para Pichetto, Solanas, Solá, Bregman, gobernadores, intendentes, sindicalistas, organizaciones de todo tipo no será "¿usted acuerda en hacer la unidad con tal y tal y tal?" sino "¿quiere usted caminar codo a codo para construir futuro en base a este programa político?". 


El poder juega

Algo importante a tener en cuenta para arrancar: el poder juega. El imperio, Clarín, la oligarquía rural, Stiusso, Techint, los bancos, los grupos económicos, las constructoras. Todos esos sectores que componen el bloque de poder que sostiene a Macri, también juegan dentro del peronismo y la oposición. Ah, y también juega el gobierno. Chocolate por la noticia.

Vimos estos días el patético encuentro impulsado por Miguel Ángel Pichetto en Gualeguaychú. Eso es el poder jugando. El perdonismo (el peronismo que pide perdón por su pasado kirchnerista) de Pichetto, Bossio y Urtubey es básicamente esto: un peronismo antiperonista, un peronismo que pretende excluir y esquivar todo debate sobre el potencial transformador del peronismo kirchnerista. Dividir al movimiento, extirparle toda potencia. 


La contracara de Gualeguaychú fue San Luís. Ese encuentro hace unas semanas sí que fue un problema grave para el bloque de poder. Nunca un encuentro opositor generó tanto miedo y tantos esfuerzos por sabotearlo. Desde Balcarce 50, se hicieron todos los aprietes habidos y por haber para evitar la presencia de gobernadores en La Pedrera. Gualeguaychú, el encuentro de la UMET, el Congreso del PJ Bonaerense no preocuparon ni incomodaron a nadie.

El encuentro puntano fue peligroso porque no hizo NI UNA concesión al régimen. Porque se animó a debatir programa. En una palabra, porque fue kirchnerista. No kirchnerista como identidad cerrada y grietuda de “vos tenés a Baby yo tengo a Dolina”; sino kirchnerista como concepto político, una idea que suele repetir el compañero @osvaldo_balossi. Hoy el kirchnerismo es: decir que no al régimen, no hacerle concesiones, elaborar sobre el dolor, politizar el ajuste, hablarle a la sociedad, aglutinar sectores agredidos, construir una nueva mayoría. Es exactamente por esto que el poder le teme al kirchnerismo.

Pueden leerse numerosos analistas polítiques que dicen que Marcos Peña y Durán Barba eligen a Cristina y al kirchnerismo como adversario. Eso es mentira. La Pedrera lo demuestra. Lo que quiere el macrismo, en cambio, es un kirchnerismo débil, chiquito, perseguido, aislado, caricaturizado, reducido a un cúmulo de corruptes desesperades y subversives talibanes. Nos tienen miedo. El poder teme al kirchnerismo. Le tiene alto cagazo. Teme a la fuerza transformadora de Cristina y la Unidad Ciudadana liderando mayorías sociales y políticas. Por algo nos quieren encanar, como quieren encanarlo a Lula en Brasil.



Las formas y el contenido

Cuando se debate la conformación de alianzas electorales en general, y las unidades peronistas en particular, se suele hablar de sapos que hay que tragar. Los momentos de forjar pactos electorales, de conformar frentes partidarios, implican concesiones, negociaciones, tires y aflojes; más tires cuando se debaten cuotas de poder, más aflojes cuando se debaten cuestiones programáticas e ideológicas. Bueno, esto último no puede ser.

Todes creemos en la necesidad de construir una unidad opositora, y está claro que necesitamos mucho (si no todo) el peronismo adentro. Pero cuidado. Porque una unidad peronista opositora no garantiza absolutamente nada. Nada de nada. El peronismo no es, como muches creen, el lugar donde el pueblo ya está, entonces simplemente con juntar los pedazos unís al pueblo. El pueblo nunca se asienta en ningún lado, sino que se construye en momentos específicos. El peronismo es memoria histórica popular, es el lugar predilecto y privilegiado para construir pueblo, pero no está ahí de prepo. Si tan sólo fuera tan fácil.

Nos encaminamos hacia la construcción de un frente amplio, plural y heterogéneo para enfrentar al macrismo en las elecciones. Pero no puede haber concesiones ideológicas. Podremos hacer concesiones de todo tipo. En el armado, en los nombres, en las metodologías, en las estrategias comunicacionales, en las mejores tácticas para cada territorio… pero lo más importante, de lo que hay que hablar y sobre lo que debemos ser intransigentes, irreverentes y transgresores es en el programa.

Miren, dos textuales de John William Cooke. La primera me la apunta el compañero @fedebonda. La segunda es del libro “Peronismo y revolución”, de 1966:
La unidad es indispensable y será un paso previo al triunfo popular. Lo principal es para qué hacemos la unidad, cuáles son los objetivos cercanos (como por ejemplo las elecciones) y cuáles los grandes objetivos. Unidad para simple usufructo politiquero, no. Sí, en cambio, para dar las grandes batallas por la soberanía nacional y la revolución social.
La solución no está en tratar de adivinar comportamientos futuros de los candidatos o titulares de posiciones directivas sino en presionar en toda las formas para imponer una política revolucionaria, que es una necesidad existencial del Movimiento, además de una garantía contra las duplicidades y las cobardías.
La primera cita es sobre la unidad. Las apelaciones a la "unidad con contenido" circulan fuerte por estos días en el campo popular. Nadie en su sano juicio plantea un amontonamiento sin directrices. Pero la cita del Bebe dice algo más. Pregunta: ¿Cuáles son los grandes objetivos? ¿Cuáles son las grandes batallas que tenemos que dar? Hay que pensar la construcción de una unidad política que tenga la suficiente claridad, solidez y arraigo como para bancarse las peleas que vienen. Nos toque gobernar o no.

En el reciente acto del radicalismo popular, Máximo Kirchner recuerda que Cristina ganó con el 42% en primera vuelta en 2007; pero al primer conflicto que tuvo que enfrentar el flamante gobierno, se partió en mil pedazos. Hay que aprender de eso, no nos podemos hacer les giles.

La segunda cita es brutal. Cooke apela a las bases a presionar por una política revolucionaria, en todas las formas. Lo que está en debate es cuál será la política opositora en 2018 y 2019. ¿Será kirchnerista o será colaboracionista? ¿Podrá ser populista o habrá que resignarse a un neoliberalismo light?

Hoy, el contenido es más importante que la forma. No se trata de sobreabundar en especulaciones de candidaturas ni de armados. Lo que hay que hacer es empujar la posición política. Cooke habla en ese texto del 66 sobr e la resignación planificada. La estrategia enemiga de hacernos bajar los brazos y la vara. Bueno, después de 12 años de transformaciones, la verdad que no. El peronismo será populista o no será nada.


El candidato es el programa

Cuando dejamos de hablar de las formas y nos ponemos a hablar de los contenidos, ahí se pone interesante la cosa. Primero hay una agenda de repudios, que no es negociable. El rechazo al ajuste y el deterioro democrático. No puede haber medias tintas en esto. Cualquier frente opositor debe demandar la plena libertad de expresión y el ejercicio de las libertades políticas. No hay democracia con preses polítiques. Hablar de "corruptómetro" como una forma de esquivar el bulto de la persecución a opositores no va. Lo lamento, no va. Si no miren a Brasil.

Con el ajuste, tampoco se puede andar zigzagueando. El gasto público no debe ser reducido. Si queremos corregir el déficit, hay que recaudar más.  ¿Alguien se anima a decir que hay que volver a subir las retenciones a la soja? ¿Que hay que cobrarle más a las empresas? ¿Que hay que aumentar los impuestos al 1% más rico? Necesitamos una profunda reforma impositiva, y hay que decirlo.

Hay una agenda que sube de la sociedad a la política: el feminismo, la economía popular, los reclamos de seguridad (que puede ser ciudadana), la necesidad de estabilidad y un cierto orden ("nos desorganizaron la vida" dice CFK). Debemos encarar profundos debates sobre las redes sociales, el uso de los datos personales, las grandes plataformas digitales y su impacto en la democracia. Debemos repensar los servicios de comunicación audiovisual. Debemos prepararnos para dar respuestas a una crisis de endeudamiento familiar producto del modelo especulativo de Cambiemos, que te enchufa préstamos a las AUH y jubilaciones, y timbea con los créditos UVA. En fin, la agenda programática es enorme, cuando te ponés a flashear un rato.

Lo fundamental, empero, es que el programa a construir no puede hacer ninguna concesión al gobierno. Debemos rechazar de plano todas las argumentaciones que dicen que debemos imitar al gobierno, parecernos a él. Esto no quiere decir que debemos negar caprichosamente las nuevas tecnologías, los modos de comunicación contemporáneos, las transformaciones en la cultura digital. Pero si las vamos a usar como formas de despolitización, no gracias. Una story de instagram está muy bien, pero no podemos tomar las herramientas acríticamente. Una canción de Ani di Franco dice: "toda herramienta es un arma si sabes cómo empuñarla". Bueno, hay que empuñarlas bien. 

