Wednesday, June 28, 2017

Primero el poder, después el gobierno




“A olvidarme de olvidar, a recordar lo que vendrá,
A arriesgar una y mil veces.”

Callejeros


Volver, volver, volver. El 9 de diciembre de 2015 en Plaza de Mayo se escuchó por primera vez, durante el discurso de CFK, el cantito de “vamos a volver”. Fue en ese momento un aliento, un puente que nos empujaba hacia el futuro, que nos sacaba del dolor de la asunción de Mauricio Macri como presidente. Luego se multiplicó como mantra en miles de plazas, en recitales de Fito Paez, en remeras y grupos de whatsapp. Teníamos que creer que podíamos volver, que no era todo un gran error de la Matrix, que no había sido todo un sueño, que seguíamos respirando y había que luchar. Luche y vuelve. Vamos a volver.

Bien, ya basta. No estamos en enero de 2016, sino en junio de 2017. La compañera Cristina Fernández de Kirchner será candidata a senadora en la Provincia de Buenos Aires, al frente de un nuevo espacio político llamado Unidad Ciudadana, con serias chances de ganar estas legislativas. Presentaremos batalla contra el macrismo en todas las jurisdicciones argentinas; Lenin Moreno es el nuevo presidente de Ecuador; y en Brasil, Lula vuelve al ruedo. ¿Qué significa todo esto?

Si hablamos de volver al gobierno, animémonos a decirlo, existen posibilidades reales para el 2019. ¿O no? Entonces, no seamos yeta. A esta altura del partido, repetirnos permanentemente que “vamos a volver” no es necesario, no es útil, no es estratégico. Necesitamos otras canciones, otras palabras, otros conceptos, otras herramientas para esta etapa. De eso viene hablando Cristina (quien quiera oir que oiga) y de eso queremos debatir acá, para pensar esta campaña electoral en clave estratégica. Porque no se trata de volver al gobierno, sino de reconstruir poder en la sociedad. A ser distinto a lo que se parece.


Es la sociedad, mamertos.


Si reconocemos a Cristina como conducción política, el manual dice que el rol de la militancia no es sólo seguirla, acompañarla, defenderla; sino fundamentalmente escucharla e interpretarla. Cristina Fernández jamás cantó “vamos a volver”, en ninguna de sus intervenciones públicas, y ha expresado numerosas reservas y diferencias con ese cántico. En cambio, nos ha instado en múltiples oportunidades a correr nuestra mirada de la idea de volver al gobierno, para ponerla en cambio en la construcción de nuevas mayorías, nuevas representaciones, nuevas correlaciones de fuerzas.

El acto de Arsenal, tal como fue analizado en diversos lugares, no fue dirigido al núcleo duro de votantes del kirchnerismo. Cristina salió a pescar por fuera, a interpelar mayorías no politizadas, menos permeables a su habitual oratoria que hilvana conceptos, datos duros, geopolítica, épica, humor. No era un “patio militante”, por así decirlo. Fue su primer jugada de campaña, la movida inicial; pero no mostró todas sus cartas. Por eso creemos que para comprender la estrategia de nuestra estratega, no hay que leer Arsenal aislado, sino en el marco de la mirada global de nuestra conducción.

Hemos tenido oportunidad de escuchar y leer a CFK numerosas veces desde el 9 de diciembre de 2015, y hay mucha tela para cortar. Si Cristina te habla, prestá atención. Veamos por ejemplo el documento iniciático de Unidad Ciudadana. Un texto largo, de consumo para gente politizada y militante, que CFK lanzó como una suerte de compromiso programático, enlazando diagnósticos con propuestas. En un párrafo clave, dice:

UNIDAD CIUDADANA para generar propuestas que pongan un límite a tanto dolor y fractura económica y social. Propuestas que, retomando los lineamientos de los gobiernos nacionales, populares y democráticos, incorporen los nuevos desafíos del momento histórico actual, caracterizado por el retorno continental del neoliberalismo.
Reparemos en la última frase: retorno continental del neoliberalismo. No dice que perdimos por un puntito el balotaje, si Scioli hubiera hecho sarasa, si el candidato hubiese sido pindonga; no es que el macrismo fue un “accidente” electoral, ni que si Horacio González no votaba desgarrado todo hubiera estado bien. El momento histórico actual está caracterizado por el retorno continental del neoliberalismo, y quien gobierna en la Rosada es una expresión de ese momento histórico. Asumir plenamente esa lectura política nos abstrae de la inmediatez de las redes sociales, del blooper presidencial de la semana, de las “autocríticas” superficiales, y de la ilusión de que todo todo todo se resuelve en las urnas.