Hay que ser lo opuesto al gobierno, no lo parecido. No hay que imitarlo, hay que disputarle el sentido de las cosas. Iñigo Errejón suele decir eso: hay que disputar por ganarles las palabras democracia, libertad, cambio, orden. Ahora bien, si jugamos con las palabras del enemigo, ya perdimos la mitad de la batalla. No podemos andar boludeando hablando de "vecinos y vecinas" y queseyó. Confrontar y disputar. Eso es lo que hace Cristina, por ahí tiene que ir el programa.


El pacto electoral

Volvamos un toque a junio de 2017, a Cristina lanzando la unidad ciudadana. ¿Recuerdan el acto de Arsenal? La dirigencia a las plateas, la gente común al escenario. Decía Cristina que, frente a la formidable estafa electoral de Macri, había que reconstruir el vínculo de la sociedad con la política. Los problemas de la gente, no de les dirigentes. Tuvo Unidad Ciudadana, entre tantas cosas, una plataforma electoral, que vale la pena volver a leer. Un programa de la hostia, conciso y clarito. Su primer punto, rezaba así:
La democracia representativa exige que quienes asumen cargos o bancas al haber sido electos por el voto popular, deben cumplir con los programas y las propuestas que realizaron durante la campaña electoral. Cuando el Pueblo vota no da cheques en blanco; elige entre personas que encarnan ideas, formulan programas y propuestas de gobierno.
La necesaria construcción de un programa para el 2019 no es sólo una gambeta al problema de las candidaturas y las formas. No es sólo la pulsión por sostener posiciones populistas y antineoliberales. Es también reconstruir el vínculo social entre representantes y representades. Valorizar y fortalecer la democracia es volver a poner en valor la palabra y el compromiso político. No podemos silbar bajito y esperar que la sociedad nos vote porque les caemos simpátiques. Debemos ser contundentes en el diagnóstico y las propuestas. Como hizo Cristina en 2017, debemos hacer de cara al año que viene.

En Brasil, Lula da un potente discurso ante una multitud, previo a entregarse a la policía, rodeado de pueblo. Levanta las manos de Manuela D'Ávila y Guilherme Boulos, dos dirigentes jóvenes de partidos de izquierda que se han escindido de la alianza con el PT y proponen programas más radicales y transformadores. Lula les levanta las manos y dice: lo importante no soy yo, es el programa transformador que tenemos que empujar.

Finalmente, lo importante es que hay 2018. Hay muchas batallas por librar, mucho ajuste y persecución por enfrentar. Si la política se dedica todo el 2018 a mirarse las caras a ver cómo se arma una unidad formal y electoral, vamos al muere. El programa a construir debe ser un programa que comience a aplicarse este año. El programa debe guíar los comportamientos parlamentarios, las acciones callejeras, los movimientos estudiantiles, gremiales y sociales. Debe ser un compromiso de lucha con el presente, no una serie de promesas que sólo se efectivizarían en caso de llegar a la Rosada.

Importantísimos pasos ya se han dado. Ahí están el valiente programa de la Corriente Federal de los Trabajadores y el incisivo programa Unidad Ciudadana.  Ahora toca empezar a construir uno nuevo sobre esos cimientos. Toca elaborar una hoja de ruta para construir la mayoría política que le devuelva futuro a la sociedad. Vamos. 

Thursday, March 15, 2018

No hay 19 sin 18



Mañana va a ser un gran día te lo digo yo
nos vamos a mirar las caras entre todos
el norte no va a estar arriba, va a ser todo sur
ya no van a sangrar las manos de esos pocos
-No Te Va a Gustar



Hubo encuentro por la unidad opositora en La Pedrera, San Luís. Más que la lista de asistentes, en la cual destaca el compañero Hugo Moyano, y el visto bueno de varies gobernadores (que al final no se animaron a poner la jeta), lo que entusiasma es la consigna #Hay2019. Obvio, imposible no entusiasmarse con ganar. Somos peronistas, queremos ganar para transformar.

Ahora que variopintos sectores panperonistas entienden que el kirchnerismo no es el pasado, sino un presente muy vivo de lucha, ahora que casi todes aceptan que sin-el-kirchnerismo-no-se-puede, les pido por el amor de dios que no dejemos de ser kirchneristas, ni pensemos que todo se resuelve en un acto en San Luís.

Lo de San Luís está buenísimo, ojo no quiero bajarle el precio, y es muy necesario. Pero no nos enrosquemos. No hay 2019 sin 2018. El carro adelante del caballo y todo eso. Porque lo importante es que están pasando cosas en la sociedad.

Quienes juntamos firmas contra la reforma previsional sabemos que funcionó. Las planillas se firmaban solas, y las conversaciones fluían sin mucho esfuerzo. Los escándalos de corrupción, offshores y demás le hacen daño a un gobierno que parecía de amianto. Hay un 2018 repleto de posibilidades políticas. Y para ganar el año que viene, hay que hacerle daño al macrismo, hay que hacer oposición, y sobre todo hay que organizar. Si somos inteligentes, mañana va a ser un gran día, te lo digo yo.


La lucha

En todos los debates sobre la unidad del peronismo, la figura de Alberto Fernández siempre aparece en el medio, aunque une nunca entienda bien por qué. ¿Leyeron lo que dijo sobre la 125? Porque estos días se cumplen 10 años de la Resolución 125, quizás el momento fundante del kirchnerismo como experiencia e identidad política. Nuestro momento bisagra. Esto tiene para decir el ex-jefe de gabinete:
Lo que ocurrió con la 125 fue que empezó la idea de la política maniquea, que dividió aguas entre buenos y malos. Y creo que fue muy nocivo. Esta es mi visión. Cristina la impuso muchas veces pero no se notó tanto porque tenía la resistencia de los grandes medios de comunicación. Mauricio Macri perfeccionó esa política con la anuencia de los grandes medios de comunicación, por eso el daño que hace Macri es infinitamente mayor que el que hacía Cristina.
Uf. Parece que la Argentina era un país feliz, del diálogo y el consenso, y luego llegó Cristina con su "maniqueísmo" y lo estropeó todo. Ah, pero como Macri es más maniqueísta que Cristina, es peor (?), entonces hay que unirse con la maniqueísta de Cristina para ganarle al maniqueísta de Macri (???).

Maniqueísmo, que no es la defensa de los maniquíes, sino el temita este de la grieta. La Argentina como una larga historia de grandes consensos, unicornios de colores y festilindo, pero todo se cagó por el accidente de la 125 y Cristina que dividió el campo político entre amigues/enemigues.  Locamente, fue la 125 donde nació el kirchnerismo. Fue la confrontación de proyectos políticos, la disputa de una parte de la sociedad por representar al todo, pero también nombrar a los enemigos de la sociedad. Es decir, la construcción de un pueblo y un antipueblo, la lucha por la hegemonía. 

¿Hay que construir una unidad que incluya a Alberto Fernández? Bueno, dale. Pero el contenido de esa unidad es, para decirlo mal y rápido, kirchnerista. Es una unidad de lucha, confrontación, intransigencia. Si no, estamos destinados a jugar mal y perder por goleada. Ningún armado opositor puede reducir ni domesticar nuestra obstinación kuka. Somos irredentas, envalentonadas, resistentes y peronistas. No hay durazno sin pelusa, no hay victoria sin batalla. Los derechos se conquistan quebrando privilegios, disputando poder. 

Recordemos que estamos construyendo un proceso de unidad con quienes se bajaron del caballo durante nuestros días felices. Lo más fácil es sacarse una foto y olvidarnos de los motivos que nos distanciaron. Pero la foto tiene que venir de mano de la lucha. ¿Quieren luchar? Vamos, hagamos oposición, enfrentemos el ajuste y la persecución.

Lo que logramos en diciembre, con la reforma previsional, fue que la oposición asumiera la posición kirchnerista. La posición kuka de no transar, de oponerse, de decir que NO al ajuste y al dolor. Sin concesiones. Nuestra tarea en cualquier frente opositor que se comience a construir no son los nombres ni el "armado", sino la posición política. 



El kirchnerismo

¿Qué es el kirchnerismo hoy? ¿Es Cristina y sus votantes? Sí, es eso, pero no sólo. Es más que eso. Es una posición política que nace de la experiencia de gobierno popular. El kirchnerismo 2018 es una fidelidad a aquello que vivimos y nos atravesó durante 12 vertiginosos años. Eso que sentimos cuando vimos a un Presidente hablar de memoria verdad y justicia. Ese entusiasmo de ver nervioso a Clarín y enojada a la Sociedad Rural. Las lágrimas del matrimonio igualitario o la dignidad de la AUH. La política como herramienta de transformación. La política como la creadora de posibilidades impensadas, la política como revelación, como insumisión, como convocatoria a soñar aunque sea por un ratito.

Eso que vivimos fue real. Sucedió y nos atravesó. El filósofo Alain Badiou llama acontecimientos a las transformaciones en el mundo de lo posible/imposible. Eso fue el kirchnerismo. Un acontecimiento político que cambió el juego. Para nuestra generación, la fidelidad es no olvidarnos por qué estamos acá. Qué fue lo que creímos cuando volvimos a creer en la política. Porque si la política se reduce a lo menos peor, a lo no-Macri; eso es la resignación y el abandono de la potencia transformadora. 

Cuantas más victorias políticas podamos arrebatarle al macrismo, cuanto más sentido común anti-neoliberal podamos lograr, cuanto más logremos organizar a la sociedad, más se parecerá el frente opositor a nuestros anhelos transformadores. 


La revolución

En su libro "Sublunar", el historiador Javier Trímboli se pregunta por qué nunca nos animamos a decir la palabra revolución durante el kirchnerismo. Nunca la usamos. O casi nunca. En otras latitudes (Bolivia, Venezuela), se usó mucho más que acá. Quizás sonaba a nostálgico, o quizás no la necesitábamos. Estábamos ocupados en otras cosas. Fue una bellísima década donde ampliamos derechos a los ponchazos, nos enfrentamos con Magnetto, Lorenzetti, Paul Singer, la SIDE y el imperio; pero la falta de un horizonte utópico claro nos fue dejando sin nafta llegando al 2015. 

Sin desmedro de programas de unidad y agendas opositoras, el campo popular necesita reconstruir su horizonte de transformación. Si, como decía Cooke, les verdaderes revolucionaries somos nosotres, es menester empezar a serlo.

En la Argentina hay una revolución en curso, y es el feminismo. La marea feminista libera y nos libera. Lucha y avanza. Nombra al patriarcado y al capitalismo sin reparos. Nos habla de futuro sin nostalgia ni miedo. Marca el camino. Como dice acá Juliana Di Tullio: "[El feminismo] no es solo lucha, es transformación de fondo y revolución". Revolución.

El feminismo interpela al campo popular, interpela al kirchnerismo y al peronismo. No se trata de que nos subamos al tren porque "garpa", nos saquemos la foto con el pañuelo y listo. Si pensamos así estamos frites, y cuando es impostado, se nota mucho. Se trata de que el feminismo nos atraviese y nos revolucione. Nos transforme en otra cosa, en algo mejor. Es una tarea donde el protagonismo lo tienen las compañeras, que están transformando la política y la sociedad.


La construcción

Dijo Máximo Kirchner inaugurando un local en Lomas de Zamora:
Tenemos que ser inteligentes. Miren, no hay que reconstruir lo que fue. Tenemos que animarnos a construir lo que viene con lo mejor de los 12 años que sucedieron y con aquella linda historia que tenemos con San Martín, Rosas, Perón, Yrigoyen y Alfonsín. Tenemos que tener la capacidad de síntesis superadora, y no enamorarnos de aquellos momentos que por buenos siempre vamos a recordar.
Ustedes, que tienen toda la fuerza, que es su voto, que es su militancia, vayan calle a calle y barrio a barrio este año. Este año no hay elecciones. Es el año de la construcción. Pero no de una unidad por la unidad misma. Una unidad que sea firme y consistente que permita dar las peleas que tiene por delante el pueblo argentino. Que aprendamos de esto que venimos viendo en estos días con las compañeras en el 8M, les trabajadores el 21, con lo que fue la resistencia en diciembre en la Plaza de los Dos Congresos. Hay una oportunidad.
Seamos inteligentes, repite varias veces. No se trata de reconstruir el 54% de 2011. Eso no va a volver, ya fue. Ahora toca otra cosa. Nos toca construir una unidad para dar las peleas que tiene por delante el pueblo argentino. No es la unidad por la unidad misma. Eso es verso para la gilada. 

¿Cuáles serán las peleas por delante del pueblo argentino? Ahora mismo, por ejemplo, tenemos por delante la posibilidad de acompañar los pañuelos verdes y juntar votos para lograr el aborto legal. No sacarse la foto. Comprometerse políticamente a esa lucha. Eso es hacer kirchnerismo. Aprovechar la coyuntura para empujar la ampliación de derechos.

Hay una oportunidad. En el 2018 van a pasar cosas, muchas cosas. Habrá acontecimientos nuevos, a los que deberemos entregar nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras cabezas siendo inteligentes, como pide Máximo.  La victoria popular del año que viene se conquista en la lucha popular de este año. 

La militancia política de base tiene quizás la tarea más importante. El 2018 es un año de construcción. En la medida en que se deterioren las condiciones económicas (que lo harán) y el descontento social busque organización y representación, ahí tenemos que estar. Organizar el descontento es hoy una tarea posible y necesaria.

Ya no estamos en el desierto del 2016, donde nos juntábamos en plazas entre nosotres a darnos aliento y cantar que vamos a volver. Los tiempos se aceleran y ahora pasan cosas. Hay conflictos por doquier. Hay malestares que politizar. Hay pueblo por organizar. Las condiciones son excelentes para hacer kirchnerismo, kirchnerismo del bueno, el kirchnerismo que se viene: revolucionario, feminista, popular, transformador. El kirchnerismo del futuro, que va a vencer.





Tuesday, December 19, 2017

Perdimos pero ganamos




Hoy asume lo que venga
Sea para bien, o todo mal.
- La Vela Puerca

Entrado el 19 de diciembre a la mañana, se aprobó el choreo jubilatorio. La ley pasó y eso es un dato. Con aprietes a gobernadores y andá-a-saber-qué-banelcos-inventaron, lograron que opositores votaran a favor, se abstuvieran, se ausentaran o dieran quórum. Eso sucedió dentro del Parlamento, cristalizando ese 128 como el número de la infamia. El Presidente sale en conferencia de prensa y dice que todo bien todo legal. Pero sabemos que no fue eso todo lo que sucedió. Algo se quebró en el régimen, algo se fisuró, se resquebrajó.

Las últimas semanas han sido dramáticas. Dramáticas. Una sucesión de batallas donde hemos llorado de bronca y alegría, a veces con horas de diferencia. Vimos el salvajismo policial como nunca, el cinismo mediático a pleno, tuvimos miedo por momentos, nos indignamos descubriendo nombres de diputades ignotes. Pero también fuimos protagonistas de jornadas de lucha heroicas. Fuimos pueblo en la calle. Construimos un destello de pueblo, participamos de ráfagas de potencia transformadora, fuimos unidad de les trabajadores y al que no le gusta se jode, se jode. También aplaudimos opositores de todos los colores, celebramos coincidencias con massistas, troskistas, socialistas y mucha otra gente a la que supimos tildar de gorilas y traidores. Vimos a nuestra dirigencia representar mejor que nunca. Nos emocionamos con la CGT, luego la puteamos. Como les decía, días dramáticos.

Quizás baje la espuma, quizás no. Nuestro objetivo es que no baje. Algo se fisuró en el régimen y es nuestra tarea que aquello que se abrió no se vuelva a cerrar, que se abra cada vez más. Lo que está por delante es incierto, pero habrá que asumir lo que venga, sea para bien o todo mal. Si somos inteligentes, si le ponemos cabeza y corazón, hay condiciones para la construcción de una nueva mayoría. Dale que puede escampar, va a escampar.


Perdimos

Arranquemos por lo obvio. Perdimos la votación de la reforma previsional. Enfrentamos un adversario poderoso que cuenta para sí con la artillería más pesada de la que tengamos memoria. Lograron arriar los votos que necesitaban, mostraron fortaleza en una foto con 14 gobernadores, los medios hegemónicos sostuvieron el relato macrista hasta el final (con honrosas excepciones), y las fuerzas de seguridad están preparadas, parecería, para ir a la guerra contra la sociedad si así se los pide Patricia Bullrich.

También perdimos porque ni las movilizaciones sociales masivas, las organizadas y las espontáneas, ni el repudio social generalizado pudieron torcerles la muñeca. El jueves 14, cuando parecía que flaqueaban y sacaban DNU, pararon la pelota, reagruparon y volvieron a la ofensiva. No logramos quebrarles el quórum, ni hacer tambalear su pacto extorsivo con las Provincias. Mierda que intentamos, loco. Pero no se pudo.

Perdimos porque siempre perdemos cuando el régimen nos reprime y nos persigue. La cacería policial, la militarización del Congreso, las denuncias penales contra diputades del FpV, Macri diciendo que las protestas fueron "orquestadas", el periodismo patrullero pidiendo sangre sangre sangre. No olvidar que la fisura en el régimen comenzó a abrirse el jueves 7 (o tal vez fue el 29 de noviembre en la marcha de la Corriente Federal), cuando el infame fallo Bonadío suscitó rechazos plurales y heterogéneos desde la extrema izquierda hasta la ancha avenida del medio. Ya lo sabemos: el espiral de represión y persecución tan sólo va a aumentar. Seguramente habrá una nueva tanda de prisiones políticas en los días por venir.