En mayo, antes de su reducida gira europea, Cristina visitó el Sindicato de Docentes Privados (SADOP), donde hizo una exhortación explícita a la unidad del movimiento obrero. Sí, ese movimiento obrero que supuestamente despreciaba, ninguneaba, marginaba. Tres extractos de ese memorable discurso (prestar atención a las negritas):

“Tenemos que aprender la lección de lo que significó que por primera vez en la historia de la República Argentina, gente que sólamente había accedido a los gobiernos como acompañantes o como patrocinadores de las dictaduras llegaran por la vía democrática. Esto es porque modificaron la relación de fuerzas que tenía una sociedad. Una sociedad siempre tiene relación de fuerzas. Más allá de que unos se digan peronistas, no peronistas… Hay relaciones de fuerzas … Se agrupan partidos, espacios diferentes, que por allí tienen diferencias pero pueden limarlas, porque ante las dificultades y los problemas y las complejidades del momento necesitan superar o por lo menos suspender las diferencias mínimas para encarar la tarea principal.”
“Urge así, frente a tanta política de destrucción, no una política de oposición, sino una politica de reconstrucción. Porque no hay que ser opositor al otro. Hay que volver a reconstruir la relación de fuerzas que en algún momento permitió que el movimiento nacional, popular y democrático, que no está integrado únicamente por el peronismo, sino por sectores que inclusive no tienen identificaciones partidarias, ni tienen una identidad demasiado definida, hubieran optado en una determinada dirección.”
“Es hora de entender que la historia y la realidad de hoy indica y demuestra que solo la unidad del campo nacional, popular y democrático permitirá reconstruir lo que han destruido, reconquistar lo que nos han sacado; no para volver al pasado sino para volver más fuertes a un mundo diferente, cada vez más complejo.”

Vamos por partes:

  • Existen relaciones de fuerzas en una sociedad. Militante que aún no piense en esa clave, que empiece urgente. 
  • Solíamos tener una relación de fuerzas favorable, que nos permitió avanzar, ampliar derechos, enfrentar adversarios poderosos, redistribuir, ganar elecciones. Pero fue cambiando. 
  • El sector que representa Macri llega al poder por la vía democrática por primera vez porque lograron modificar la relación de fuerzas sociales. No es al revés. No es únicamente que Macri al ganar modifica fuerzas, sino que ganan porque las relaciones de fuerza habían cambiado, porque estábamos debilitadxs. 
  • No se trata de hacer antimacrismo (oposición), sino de volver a construir una fuerza social y política que pueda generar que las mayorías nacionales opten por el camino de la transformación, y no se replieguen a sus hogares como hicieron en el 76. 
  • La unidad del campo nacional y popular es lo único que permitirá una nueva mayoría; pero esa unidad no es una unidad de identidades similares (la unidad del “peronismo” por ejemplo), sino que debe ser una unidad de diferentes, una unidad heterogénea. Unir lo que es igual no es gran mérito. 
  • La nueva “unidad histórica” a construir, como le gusta decir a Artemio López, deberá integrar sectores que, a priori, no tienen fuertes identidades ni identificaciones. No se trata de unir radicales con peronistas, sino de unir sectores sociales agredidos. Eso fue lo que puso arriba del escenario CFK en Arsenal. Lxs trabajadores rurales, lxs cooperativistas, las Pymes, los derechos humanos, los clubes de barrio, lxs panaderxs, las personas con discapacidad. Una enorme cadena de equivalencias
  • Como los sectores a unir no tienen necesariamente identificaciones previas, las que trae el kirchnerismo en la mochila no los contiene. Por eso Arsenal fue de banderas argentinas y no banderas peronistas. Por eso en los primeros minutos, cuando la multitud cantaba “Vamos a volver", Cristina pide que muestren las banderas. Aparece del fondo otro cantito: "AR-GEN-TINA AR-GEN-TINA". CFK responde: "Ese me gusta más; Argentina para todos" (acá desde 1:29:50). 
La unidad no es siempre electoral, lo hemos dicho en otro lado. La unidad es ciudadana; es social antes que política. La escisión del sector de Florencio Randazzo, que llevará una lista “justicialista” en agosto y octubre, no debe preocuparnos. Lo que sí tenemos que tener en claro es que las personas pasan, pero los sectores sociales que expresan quedan. Podemos despreciar al Chino Navarro, pero la CTEP llegó para quedarse, y habrá que construir, más temprano que tarde, una unidad con las miles de personas de carne y hueso que rumbean por ahí.