Son tiempos difíciles, mamita. ¿Quién no tuvo miedo en algún momento estos días? Recordemos a García Linera hablando el año pasado en Sociales, que sirve:
Tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles es su aire. De eso vivimos, de los tiempos difíciles, de eso nos alimentamos, de los tiempos difíciles. ¿Acaso no venimos de abajo, acaso no somos los perseguidos, los torturados, los marginados, de los tiempos neoliberales? La década de oro del continente no ha sido gratis. Ha sido la lucha de ustedes, desde abajo, desde los sindicatos, desde la universidad, de los barrios, la que ha dado lugar al ciclo revolucionario. No ha caído del cielo esta primera oleada. Traemos en el cuerpo las huellas y las heridas de luchas de los años 80 y 90. Y si hoy provisionalmente, temporalmente, tenemos que volver a esas luchas de los 80, de los 90, de los 2000, bienvenido. Para eso es un revolucionario.
Dice el compañero Álvaro: toca luchar. Luchar en tiempos difíciles es que te corra la policía. Es llevar limón y palestino en la mochila. Es leer listados de detenides buscando gente que conozcas. Es armar un cacerolazo en la esquina de tu casa y que termines en caravana con cientos de personas yendo al Congreso. Es marchar con los sindicatos aunque no estés afiliade (igual, dale, afiliate). Pero sobretodo, luchar es la constancia de militar todos los días haciendo laburo de hormiga, sabiendo que de repente acontece algo y todo lo que le pusiste parece plasmarse en una gran gesta. Como ayer, que perdimos pero ganamos.


Ganamos

¿Ganamos o perdimos? Las dos. Pero permítanme decir que lo que ganamos es más importante que lo que perdimos. El choreo jubilatorio que se aprobó en la mañana del 19 es pésimo, es vergonzoso, es asesino. Pero, vamos, ¿fue realmente LO PEOR que hizo Macri desde que asumió? ¿Fue lo más tremendo que empujó? No, loco. Con Macri todo es tremendo y terrible. Cada día hay algo terrible en el Boletín Oficial. Entonces el choreo a nuestres abueles es una mierda pero es parte de una gran mierda donde nos toca nadar diariamente.

¿Qué ganamos? Ganamos el debate entre la gente. Ganamos que un ajuste que parecía que pasaba sin pena ni gloria, conmocionó a la sociedad. Conmovió centenares de miles de personas que a últimas horas, cuando parecía que todo estaba perdido, salieron con sus cacerolas primero a los balcones, luego a las esquinas, y empezaron a caminar. Ganamos que el triunvirato se animó a luchar, aunque sea tímidamente y un poquito. Ganamos que construimos una foto de unidad opositora que permite pensar en una contraofensiva, que podemos golpear en conjunto para seguir tabicando los ajustes que vienen.

En muchas conversaciones en estos días entre compañeres, aparecía esta idea de "ahora que meten las reformas la gente lo va a sentir y se va a dar cuenta de la mierda que es Macri", casi como diciendo ya fue, que aprueben todo. Pero no es por ahí mis queridas kukas. No es por ahí ni en pedo. Despertamos más gente estos últimos diez días que en dos años de macrismo. Para GANAR hay que querer ganar. Para construir una mayoría, hay que ir subiendo escaloncitos.

Hay que jugar siempre a ganar. Porque incluso cuando pierdas, si jugaste a ganar, algo ganás. Tres razones:

  • Porque somos peronistas por tanto bilardistas. Sabemos que tenemos razón, pero también sabemos que con la razón no hacemos un choto. Conocemos de derrotas y aprendemos de ellas, pero medimos nuestras acciones políticas en función de cumplir objetivos. Siempre jugamos a ganar.

  • Porque rechazamos la gilada de cuanto peor mejor. No flasheamos que cuanto más destruyan el país más cerca estamos de volver. No, loco. No somos socies del Club del Helicóptero. Creemos en la democracia, creemos en la paz. Pero sobretodo, nos duele la injusticia y la desigualdad. Jamás festejaremos ni permitiremos convalidar el dolor popular, incluso si eso facilita un clima antimacrista.
  • Porque una nueva mayoría se construye ganando cosas. Aspiramos a enamorar al pueblo, a ser útiles para la gente. ¿Sabés lo que hizo la oposición estos días? Te cuidó el bolsillo del choreo, protegió a abuelos y abuelas, custodió la AUH. Te defendió a vos. Guerra de posiciones es esto. Ganar batallas que abran otras posibilidades, mostrarle a la sociedad que te hacés cargo, que bancás los trapos. Ir avanzando pasito a pasito, suave suavecito. Aunque después en la votación pierdas, ya ganaste. En este baile el gobierno perdió votos, y nosotres sumamos, no me cabe duda.


Lo que venga

Eso que se quebró en estos días puede repararse, puede volver a cerrarse, o se puede seguir abriendo. Desplazamos la grieta de K/AntiK a JUBILADES SÍ/JUBILADES NO. Eso ha sido un enorme triunfo popular. Es importante aprovechar el momento, empujar este diciembre, ver adónde nos lleva, sacar saldos. El gobierno intentará reagrupar y recalibrar la brújula, cambiar el eje del debate público. Encanando kirchneristas, seguramente, reforzando que la violencia es opositora antes que neoliberal. Por eso la importancia de ser inteligentes. Tres puntas en ese sentido:

1) Construir oposición. No es momento de bardear troskes, ni massistas, ni nadie que como nosotres también diga que NO a esta locura. Es momento de la unidad del NO. No puteemos a la CGT, pidámosle que luche. Acompañemos y fortalezcamos las posiciones combativas ahí adentro. Yo sé que tenemos como ganitas de decir: "vieron manga de giles que al final el kirchnerismo tenía razón". Es que claro, tuvimos razón desde el principio. La caracterización que hizo Cristina y el kirchnerismo sobre Macri se tornó hegemónica dentro de la oposición. Nació la oposición, se dijo estos días, pero nació sobre la base estratégica de nuestra posición. Decir que no, no conceder nada, no convalidar, no dar quórum. Hoy esa posición cobra sentido generalizado, en la oposición pero sobretodo en grandes franjas de la sociedad.

2) Organizarse. Hay ganas entre la gente de sumarse a la lucha. Si leés esto y no estás militando activamente, es el momento de sumarte. Hay que aportar un granito de arena todos los días, hay que fortalecer las redes políticas de oposición. Buscá una organización, la que más te guste, y sumate. O afiliate a un gremio y andá a las reuniones. Si no te gusta nada de lo que hay, todo bien, armá algo nuevo. Buscá a la gente con la que caceroleaste ayer en la esquina de tu casa, y empiecen a tejer. Que no quede ahí. Ahora que vos y tu vecine se cruzaron caceroleando, no hay vuelta atrás. Conózcanse y organícense. La nueva mayoría empieza en cada esquina.

3) Aprovechar la coyuntura. Hasta al macrista más macrista le hace ruido el saqueo jubilatorio. Hay condiciones subjetivas y objetivas para salir a convocar y convencer gente. Rompé la grieta, tendé puentes. Hablale a tu tío gorila con el que no hablás hace años. Preguntale a tu abuela si sabe lo que se votó, aunque viva mirando TN. Metamos cartelitos, mandemos mensajitos, armemos conversaciones en el laburo. Que no les sea gratis, que sea un punto de inflexión.

No nos comamos la curva, no estamos al borde de la revolución bolchevique. El macrismo sigue juntando una montaña de votos, y seguramente Carrió volvería a sacar 50 puntos en CABA si las elecciones fueran hoy. El odio clasista y antikirchnerista sigue sosteniendo al gobierno, la UCR no se inmuta, Magnetto aporta lo suyo, y las ondas de optimismo zen deben seguir seduciendo gente. Pero algo se está moviendo. Que no se corte, que no decaiga, depende de vos. 

Friday, December 8, 2017

Frente a la persecución




Un último secuestro no!
El de tu estado de ánimo, no!
Tu aliento vas a proteger

En este día y cada día.


Detenciones en la madrugada, prisiones preventivas en ráfagas, balazos por la espalda. El régimen macrista (porque es un régimen) avanza a pasos acelerados en una espiral de persecución, ajuste y disciplinamiento que significa un potente deterioro de las reglas de juego democráticas y las garantías constitucionales.

Vivimos un estado de excepción sin precedentes desde 1983, una pesadilla convalidada por urnas, panelistas, senadores, jueces y trolls. Ante semejante bombardeo, es fácil desesperar. En nuestras bases se suelen escuchar reclamos del orden "acá nadie hace nada" o "alguien debería hacer algo". Es que es lógico. Ver caer en cana compañeres como Amado Boudou, Luis D'Elía y tantes más; los asesinatos políticos de Rafael Nahuel y Santiago Maldonado; y senadores del peronismo votando el saqueo previsional; es como mucho, ¿no?

Sin embargo, sabemos que la desesperación es enemiga de la organización política. Corremos el riesgo de volvernos personajes de Capusotto que demandan soluciones urgentes que no llegarán por arte de magia. En su conferencia de prensa Cristina Fernández de Kirchner fue contundente: hay que responder por la vía política. En este día y cada día.


El régimen persigue

El infame fallo Bonadío acusa a la más importante líder popular de la Argentina desde Perón de "traición a la patria". Exactamente como le pasó a Perón, a Rosas y a San Martín, otros libertadores. En sintonía coordinada, emboscan en la noche a los patriotas Carlos Zannini y Luis D'Elía. Esteche se entrega. Procesan al Cuervo Larroque y a Parrili, y a Timerman le dan domiciliaria por razones de salud.

No somos giles. Sabemos que la causa AMIA, como ha dicho Cristina siempre, se juega en el tablero global de la geopolítica. Justo cuando el imperio norteamericano desata el caos en Medio Oriente, a Cristina se la quiere encanar ya no por el dólar futuro, no por los hoteles del sur, no por asociación ilícita, sino por la falluta denuncia de Nisman. Pero bueno, alejémonos un toque de la situación particular del fallo Bonadío, y tratemos de verlo en un marco más general.

Una certeza: la persecución política es endógena al régimen macrista. Forma parte estructural de su dispositivo político, y no cesará hasta que lo derrotemos. La persecución tiene múltiples razones y motivos, no hay uno solo. Enumeremos al menos cuatro:

  • Se persigue para amedrentar y fragmentar a la oposición política. Carpetazos que consiguen votos para desempantanar las leyes saqueadoras en el Congreso. Pablo Moyano moviliza junto a la Corriente Federal y las CTAs, acto seguido él y su viejo se comen una apretada cósmica en el Clarín del domingo. Les dicen: si siguen así, vayan pensando en Marcos Paz.
  • Se persigue para tapar otras cosas. Luciano Galup en tuiter muestra cómo el fallo Bonadío se llevó puesto el debate público en redes sociales sobre dos temas calientes calientes: el ARA San Juan y la reforma previsional. Cristina hizo mención a esto en su conferencia. Ricardo Rouvier informa que el macrismo viene perdiendo con la opinión pública por la reforma previsional. Pasemos a otro tema, no quiero hablar de esto. Llamen a Comodoro Py.
  • Se persigue para mantener vivo el odio revanchista. Viva la grieta. El antikirchnerismo quiere sangre kuka. El macrismo sabe bien que su núcleo duro identitario no compra el new age del presidente, o la liviana filosofía política de Marcos Peña y Ale Rozitchner. Cambiemos es la negación de Cristina, antes que nada. Sin eso, ¿qué les queda? ¿qué aglutina? ¿el segundo semestre?
  • Se persigue para desmovilizar. El desánimo y el miedo erosionan la voluntad organizativa de una sociedad que tiene mucha mucha calle, y viene reventando plazas y avenidas sin pausa desde diciembre de 2015. Desperonizar y deskirchnerizar la Argentina es desmovilizarla.

El Cadete de Navarro suele bromear con "el whatsapp del gobierno". Es difícil analizar cómo se coordinan las acciones persecutorias en el bloque dominante. Quizás no todo está cuidadosamente planificado, quizás haya tensiones, excesos, idas y vueltas. Pero lo que sí es indiscutible es que quien persigue no es un juez pistolero, sino el régimen mismo. Está en su naturaleza, a eso han venido. A perseguir. 


Esta cárcel sigue así

La lista de patriotas preses se acrecienta día a día. Milagro Sala, Amado Boudou, el Chino Zannini, Julio de Vido, Luis D'Elía y más. Un pibe preso por un tuit también es un preso político, si esta cárcel sigue así.

Con mucho dolor, debemos asumir que esta cárcel seguirá así. El régimen persigue y no dejará de perseguir hasta que lo derrotemos. Serán varias navidades con prisiones políticas, de demandar y exigir una libertad que hará oídos sordos en los de amarillo, porque esas cárceles son necesarias para tapar, amedrentar, avivar el odio y desmovilizar.

La pregunta es: ¿Cómo se libera a les preses polítiques? ¿Cómo logramos el fin de la persecución? Nuestra mayor admiración y respeto a les compañeres que tienen el doloroso honor de ser preses del régimen. Algo habrán hecho a favor del Pueblo si caen en cana. Nuestra tarea ética es acompañar, solidarizarnos, empujar las campañas locales, nacionales e internacionales por su liberación, como se ha hecho por la compañera Milagro desde el día uno. Se necesitan coordinadoras por la libertad, acciones conjuntas, estrategias jurídicas y militantes.

Ahora bien, la libertad efectiva y definitiva la lograremos con la victoria popular. No hay Devotazo sin Frejuli. No hay libertad para Paco Urondo y les preses de Trelew sin antes el triunfo de Cámpora y Solano Lima, sin el luche y vuelve. Por la libertad de Milagro, debemos derrotar a Gerardo Morales. Por la libertad de Luis D'Elía, debemos derrotar a Carrió. Por la libertad de Amado, debemos derrotar a Macri. Ese es el verdadero compromiso con la libertad, ese es nuestro deber político. Vencer para frenar la persecución.


Desplazar la grieta, otra vez

Es un disco rayado ya en este blog, pero hay que insistir una y otra vez. La grieta que quieren imponer Lanata, Feinmann y Durán Barba nos aísla, nos achica, nos impide construir mayorías. Siempre hay que partir la sociedad al medio, dibujar la raya con un palito en el medio de la calle de tierra, y preguntarle a la sociedad de qué lado estás. Pero ese clivaje político debe desplazarse más allá de kirchnerismo/antikirchnerismo.

Provoca Damián Selci: hay más Estado de derecho en la gente que en los dirigentes. Sea así o no, la tarea es construir republicanismo en la sociedad. Apelar a la sensibilidad democrática argentina para decir que así no. Esto no puede ser. A medida que esta cárcel sea más y más así, ¿cuánto estará dispuesto a tolerar nuestro pueblo? ¿Hasta qué punto ese tercio intermedio entre kukas y gorilas se banca que el régimen encane sin parar?

Propone el Cuervo Larroque: "Es imprescindible convocar un espacio amplio con el objetivo de defender la democracia más allá de las diferencias políticas e ideológicas de cada uno. Esto ya traspasa todo límite". El rechazo al fallo Bonadío sumó adhesiones múltiples: Felipe Solá, Facundo y Pablo Moyano, Pino Solanas, la totalidad del troskismo (del Frente de Izquierda a Izquierda al Frente), el Movimiento Evita, la CTEP, intendentes, y las voluntades siguen apareciendo.

La tarea es construir una unidad opositora contra la persecución, lo que no quiere decir un frente electoral. Eso está lejos aun. Son unidades tácticas en frentes concretos, que permiten reformular un diálogo con la sociedad sobre lo que está ocurriendo. Lo electoral vendrá luego, no nos apuremos. Por ahora, guerra de posiciones.


La espada de Damocles

¿Pueden meter presa a Cristina? Bueno, ya hay un pedido de desafuero y detención. No es joda. Sin embargo, y a riesgo de pifiarla, quizás no sea ese el objetivo real. Primero porque el sistema político argentino hay que ver si convalida la detención de la principal dirigente opositora del país. Hay que ver si la gente se lo banca. Y el macrismo lo sabe.

Más bien, el objetivo parece ser, como dijo ella misma con una metáfora brillante, que la espada de Damocles penda sobre su cabeza. Que tenga cientos de procesamientos, decenas de pedidos de desafuero y detención, embargos por centenares de millares de dólares que no tiene. Un apriete mafioso mayúsculo que busca quebrarle la voluntad a Cristina. Lamentamos informarle al régimen: a Cristina no la quiebran. No la van a callar. Quieren secuestrar nuestro estado de ánimo. Pero Cristina lo protege. En este día y cada día.

Queríamos que volviera Cristina, y Cristina volvió como senadora y líder opositora. En el marco de la confusión, la bronca y la incertidumbre, nos empujó a luchar a fondo por lo que importa. Un gesto de lealtad y patriotismo que la pone en el panteón de les libertadores de América. Sobre el pedido de desafuero, un periodista de La Nación le pregunta qué espera del bloque justicialista que conduce Miguel Pichetto. Atenti a la respuesta:

Más importante que medir la actitud frente a los pedidos de desafuero, lo que yo voy a solicitar a todos los compañeros y compañeras que integran el peronismo y también a los que no forman parte de él, pero creen que la variable de ajuste no pueden ser los trabajadores ni los jubilados, que se pronuncien más que defendiendo a una senadora, se pronuncien defendiendo esto. La necesidad de custodiar los derechos de jubilados, de trabajadores y de las grandes mayorías nacionales. Todo lo demás es una cuestión menor

Dice CFK: no se trata de mí, de si me quieren meter en cana. Se trata de defender a las grandes mayorías. Pichetto, me importa tres pitos lo que pienses de mi desafuero. Lo que importa es defender a les jubilades, a les trabajadores. Cristina desplaza la grieta. El régimen quiere saquear la Patria. No se lo permitamos. Frenemos las reformas.



Tuesday, November 28, 2017

La causa contra el régimen




Nueva revolución, nueva sangre, nueva mente
lo que se pierde, ya se perdió y no me seques la frente 

- Los Piojos



20 de noviembre de 2017. Cristina Fernández de Kirchner cierra un encuentro de mujeres peronistas en la Provincia de Tucumán. Una multitud se convoca para escucharla, sentirla, estar cerca de ella. El eje del discurso es el rechazo a las reformas que impulsa el macrismo. En un momento, desde el fondo crece un grito: “Macri, basura, vos sos la dictadura”. En un tono cómplice, jodiendo casi, pero siendo líder y pedagoga, Cristina reacciona:
“Ya les dije que no eso. Ya les dije que no eso porque después los critican, y les dicen… no, mirá: este es un régimen. El régimen macrista, por así decirlo. Vamos a decirle el régimen macrista. En el régimen macrista, las normas no son las de la Constitución, no son las del derecho laboral, no son las del Estado de derecho. Es eso, un régimen. El régimen macrista”.
Luego siguió hablando, escúchenlo entero si no lo hicieron, es brillante por todos lados. Pero vale la pena detenerse en la definición, porque entraña potentes consecuencias políticas y estratégicas. No canten que es una dictadura, nos plantea CFK. Si dicen eso quedan como marcianos. No sean nabos. Seamos inteligentes.