Guerra de posiciones


Una disgresión teórica, para arrimar el bochín. Antonio Gramsci, pensador y militante del Partido Comunista Italiano, encarcelado por el régimen fascista, craneó hace un tiempo ya este tema de cómo mierda “llegar al poder” cuando estamos afuera. Veamos.

Gramsci estudiaba la historia militar, como el amigo Juan Perón, y también robó algunas ideas de ahí: guerra de movimientos y guerra de posiciones. Miraba la Revolución Rusa y trataba de pensar si ese modelo era “exportable” a dónde le tocaba a él, Italia y el resto de los países de Occidente. Algo no cuajaba: los bolcheviques habían tomado “el cielo por asalto”, habían llegado al Palacio de Invierno de forma vertiginosa. En términos militares, llevaban adelante un ataque frontal, una guerra de movimientos. Pero en Europa, la mera existencia de un partido revolucionario no parecía suficiente para llegar el gobierno.

¿Cómo alcanzar el poder del Estado en Italia? La razón de esta dificultad, planteaba Gramsci, era que las sociedades occidentales habían desarrollado en forma mucho más potente sus sociedades civiles. Había más consenso que coerción. El Estado dominaba, pero había también una dominación cultural (hegemonía le dicen) que sustentaba a los grupos dominantes. Algo de esto en Argentina sabemos.

Entonces, ¿qué hacer? Gramsci propone: para llegar al Estado, al gobierno, antes debemos conquistar posiciones en la sociedad, alcanzar objetivos intermedios que vuelquen la balanza de la correlación de fuerzas a nuestro favor. En sus palabras:

La supremacía de un grupo social se manifiesta en dos modos, como dominio y como dirección intelectual y moral. Un grupo social es dominante de los grupos adversarios que tiende a liquidar o a someter hasta con la fuerza armada y es dirigente de grupos afines y aliados. Un grupo social puede y debe ser dirigente desde antes de conquistar el poder gubernamental (ésta es una de las condiciones principales para la misma conquista del poder); después, cuando ejercita el poder… se vuelve dominante pero debe continuar siendo dirigente.
Esto es la guerra de posiciones. Para lograr recuperar el gobierno, debemos antes reconstruir nuestra fuerza en la sociedad. Una batalla cultural, que no es una dura confrontación ideológica de ideas, sino articular un nuevo sentido común, sustentado en fuerzas vivas. Sindicatos, unidades básicas, sociedades de fomento, centros de estudiantes, clubes, empresas, instituciones, movimientos sociales, frentes de salud, de jubiladxs, y claro, grandes liderazgos.

Las elecciones, a las que nos volcaremos fuertemente en los próximos meses, son apenas una oportunidad de alcanzar nuevas posiciones en la sociedad, que permitan ponerle límites al intento del gobierno de profundizar el ajuste; lo cual no es volver, pero tampoco es poco.


Algo mejor


El grito de guerra del "vamosavolver" fue un aliento de esperanza para el kirchnerismo luego de una súbita e inesperada derrota electoral. Al cantarlo y escucharlo, nos dimos fuerza para afrontar los tiempos que nos tocaron vivir. Pero se trata de un pésimo slogan de campaña. Incluso ha generado un contrahashtag (#NoVuelvenMás). En Arsenal, cuando el público coreaba “Cristina presidenta”, ella respondió:

No confundamos a nadie, no desunamos, unamos, porque lo que necesitamos es poner un límite a este gobierno en las próximas elecciones para que pare el ajuste, y las próximas elecciones, mis queridos compatriotas, son parlamentarias. Y es precisamente el diseño que el sistema político adoptó en nuestra Constitución porque en las elecciones de medio término la sociedad expresa si está o no de acuerdo con un gobierno. No confundamos ni le hagamos el juego a los que intentan confundir hablando del pasado. Claro que tenemos pasado, no nací de un repollo, el problema que tenemos es que con ellos no tenemos futuro, este es el verdadero problema: el futuro y el presente.
La esperanza está viva en el kirchnerismo. Ahora toca devolverle esperanza a la sociedad, convencer de que nosotrxs somos quienes podemos frenar la locura macrista. No confundamos ni hagamos el juego a los que intentan confundir hablando del pasado. Ojo, no pretendemos ni proponemos el olvido. Sabemos de donde venimos. Pero la nostalgia de un pasado dorado no nos empuja hacia el futuro. Nadie vota “hacia atrás”. Nos toca salir de nuestra zona de comfort y arriesgar, una y mil veces, como lo hace Cristina. El kirchnerismo debe dejar de ser kirchnerismo para llegar, no para volver. No habrá retorno sino llegada. Que será un nuevo punto de partida. Pero todavía faltan muchas posiciones por conquistar aún. A priori, ganemos en octubre.

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