No es una dictadura porque hay elecciones donde los vota mucha gente, pseudo-división de poderes ponele, algunas garantías selectivas. No podemos hablar de democracia o de Estado de derecho pleno, pero tampoco de dictadura. Vivimos si se quiere en un Estado de excepción, donde las garantías se suspenden a costa de razones "mayores": la “lucha contra la corrupción, “el combate a las mafias”, la “defensa contra el terrorismo mapuche” y sarasa.

“Régimen”, la palabra que elige Cristina, remite a lo profundo de la historia argentina. Régimen era contra lo que luchaban Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen; es la palabra que designaba Cooke para referirse a los gobiernos de la proscripción del peronismo. Tomemos nota: confrontamos con un régimen. ¿Cómo se hace eso? No hay carteles para saber cuál será tu sendero, claro. Pero sí podemos tirar algunas puntas.



No hay diálogo con el regimen

En un Estado de derecho pleno, podemos jugar el juego de la democracia liberal. El Ágora si se quiere. Hay una escena de debate público, donde las distintas expresiones políticas plantean sus ideas, sus propuestas, se argumentan entre sí, debaten, se hablan, se escuchan, se gritan. Pero hay un consenso sobre las “reglas del juego”. Si sos dirigente social, no te van a encanar por hacer un acampe en una plaza. Si sos docente, no te reprimen por montar una escuela itinerante. Si sos un líder opositor, no te amedrentan, no te amenazan, no te persiguen. El kirchnerismo fue republicano. El macrismo no lo es. 

¿Es posible negociar, debatir, converger con un régimen? No, la política tiene límites éticos. Si enfrentamos un régimen, el régimen debe caer. No hay lugar para aceptar sus mentiras como verdades. No hay reparación histórica, no hay lucha contra las mafias, no existe el terrorismo mapuche, no hay que bajar el déficit, no hay que flexibilizar derechos, la transparencia es una estafa. El régimen asesina mapuches en la Patagonia. Aceptar alguna de las posverdades macristas como verdadera es jugar el juego del adversario, y la cancha está inclinada. Es propaganda enemiga. El país que Macri nos quiere vender no existe. No lo aceptemos.

A su vez, dialogar, debatir y argumentar con el macrismo no sólo es anti-ético, sino que es inútil. El macrismo no dialoga. El macrismo no argumenta. No hay ágora posible con el régimen. No hay espacio de reglas claras donde se pueda intercambiar posiciones y se logre alguna síntesis. No hay síntesis posible. Sino preguntale a Felipe Solá, que votó el blanqueo de capitales bajo la estricta condición que los familiares del presidente no entraran. Y entraron por decreto. Ahora él y Tundis se arrepienten públicamente de haber levantado la mano. No amigues. No debatan, no argumenten, no dialoguen con el régimen. Voten que no y listo. Parece que les va cayendo la ficha.

Gustavo Varela, filósofo, aporta un motivo más para no debatir con el régimen. Dice Varela que Cambiemos es una política sin afuera:

Crean un lenguaje con poco: felicidad, cambio, no volvamos para atrás, sí se puede, vivir mejor, todos los argentinos, equipo, en todo estás vos, vecino, juntos, nosotros. ¿Engañan? No, inventan un lenguaje atractivo. Un vocabulario tela de araña, atrapante, anhelado. Un conjunto acotado de conceptos que se definen entre sí: Felicidad es el cambio; no volvamos para atrás es lo que el vecino quiere; el vecino es todos los argentinos que quieren la felicidad; el equipo es todos juntos, se puede, vecino y vecino, los argentinos, la felicidad…. Crear realidad es crear una red de conceptos que forman un sistema, y ese sistema es la construcción de una verdad sin afuera (a esto llaman posverdad). Una pura tautología, un espejo, una tela de arañas de la que no es posible salir….Cualquier expresión del afuera, cualquier discrepancia política es un absurdo, molesta, está fuera de lugar. Es puro exceso. Ante este conjunto de conceptos creados por el macrismo, hablar, decir, opinar, enfrentar, es un exceso que atenta contra un “nosotros” permanente.
Es Marcos Peña en el Congreso diciendo ustedes kirchneristas son el pasado, es Lipovetsky en C5N con su sonrisa macabra diciéndole a Depetri: si fuera así como vos decís, hubieran ganado las elecciones. Cuánta bronca. Pero claro, no se puede argumentar con el macrismo. No hay retruco para cantar, estás peloteando contra la pared. Quedás como un marciano.

No nos gastemos. No hay que contraponer argumentos con el régimen. Hay que debatir con la sociedad sobre lo que el régimen hace. Ir tejiendo redes, movilizando afectos, nombrando daños, organizando. Lleva tiempo, pero es por ahí. Lo dice muy bien Juan Soriano: No hay que ganar discusiones. Hay que ganar corazones para después ganar elecciones.


El régimen no es hegemónico

Hegemonía: palabra acomplejada y pomposa que usamos les militantes y les analistas para tratar de pensar la realidad, pero que ahuyenta cualquier familiar o vecine que te la escuche de paso. En mi cabeza, hegemonía es como que si la sociedad es un barco, vos tenés el timón y podés ir llevándola: un poco con látigo (sos un capitán sorete), un poco a los gritos, un poco porque tenés la llave de la despensa, pero también porque les marineres te valoran, te escuchan y confían en vos.

¿El macrismo es hegemónico? Quizás sí. Ganaron las elecciones del 2017, superaron a Cristina en la Provincia y bailaron con globitos. Pero no. La verdad que no. El macrismo no es hegemónico por dos razones: (a) porque por mucho Durán Barba y coso, lo que es hegemónico EN EL MUNDO es el neoliberalismo salvaje de Netflix, la timba financiera y el ajuste permanente. El macrismo es eso en versión argenta, no mucho más. Hay mérito pero no tanto. Y (b) porque existe Cristina Fernández de Kirchner, existe Unidad Ciudadana, el Alberto dice que no en el Senado, Pablo Moyano se junta con la Corriente Federal y el Papa desde lejos también cuestiona. No hay hegemonía mientras enfrente se te planten con fuerza.

Sobre el punto (a): Si miran una publicidad de Coca-Cola o de McDonalds, díganme sino pueden cambiarle el final y que en vez de que diga el slogan pedorro que sea, sale una boleta de Ocaña y el locutor que dice: “Cambiemos”. Hay una publicidad de Dove en la radio que juro que la voz la pusi María Eugenia Vidal. Es igual. El macrismo se sube al tren de la ideología dominante del neoliberalismo siglo XXI. Las ondas de autoayuda, el tufillo a budismo de Recoleta, la alegría de estar vives. Una publicidad de gente rubia que se realiza consumiendo, sin conflictos ni luchas ni peleas ni bardo ni quilombo.

Sobre el punto (b): Hegemonía no es seguirle la corriente al sentido común de época. Es torcerlo, es navegar contra la corriente, es CREAR sentido común de época. Cambiemos no hace eso, y sobretodo no lo hace porque no ha logrado doblegar ni quebrar al kirchnerismo. En un texto altamente recomendable, Iñigo Errejón plantea que una hegemonía dominante sería algo así:

[La hegemonía de los sectores dominantes] es el ejercicio del poder político basado en la integración de parte de las demandas de los subalternos en su proyecto de dirección, la ampliación de su bloque histórico con la integración subordinada de una parte amplia de estos últimos, y el aislamiento y desarticulación de los núcleos resistentes de manera frontal, opuestos a su régimen”.
Eso del aislamiento y desarticulación de los núcleos resistentes no parecería estarles saliendo. Se sobreestima al macrismo. Ta. Ganaron las elecciones en PBA, pero por cuatro míseros puntos. Si Cambiemos fuera tan hegemónico, habría pulverizado al kirchnerismo, y no necesitaría mentir descaradamente, destrozar las garantías democráticas, amenazar gobernadores y dirigentes sindicales, asesinar mapuches y perseguir a Cristina para lograr pasar tres reformas por el Congreso. El régimen es un tigre de papel, aunque junte muchos votos.

El macrismo será hegemónico el dia que logre quebrar a Cristina como punto de acumulación popular; el día que se desarticule definitivamente la presencia anómala y pujante de la unidad ciudadana que estamos construyendo. Ni Magnetto, ni Paolo Rocca, ni Macri, ni la cheta del Nordelta dormirán en paz hasta que se borre de la faz de la tierra todo rastro de kirchnerismo. Y ese día no va a llegar. Porque no nos quiebran. Así de fuerte es Cristina, que nos da fuerza a todes.


Desplazar la grieta contra el régimen

El macrismo, falta agregar, no se nutre únicamente del espíritu neoliberal del Siglo XXI, sino que en su núcleo fundante está el rechazo al kirchnerismo. Damián Selci le dice la obsesión contra el goce ajeno. Macristas que pagan sus facturas con "alegría" pensando que están sacrificándose para que los negros sufran aun más. Sáquenme un poco a mi si hace falta, pero dejemos de mantener vagos. La restitución del orden social jerárquico que el kirchnerismo trastocó.

La "grieta", como ya se ha tratado en este blog, es el peor enemigo del campo popular. Que se entienda bien, el problema no es partir la sociedad al medio. Eso es la clave de todo proceso populista. No existe la política sin conflicto, no existe pueblo sin antipueblo. Pero la palabra "grieta" la inventó Lanata, y logró partir la sociedad de una forma muy poco favorable para nosotres, y muy útil para el macrismo. Si odiamos a cada votante de Carrió, tenemos que tirar por la borda la mitad de la Ciudad de Buenos Aires. Si pensamos que cada votante de Bullrich es un globoludo, olvidémonos de recuperar la Provincia. Aceptar la "grieta" es dejar que el enemigo marque la línea divisoria.

El corte debemos marcarlo nosotres. Es jodidísimo y llevará mucho tiempo desandar la grieta y el odio de la cheta del Nordelta en boca de laburantes y clasemedias. Pero esa es la clave de una nueva mayoría. Porque las mayorías políticas son ante todo sentidos compartidos, son articulaciones de sentido. Son identidades que logran abrazar más y más gente, que logran torcer cabezas y corazones en una dirección nueva.

Si queremos construir una mayoría nueva, si queremos realmente derrotar al régimen en las urnas, debemos desplazar la grieta, debemos correr el eje de la dicotomía kirchnerismo/antikirchnerismo. Porque en esa dicotomía nos cagan a goles. Aunque duela, hagámoslo carne: no se trata de que vuelva el kirchnerismo. El kirchnerismo se fue. Se acabó. Se trata de construir otra cosa, de desplazar las líneas demarcatorias entre el campo popular y el campo oligárquico. Construir otra "grieta", pero con otro nombre y otras coordenadas.

Como siempre, hay que escuchar a Cristina. En Tucumán cerró así:
Quiero decirles a todos que es necesario un debate amplio de las cosas que tenemos que discutir y que tenemos que debatir. No es hora de enfrentamientos o discusiones inútiles. Nos quieren envolver en discusiones y peleas entre nosotros. No le voy a dar el gusto a nadie. No le voy a dar el gusto a nadie. Que no me vengan con Cristina sí o con Cristina no. Venime con trabajadores sí o con trabajadores no. No me jodan más. No me jodan más. Venime con jubilados sí o jubilados no. Decime los intereses de las provincias o estás en contra de los intereses de las provincias. Van a jorobar a los municipios o no van a jorobar a los municipios.
Ahí está la clave. Las reformas que empuja el régimen no son más que un saqueo maquillado. Si caen en la grieta, alpiste perdiste. Que no caigan en la grieta, por lo menos no en la grieta de Lanata y Majul. Que sean las mismas reformas la nueva grieta política y social. Reformas sí o reformas no. Es lo único que importa.

Las reformas deben ser frenadas, y en ese frenarlas, debemos construir sentido común. Debemos apelar a todos los elementos posibles para frenarlas. Alfonsín y Ubaldini. Tosco y Rucci. Yrigoyen y Perón. No importa la grieta. No importa el kirchnerismo, no importa las mayorías que supimos construir, no importa si Pablo Moyano le hacía paros al gobierno popular, no importa si el cepo al dólar estuvo bien o estuvo mal, si 678 sumaba o restaba, no importa si Berni, si Milani, si no profundizamos, no importa la autocrítica ni la defensa férrea. Lo que se pierde ya se perdió, no nos sequemos la frente. 

Lo único que importa es la causa contra el regimen. Las reformas no deben pasar. Si logramos frenarlas, ahí sí, compañeres, estaremos pariendo algo nuevo. Algo que será nuestro, de les kirchneristas, pero que será mucho más. Algo que tendrá a Cristina al frente, ni lo duden. Pero que será distinto, contemporáneo, potente y popular. Nueva revolución, nueva sangre, nueva mente. Frenemos las reformas, lo demás no importa nada. Nos vemos en la calle.

Monday, November 13, 2017

La política contra el fatalismo




Las olas del destino
a esta playa te trajeron.
La madera está partida
ahora es tiempo de tallar
navegante, tu canoa.
A navegar el abismo!
A navegar el silencio!
A navegar tempestades!



Como en toda etapa política, gana quien caracteriza mejor el contexto y actúa en consecuencia. Se trata de calibrar bien la brújula (o el astrolabio), de poder leer en distintos planos: en la sociedad, en la economía, en la política, en la cultura. Entender el juego en el que estamos y lo que viene por delante. Una definición de conducción política en términos juanperonianos clásicos: ver base para apreciar, apreciar base para resolver, resolver base para actuar. Con el corazón mantenemos las convicciones, con las neuronas tratemos de ver dónde estamos parades.

Las olas del destino nos trajeron hasta acá. Al escenario de los tercios asimétricos. Un tercio macrista que nos odia, un tercio kuka y peruca que nos ama, y entre sí mucho no se quieren. Pero el odio anti-Cristina (etapa superior del gorilismo según Asís) se expande con más potencia más allá de su tercio que el nuestro. El voto anti-Cristina es más pragmático y menos afirmativo que el voto anti-Macri (véase la migración de 1País a Cambiemos de PASO a Generales en PBA). La avenida del medio existe, pero es una calle de una mano que dobla siempre a la derecha. AntiK es más fuerte que AntiM, y en un balotaje perdemos por paliza. Por ahora.

En este 2017 que va terminándose, perdimos las elecciones y el gobierno las ganó. Eso da cuenta de una cierta correlación de fuerzas y a la vez modifica la correlación de fuerzas existente. Ahora bien, pido encarecidamente que no seamos fatalistas. Resignarse a que el kirchnerismo está condenado a ser una eterna minoría en un ciclo macrista interminable (Vidal 2023, Larreta 2031, y así); o esperar la hecatombe al estilo "cuando les llegue al bolsillo" o "cuando vuele todo por los aires" ahí sí vamos a volver, son formas del abandono de la política. Néstor y Cristina nos devolvieron la política, no la entreguemos por favor. Es todo lo que tenemos.

Arranca un nuevo capítulo de la larga historia política argentina, el camino al 2019. La última línea de ese capítulo dirá si en Balcarce 50 sigue la oligarquía o vuelve el pueblo. Si le acertamos al diagnóstico, si actuamos con precisión, podemos crecer, consolidarnos, dar peleas, ganar. GANAR. Se puede ganar. 


No hay unidad sin incentivos

Arranquemos por el tema del peronismo. ¿Hay algo que endulce más el oído peronista que la palabra "unidad"? ¿No cantamos con fuerza "todos unidos triunfaremos"? Sí, las matemáticas pos-electorales nos dicen que si sumamos los números (por ejemplo) de Cristina, Massa y Randazzo en la última elección en PBA, nos da la misma cantidad de votos que el 54% de 2011. Si tan sólo fuera tan simple. Incluso una improbable unidad dirigencial no significa necesariamente una unidad de los electorados, algo que suele repetir Abel Fernández.

Dicho simple y sencillo: no puede haber unidad entre proyectos políticos incompatibles. No es cierto que todos los sectores del peronismo tengan incentivos para la unidad. Esto no es un juicio de valor, cada cual atiende su juego, pero es un hecho insoslayable para el análisis. Algo de eso trata de decir Julio Burdman. Un gobernador peronista por ejemplo, primer mandato, le toca compartir sus cuatro años de gestión en tándem con Macri. No lo eligió así, pero le tocó. En 2019 puede renovar, quiere renovar, y se encuentra ante un dilema: ¿juego a ser opositor, parte de una fórmula anti-Cambiemos competitiva, salgo fuerte a confrontar con este modelo? Claro, si las elecciones nacionales y provinciales fueran el mismo día, las boletas presidenciales "arrastran". Pero si yo desacoplo, hago las provinciales ponele en mayo del ‘19, podría jugar a "ganan los oficialismos". Quizás me convenga eh. Cierro con Frigerio, me tiran unos mangos, no me hacen mucho quilombo con la reforma tributaria, me dejan endeudarme… después en el 2023 vemos.

Repetimos: no hay unidad posible entre proyectos políticos incompatibles. Unidad Ciudadana nace de un diagnóstico: así no se puede seguir. Demasiado es el daño, demasiado es el dolor. Debemos cambiar de rumbo y volver a tener futuro. Lo antes posible. No hay lugar para especulaciones, para banquemos y vemos en el 23, para replegarse y dejar que el ciclo macrista siga su curso, que la sociedad se agote de los globos, para hacerse los boludos. Hay que decir que no, sin matices. Este diagnóstico no es compartido por todos los sectores del Partido Justicialista, por decir algo.


La posición kirchnerista

Con @alesiahurtado solemos bromear que en los años impares (sí, los electorales) se lee a Perón y en los años pares se lee a Cooke. Ahora que arranca el '18 vayamos entrándole al Bebe:

El origen del descontento [de las bases peronistas] no es por lo tanto la violencia del régimen, son las sospechas sobre la aptitud del Movimiento para doblegarlo. Los presos, los torturados, los muertos, las innumerables jornadas de combate, testimonian nuestro coraje ante la adversidad: también despiertan interrogantes sobre si no estaremos malogrando tanto sacrificio.
Hay muchos de nuestros compañeros que relegan esas inquietantes intuiciones, resistiéndose a admitir el deterioro de las viejas certidumbres. Otros se tranquilizan oponiendo la convicción de que, pese a todos los obstáculos, a la larga el pueblo vencerá. Pero este fatalismo optimista no es más que otra forma de autoengaño: nuestros compromisos son con esta época, sin que podamos excusarnos transfiriéndolos a generaciones que actuarán en un impreciso futuro.
La historia no es nítida ni lineal ni simple, la Argentina de hoy es un ejemplo de sus complicaciones y ambigüedades. La presencia del peronismo impide que las clases dominantes gocen tranquilamente de sus privilegios usurpados: es por sí misma, la prueba de la decrepitud del régimen, de su ineficacia para resolver los problemas del país (nota: aunque habría que considerar sus formas de prolongación y reciclamiento para mantenerse).
La inquietud prevaleciente responde a la impresión de que nuestros objetivos finales se hallan en una brumosa lejanía, que nuestros esfuerzos cotidianos no parecen acortar.
Dicho de otra manera: entre los anhelos de tomar el poder y los episodios de nuestra lucha, no se ve la relación de una estrategia que avance hacia los objetivos últimos. Se organiza lo táctico, pero sin integrarlo en una política que, por arduo que sea el camino que señale, presente la revolución como factible, como meta hacia la cual marchamos. No más que eso necesitan las masas, pero no con menos se conformarán.
Apuntes para la militancia (1964) 


Es que nuestro movimiento popular – y el Peronismo en primer término – se debate en medio de contradicciones ideológicas que no reflejan las reales contradicciones de la sociedad argentina. La esencia del drama de nuestro Movimiento es que, mientras su único destino y su única chance de sobrevivencia está en reconocerse como una fuerza de extrema izquierda, sufre las influencias de la propaganda reaccionaria que desata desde afuera y desde adentro de su propio seno.
 Carta a Hernández Arregui (1961) 

Las palabras de Cooke irradian sobre el presente. El malestar de sentir que quizás nuestros esfuerzos no logran dar vuelta la taba, de percibir que por mucho que luchemos el macrismo se impone sobre nosotres. Frente a eso, dice Cooke, el error es asumir posiciones fatalistas, que a su vez son funcionales a los sectores burocráticos que no desean, no se animan, no les conviene enfrentar plenamente al régimen.

Lo que en su momento Cooke llamó "extrema izquierda", probemos reemplazarlo por la palabra populismo. Si el peronismo desea ser una fuerza transformadora y con chances de gobernar para el pueblo nuevamente, debe persistir en sostener posiciones populistas. Rechazo de plano al supuesto consenso neoliberal; movilización de la sociedad en defensa contra esas políticas; construcción de mayoría popular. Para poder enfrentar el desánimo, requerimos certezas. Por suerte, Cristina nos las da. Unidad Ciudadana nos da certezas. Una semilla de esperanza política dijo ella el 22 de octubre a la noche. Aferrémonos a ellas, a Cristina, a nuestra fuerza militante y a la certeza de saber que tenemos la política.

Miguel Ángel Pichetto, por el contrario, dice que el peronismo debe retornar a un lugar de centro nacional (?), alejado de posiciones radicalizadas. Un peronismo moderado, moderno, que aprenda en espejo de la experiencia de Cambiemos. Es lo que pide Macri cuando lleva a Massa a Davos o Marcos Peña cuando da entrevistas. No recuperamos la política para ser centros moderados. El peronismo será populista y transformador o no será nada. Si te mimetizás, te comen los de amarillo. Las posiciones radicalizadas son simplemente la defensa del pueblo y de la Patria contra el neoliberalismo arrasador. A diferencia de otras épocas, no hay terceras posiciones. Populismo o neoliberalismo.

¿Podemos construir una unidad partidaria por ejemplo con sectores no populistas? ¿Con sectores que claudican ante el consenso ajustador? No, no se puede. No se debe. Debemos persistir en las posiciones kirchneristas en un contexto neoliberal. Decir que no, que otro país no sólo es posible sino necesario. Y construir desde ahí.


Unidades tácticas

Cristina va a asumir una banca en el Senado de la Nación. La nueva correlación de fuerzas que dieron las elecciones se plasmará en las distintas legislaturas a partir del 10 de diciembre. Y sin embargo, en este impasse donde siempre los oficialismos aprovechan el defasaje para mover fichas (recordar 2009), el macrismo ha decidido empernarnos con el combo de megarreformas ajustadoras asesinas de derechos y una brutal campaña de encanamiento y persecución a compañeres que fueron piezas claves de nuestro gobierno popular. De paso, también encanan un pibe por un tuit, candidates del FIT, y alguna otra magia digna del onganiato por deporte.

Más que la unidad del peronismo, lo que la etapa requiere son unidades tácticas en frentes concretos. Dos ahora en lo urgente:

1) Unidad contra la persecución requiere voces, pluralidad y fuerza política. Decir que el estado de derecho cruje es correcto, pero parecería no mover el amperímetro así en abstracto. Cuando un no kirchnerista denuncia el avasallamiento de las libertades civiles (de Myriam Bregman a Pichetto, sí el mismo Pichetto de arriba), sirve y suma. Necesitamos masa crítica en la sociedad civil y mucha pluralidad. No importa si nos cae bien o nos cae mal, si vota como vota o arregla con quien arregla. Defender la democracia entre todes. 

2) Unidad contra las reformas brutales del gobierno requiere lo mismo: voces, pluralidad, fuerza política... y bancas. El movimiento obrero es clave en esto: CLAVE. Persistir en posiciones kirchneristas no es insultar a la CGT, ni buscar traiciones anticipadas. Es aunar esfuerzos en función de un frente y un objetivo concreto: "Las reformas no pasarán". No pueden pasar, no deben pasar.

Las unidades tácticas son tácticas. En la 1) te juntás con Pichetto. En la 2) no. No se trata de cerrar acuerdos macro con dirigentes que se digan peronistas pero que no tengan contenido alguno. No hay unidad sin conducción, no hay unidad sin proyecto político común, no hay unidad sin vocación transformadora. Si Felipe Solá quiere volver, está invitado, ojalá que lo haga. Pero volverá a un peronismo que sea contundente y transparente hacia la sociedad sobre su rechazo a las políticas neoliberales, o no tendrá ningún sentido. Una unidad que desdibuje las posiciones populistas generará confusión, quiebres internos, desánimo.



Ser oposición

El momento político requiere ser opositores. Ese es el lugar que la sociedad le ha asignado a Unidad Ciudadana en las urnas. Somos una fuerte minoría opositora, que representa votantes que pretenden que digamos que no al ajuste y el cercenamiento de las libertades, que esperan que levantemos la voz, que les demos voz, que hagamos fuerza, que articulemos y demos las batallas que hay que dar. Tenemos que ser los mejores opositores, tenemos que dar orgullo a nuestra base de sustentación, transmitir certezas.

El Coqui dice que estamos en una etapa de "acumulación opositora". Ensanchar la base electoral y organizativa de aquellas personas que digan que no al neoliberalismo macrista. Cada derecho que serruchan, cada ajuste que hacen, cada "traspié" que se comen; cada uno de esos nos da un margencito para explicar, para politizar y desnaturalizar el consenso ajustador. No se trata de hacer política de identidad, sino de tomar cada ajuste como si fuera el primero. En cada una de las mierdas que hace el gobierno está el corazón de su perversidad. Hay que ir explicándolas de a una, no suponer que toda la gente ve la concatenación que arranca con Martinez de Hoz o con Bernardino Rivadavia.

Ser oposición es leer aquello que el macrismo es incapaz de representar y de resignificar para sí. Leer la agenda antimacrista de la sociedad, buscar donde su modelo hace agua. Ser la calle, la voz y el voto de todo eso. 

Hace largos meses, cuando Alberto Rodriguez Saá anunció su alianza política con Cristina Kirchner (inesperada y feliz), lo entrevistaron para Página/12. El Alberto decía que el polo opositor que debían construir desde el peronismo con Cristina debía tener un programa. El periodista pregunta:
–Usted habla de programa, pero, por qué no me dice cuáles son los puntos imprescindible que deben estar allí.
–Mire, es refácil, refácil. Sólo basta con sacar el archivo de fotos de las marchas de marzo, la de los docentes, la de la CGT y la de las mujeres y en los carteles que allí se ven están los puntos principales del programa que debemos tener. Copiar y pegar, no es difícil. Trabajo digno, ni una menos, paritarias, etc., etc.
Es refácil. Refácil. Hacer política. Leer el contexto. Ver base para apreciar, apreciar base para resolver, resolver base para actuar. Como nos enseñaron Juan Perón y Néstor Kirchner. No ser macristas. Ser kirchneristas. Ser antineoliberales. Persistir en las posiciones, acumular, no claudicar. Navegar tempestades. Cristina marca el camino. Vamos.